Lunes, 10.12.2018 - 03:38 h
Historia de un enfrentamiento

El ‘imperio Huawei’ se tambalea entre acusaciones de espionaje en el mundo

La detención de la hija de su fundador, y principal heredera del grupo, es un tropiezo más de la compañía en sus turbulentas relaciones con EEUU.

La detención de Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, ha desatado una nueva guerra
La detención de Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, ha desatado la guerra. / EFE

Año 1987. El ingeniero Ren Zhengfei, retirado del ejército chino donde ejerció como técnico de telecomunicaciones, ponía en marcha con algo más de 3.600 dólares la compañía Huawei en la región de Shenzhen en aquel país. Nada hacía presagiar que tres décadas después, la compañía iba a ser el principal proveedor de tecnología para las principales ‘telecos’ a nivel mundial y el segundo fabricante de móviles por cuota de mercado con unos ingresos anuales de más de 92.000 millones de dólares con una plantilla de unas 180.000 personas. Ni que iba a convertirse en una ‘apestada’ en el escenario internacional por sus relaciones con el Gobierno chino y las sospechas de espionaje a través de los dispositivos que vende por todo el mundo.

El último capítulo de este arrinconamiento hay que encontrarlo en la detención de la hija de Zhengfei, Meng Wanzhou, en Canadá, por posibles violaciones a las sanciones de Irán, pues Estados Unidos entiende que, al igual que la también china ZTE, siguen enviando productos, como teléfonos u otros equipos, con chips fabricados por compañías estadounidenses. Unas acusaciones que han sido negadas en rotundo por la compañía pero que han desatado una nueva oleada de posicionamientos de otros países en su contra -incluida la Comisión Europea, que ha vuelto a mostrar sus reticencias- y ha despertado el temor a una intensificación de la guerra comercial entre China y EEUU.

Una historia que viene de largo

Durante la primera década de historia de la compañía, su existencia fue relativamente tranquila, centrada en China, que gastaba mucho para mejorar sus redes. Hasta que a finales de los 90 decidieron salir de las fronteras del país. Uno de los primeros donde decidieron poner pica fue en Estados Unidos, tras abrir un centro de I+D en Suecia y en India. Pero en el gigante estadounidense no lo tuvo, en absoluto, sencillo, pese a poner sobre la mesa ingentes cantidades de dinero para invertir.

De hecho, no fue hasta casi una década después cuando empezó a ganar terreno en Estados Unidos -la menor calidad de sus productos no le permitió competir de tú a tú en el sector-. Y lo hacía pese a las primeras reticencias por sus supuestos vínculos con el Gobierno chino, pero también pese a su política de márgenes muy estrechos, que golpeaba a sus principales competidores ‘incumbentes’ en el sector -como ya hiciera en Europa con Ericsson o Alcatel-.

A esto se sumaba otra acusación más: el plagio de la propiedad intelectual de algunos de sus rivales. En el año 2010 recibió demandas de Motorola -que acabó en acuerdo dos años más tarde- y también de Cisco. Pero durante la última década, la compañía ha incrementado de manera significativa su inversión en I+D para tratar de sacudirse esa etiqueta de ‘low cost’ y proveedor de baja calidad.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de todo ello hay que encontrarlo en el año 2010. La operadora de telecomunicaciones Sprint solicitó ofertas para una actualización de su red. Ofreció un acuerdo que supondría un ahorro de 800 millones de dólares para la ‘teleco’. ¿Consecuencia? Congresistas lanzaron una campaña contra la operadora para que no aceptara a la china. Y el secretario de Comercio, Gary Locke, descolgó un teléfono y llamó al CEO de la estadounidense para transmitir su “preocupación profunda” por la seguridad nacional. El resultado: el contrato se dividió entre Ericsson, Alcatel-Lucent y Samsung, tal y como relataba la revista Fortune.

Acusaciones… hasta hoy

Las acusaciones han continuado durante este tiempo. Pero en paralelo la compañía no ha dejado de crecer. No sólo en el mercado estadounidense -con 39.280 millones de yuanes, es decir, más de 5.000 millones de euros de ingresos en el continente americano-, sino también en el resto. Hoy se ha convertido en el mayor proveedor de tecnología de telecomunicaciones, habiendo dejado en serios problemas económicos a algunos de sus grandes rivales como Nokia y Ericsson, y en el segundo fabricante de móviles por unidades vendidas (153 millones, según su último informe anual en 2017).

En el mercado de los ‘smartphones’, superó a Apple en el ranking mundial el pasado mes de agosto, en uno de los grandes hitos del sector. ¿Y en España? Ha superado en los dos últimos ejercicios los 1.000 millones de euros de ingresos, con unos beneficios casi calcados de casi 24 millones.

Pese a todo, las acusaciones se han mantenido en todo este tiempo. No sólo de EEUU, sino de otros países en el mundo. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, el operador local Spark quería usar equipos de la china para el despliegue de redes y una agencia de seguridad del Gobierno le advirtió el pasado mes de noviembre de riesgos significativos. No es el único.

La escalada se ha mantenido durante este año, clave para la implantación de las primeras redes 5G en algunos de los principales mercados. Mientras que Australia y Japón se sumaron al veto a la empresa china para que participara en el despliegue de esas nuevas redes en el país, Estados Unidos lanzó una campaña entre sus aliados para que hicieran lo propio. ¿Y Europa? La Comisión Europea advirtió ayer que la Unión Europea “debe estar preocupada y tener miedo” de Huawei y otros gigantes chinos debido a ese posible espionaje del Gobierno chino.

Ante estas acusaciones de la Comisión, la empresa insiste en rechazar cualquier comentario que los relacione con una amenaza para la seguridad. "Somos parte de la solución, no del problema; ningún gobierno le ha pedido a Huawei que construya puertas traseras ni interrumpa ninguna red, y nunca toleraríamos tal comportamiento por parte de ningún empleado de la compañía", asegura.

La detención, el último (y amargo) capítulo

Ante todas estas críticas, que se producen sin que haya habido una evidencia pública de todo ello, la empresa se defiende y ha negado una y otra vez su culpabilidad en público. Es en este contexto en el que llega la detención de la hija del fundador de Huawei y potencial heredera del imperio tecnológico. Una detención que se enmarca en las acusaciones de violación de las sanciones de EEUU -por la que ZTE, otra firma china del sector de las telecos, se declaró culpable y pagó una multa de casi 900 millones de dólares- y que ha sacudido las relaciones internacionales entre China y Estados Unidos, después de la tregua firmada recientemente en su particular guerra comercial.

Ahora la compañía se encuentra en uno de los momentos más delicados de sus treinta años de historia. Queda por ver cómo evoluciona el caso que ha acarreado la detención de la directiva y si, como sucedió con ZTE, implica la prohibición de la compra de productos y componentes estadounidenses, algo que golpearía de lleno a su negocio de los móviles.

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