Lunes, 30.03.2020 - 18:19 h
En la antigua Torre del BBVA en Castellana

Del piso 26 al 25: los despachos de FG con Béjar de los que no se perdía detalle Asúa

El exjefe de riesgos del banco en España empezó a tener un contacto directo y recurrente con su presidente en 2008, en pleno estallido de la burbuja.

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Del piso 26 al 25: los despachos de FG con Béjar de los que no se perdía detalle Asúa. /EP

Antonio Béjar comenzó a despachar directamente y de forma recurrente con Francisco González en el otoño de 2008, poco tiempo después de ser nombrado como responsable de riesgos de BBVA en España. Según su declaración ante la Audiencia Nacional en el marco del caso Villarejo, el expresidente de BBVA le empezó a reunir a solas en su despacho de la planta 26 de la antigua sede del banco en el Paseo de la Castellana para seguir de cerca la evolución del saldo de morosos, en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria.

Extrañado por tener que despachar directamente con FG (como se conoce al banquero en la jerga financiera), Béjar, que ocupaba un escalón muy inferior en la jerarquía del grupo, acude al que entonces era jefe directo, Juan Asúa (director general de BBVA para España y Portugal entre 2007 y 2012) para preguntarle qué tiene que hacer. Asúa le dice que vaya a los encuentros -que se producen con una periodicidad de dos o tres meses-pero que cada vez que FG le convoque, antes y después, tiene que reunirse y dar parte a tres personas: él mismo; Eduardo Arbizu, director general de Asesoría Jurídica, Cumplimiento Normativo y Auditoría Interna; y José Sevilla, director general de Riesgos.

Por lo tanto, cada vez que González citaba a Béjar, este informaba previamente a los tres directivos de las novedades más importantes respecto de la evolución de la cartera crediticia. Después del encuentro con FG, comentaba a sus superiores las impresiones del presidente. "Yo preparaba los asuntos de mayor interés, se los contaba a ellos, iba a despachar con el presidente y después volvía y les contaba lo que había dicho con respecto a cada uno de los temas o lo que tenía en la cabeza y lo que me ordenaba en cada momento", explica Béjar en su testimonio ante el juez y la fiscalía.

A finales del 2008, FG se empieza a interesar por la situación de una serie de importantes acreditados del banco, en particular, por grandes promotores inmobiliarios como Luis Portillo (Colonial), Fernando Martín (Martinsa) y Nicolás Osuna (Osuna), entre otros. "Una media docena de clientes con importantes volúmenes de deuda". Ya a principios de 2009, en plena crisis, el presidente de BBVA, sospecha que algunos de esos clientes están evadiendo bienes para evitar que los acreedores se los pudieran adjudicar. "Parecía que él tenía una información previa, aunque no sé si era por su manera de razonar", dice Béjar.

"El presidente tenía la tesis de que estos clientes habían ocultado bienes y estaban provocando pérdidas muy importantes al banco y al conjunto del sistema financiero. Entonces, en los despachos, me insistía que había que localizar esos bienes y ponerlos a disposición de los acreedores. Él tenía esa insistencia, no sé qué información tenía, pero insistía en que esos señores habían alzado bienes y los habían escondido", explica el directivo, que se encuentra entre los altos cargos del BBVA investigados en la pieza novena del caso Tándem relativa a las contrataciones de BBVA con Villarejo por importe agregado superior a los 10 millones de euros.

Béjar expone ante el juez que, en su "dinámica" de bajar de la planta 26 (donde estaba el despacho de FG) a la 25 (donde se ubicaban los directores generales) de la antigua torre del BBVA, informaba a sus superiores, "fundamentalmente a Asúa", de estos asuntos para que ellos decidieran qué hacer con las órdenes del presidente. "Yo, lógicamente, no podía poner en marcha la maquinaria del banco desde mi posición en el organigrama, ni para decisiones de índole jurídico, ni para la contratación, porque no estaba entre mis competencias, que consistían en conceder créditos y recuperar créditos", se defiende Béjar.

"Yo no sabía qué hacer. No tenía a mi alcance los recursos, ni los medios, ni sabía cómo se podía hacer ese trabajo (encontrar los bienes ocultos). A fuerza de decirlo, el señor Sevilla me dice, oye, tenemos que tomar una decisión, hay que hacer algo porque el presidente lo está pidiendo y no sabemos si es verdad o no, pero él lo cree y como lo ha ordenado no podemos ignorar sus órdenes", agrega el directivo, que explica en su declaración que Sevilla propuso organizar una reunión con José Ignacio Goirigolzarri, en aquel momento CEO del banco, para resolver el tema.

Es entonces cuando Goirigolzarri propone contratar a Kroll, ya que había trabajado previamente con esta agencia de detectives para encargos de naturaleza similar durante su etapa como director general en Latinoamérica. De acuerdo a las palabras de Béjar, la contratación de la agencia de detectives se efectúa a través del bufete Simon & Simon, siempre con conocimiento de los servicios jurídicos del banco, en concreto, Eduardo Arbizu y José Manuel García Crespo, que al igual que Béjar y FG figuran entre los directivos del banco imputados.

Tiempo después, Kroll no encuentra bienes ocultos de los promotores y es en este contexto cuando FG indica a Béjar a la salida de una reunión en su despacho que trabajara con otro proveedor de servicios de inteligencia. "Cuando me acompañó a la puerta, al final del despacho, me dijo, eso de las investigaciones patrimoniales y tal... es que esa firma que se ha contratado (Kroll) no sirve. Vais a trabajar con una empresa que va a contratar Julio Corrochano", relata Béjar. "Entonces yo, como siempre, bajé de la 26 a la 25 y cogí a los tres directores generales y se lo comenté", agrega el directivo, en referencia a Asúa, Arbizu y Manuel Castro, que había sustituido a Sevilla al frente de la dirección general de riesgos en septiembre del año 2009.

Empiezan los trabajos patrimoniales con Cenyt

A partir de entonces, es BBVA empieza a trabajar con Cenyt -a quien ya había fichado en 2004 para frenar el asalto de Sacyr- en el tema de las investigaciones patrimoniales. A diferencia de Kroll, la firma de Villarejo sí tuvo un éxito relativo. Y es que encontró un apartamento de Portillo en Dubai y una estructura en Nueva Zelanda. El papel de Béjar, según explica él mismo, era evaluar si las valoraciones de los inmuebles que hacía Cenyt se correspondían con la realidad. Sea como fuere, el banco finalmente decidió no reclamar la deuda de unos 60 o 70 millones que tenía Portillo con el banco y ya en 2012 optó por interponer una denuncia contra él ante la Fiscalía Anticorrupción, un procedimiento del que el banco se ha retirado recientemente.

González también tenía la creencia de que Fernando Martín tenía bienes en Mónaco y de que un edificio ubicado en María de Molina con el Paseo de la Castellana pertenecía al promotor. No obstante, según Béjar, Cenyt nunca pudo confirmar estas sospechas del entonces presidente de BBVA, a quien la Fiscalía acusa de haber dado órdenes directas al responsable de seguridad Julio Corrochano para contratar al entramado de José Villarejo, una inculpación que el propio FG considera "frívola" y con "absoluta falta de rigor".

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