Lunes, 23.09.2019 - 18:54 h
Nadie vio llegar a los presos

El caos del primer día de colegio... como en Hollywood pero sin alfombra roja

Los diputados se han estrenado pendientes del ruido mediático y las fórmulas con las que los grupos independentistas iban a jurar su cargo. 

Saludo entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras
Saludo entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras. / LaSexta 

El barrio madrileño de las Cortes ha dormido poco este martes. El despliegue policial de madrugada se ha dejado notar en las calles que rodean el Congreso, con todo ordenado y vigilado hasta que los primeros periodistas han llegado a recoger sus acreditaciones para una jornada histórica, a eso de las siete y media de la mañana. Era curioso ver alguna furgoneta supuestamente de repartidores con dos señores con chaqueta corbata y pinganillo en la oreja dentro dando vueltas por el barrio, el mismo atuendo que llevaban los encargados de los garajes cercanos abiertos en los aledaños a los edificios del hemiciclo.

Un convoy de cuatro coches entraba a las ocho y media de la mañana en el Congreso del que salía el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, uno de los más madrugadores, cuando todavía no había ni media docena de cámaras en la puerta. Antes que el presidente, la algarabía de la Carrera de San Jerónimo que se hacía notar no era otra cosa que los seguidores del Partido Regionalista Cántabro, que han colocado a un diputado por primera vez en su historia (en liza con el mediático Miguel Ángel Revilla) y han querido hacerle sentir su apoyo desde la puerta. Media hora más tarde no cabía un alfiler en el cercado en el que se suele meter a los informadores en el patio del Congreso, en esta ocasión visitados por las figuras mediáticas de la televisión para cazar estrellas de la política, que hacían el 'round' de rigor, al estilo Holywood pero sin alfombra.

En este tipo de jornadas muy tempraneras es un fastidio que el bar del Congreso no abra sus puertas hasta las nueve de la mañana, pero en cuanto se ha podido, se ha llenado de escoltas, operarios, periodistas y algún que otro diputado. Hay que tener en cuenta que seis de cada diez señorías son nuevos en la sala y todavía no conocen las delicias del bar en la tercera planta del edificio nuevo. Los periodistas con etiqueta verde y acceso al palacio podían salir del cercado del resto de la prensa y moverse en los pasillos del palacio; el resto vigilaba en la calle, el bar y el resto de los pasillos del edificio contiguo.

La expectativa estaba en saber si finalmente los presos entraban por el garaje, por la entrada secreta del parking público o por cualquiera de las múltiples puertas, pasillos, sótanos y pasadizos por los que se puede llegar al hemiciclo casi sin ser visto. Y así ha sido. Una hora antes de empezar la sesión la duda estaba despejada: los presos llevaban ya un rato largo en el palacio, en las dependencias de la Policía Nacional en el sótano (como estaba previsto, por otra parte). Sus familiares esperaban con impaciencia en la puerta de la calle Cedaceros para acceder a su palco de invitados media hora antes del inicio de la sesión. Todo en orden siempre.

Lo más chocante del día ha sido el tremendo control al que se somete a los informadores e invitados, que no pueden quedarse ni siquiera de pie en las escaleras del edificio de prensa, porque "es una zona que debe estar despejada", frente al caos que se ha montado de diputados nuevos que no sabían por dónde se entraba o cual era su sitio. Los asesores de los grupos parlamentarios se afanaban en hacer viajes a la puerta a recolectar ‘alumnos nuevos’ y llevarles a su pupitre, pero no daban abasto. Por eso al bar a primera hora solo han llegado los más avispados. Con ese despiste al entrar y la rapidez con la que los jóvenes de la mesa pasaban lista a la clase, no es raro el tumulto que se montó después a la hora de meter el voto en la urna. "Disuélvanse , señores diputados", bromeaban en la tribuna de prensa algunos periodistas con solera, "que esa zona también tiene que quedar despejada".

Tras la primera votación, todo listo para aguantar de cuatro a cinco horas de sesión constitutiva del nuevo Congreso de los Diputados, bajo el mando del político de mayor edad, del que siempre nos quedará la duda de si lleva bien hecho el nudo de la corbata. 

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