Lunes, 06.04.2020 - 12:03 h
"El mayor error es estar paralizado"

El pueblo sí responde en las crisis: once verdades que nos ha revelado el Covid-19

Desde la importancia de elegir un buen portavoz hasta la necesidad de preparar al país para otra pandemia.

Coronavirus pandemia
Once verdades que nos ha revelado la crisis del coronavirus. / Europa Press

Decía el filósofo alemán Karl Jaspers que el hombre se encuentra con su yo auténtico en las situaciones límite como las que desatan el miedo, el sufrimiento, la culpabilidad, la lucha, la insatisfacción y la muerte.

La actual crisis mundial causada por el coronavirus está sometiendo a las sociedades y a sus gobernantes a una situación límite, de las que ya se han salido a relucir algunas verdades.

1. El Gobierno debe reaccionar antes de pensar. Las pandemias se extienden porque no hay cura rápida, y porque las autoridades reaccionan tarde. El director de la OMS, Michael Ryan, lo resumió en los 80 segundos más dramáticos en la historia de la comunicación sanitaria. “Sé rápido, no te arrepientas. Debes ser el primero en actuar. El virus siempre te atrapará si no te mueves rápidamente. Si necesitas estar seguro antes de actuar, no ganarás. La perfección es enemiga de lo bueno en lo que respecta al manejo de emergencia. La velocidad [de reacción] triunfa sobre la perfección. El problema en la sociedad que tenemos en este momento es que todos tienen miedo de cometer un error. Todos temen las consecuencias del error. Pero el mayor error es no moverse. El mayor error es estar paralizado por el miedo al fracaso”. Eso fue lo que le pasó al Gobierno español: estuvo paralizado durante dos semanas, y tomó decisiones muy tarde.

2. La importancia de los portavoces. Hay que elegir un portavoz creíble y sólido, que sepa manejar datos y que no se deje influir por las presiones políticas. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, ha tenido un papel relevante en su comunicación constante con los medios y con los ciudadanos. Está cumpliendo una misión crucial, pero su imagen de credibilidad ha sufrido varios golpes: primero, por minimizar el riesgo en las primeras semanas; segundo, por no considerar un peligro de contagio el domingo 8-M, un día en que hubo manifestaciones por todo el país por el Día de la Mujer, partidos de fútbol y un mitin de Vox. Las consecuencias de los contagios se están viviendo en estos días. Y tercero, por excusar el incumplimiento de la cuarentena del vicepresidente, Pablo Iglesias.

3. Ningún sistema sanitario está preparado para afrontar una avalancha de enfermos. Ni el mejor sistema sanitario del mundo está preparado para catástrofes o pandemias de esta magnitud, especialmente esta debido a la aceleración con la que se propaga. España tiene fama de poseer uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Cuenta con 777 centros hospitalarios públicos y privados, y 158.292 camas, según Statista. Madrid aumentó su personal sanitario en los últimos 10 años, y se construyeron 12 hospitales nuevos. Fue insuficiente por la sencilla razón de que los presupuestos de cada año se elaboran con la previsión de crecimiento de los enfermos de cada año. No con una avalancha.

4. Hay que contar con grandes profesionales en las horas difíciles. Las avalanchas se convierten en imparables tsunamis si el sistema hospitalario no cuenta con profesionales preparados. España ha demostrado que tiene un equipo de excelentes profesionales, palabra que abarca desde los médicos, hasta enfermeros, celadores, de limpieza y restauración. Hay 513.777 personas trabajando en la Sanidad Pública, según datos de 2018, del Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas, lo que supone la mayor cifra de la historia.

5. La Sanidad pública no podría hacer nada sin las empresas privadas, y viceversa. La Sanidad pública no podría existir sin la empresa privada, y la empresa privada no podría existir sin la Sanidad Pública. Nissan hace ambulancias; 3M, mascarillas y EPIs; y múltiples empresas están trabajando a un ritmo frenético para producir material para los hospitales. En los momentos de crisis, hospitales públicos y privados deben trabajar unidos bajo un mismo mando de la Administración del Estado.

6. El pueblo sí responde en las crisis. Lo que jamás nadie pensó que podía pasar ha pasado, y el pueblo se ha confinado en sus casas. El pueblo ha respondido, incluso a pesar de que muchos han perdido a sus familiares, y ni siquiera les han podido despedir en un funeral. El pueblo ha dado más ejemplo que algunos políticos, como alcaldesas que se toman cervezas en la calle, hasta vicepresidentes que se saltan la cuarentena. El pueblo será fiel mientras vea que hay una autoridad que tiene credibilidad y que da ejemplo. Pero nadie puede garantizar cómo reaccionará el pueblo cuando venga la post-crisis.

7. La inyección de dinero en masa y la protección de los ingresos calman a la población. El Banco Central Europeo está dispuesto a inyectar 750.000 millones de euros. Incluso más si es necesario, ha dicho el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. El Estado va a 'movilizar' hasta 200.000 millones. Está dispuesto a garantizar los ingresos de los trabajadores apoyando subvenciones al desempleo, suprimiendo cuotas a la Seguridad Social y dando ayudas fiscales. El resultado se conocerá a medio plazo. Lo importante es evitar el desánimo de la población, y evitar el colapso económico: que no vuelva a ocurrir lo que sucedió en 2008, cuando el gobierno no reconoció la crisis financiera y económica, y tardó casi dos años en reaccionar. Aun así, sobrevendrán tiempos duros, como dice el Banco de España.

8. Hay que tener plan general para pandemias. Igual que los edificios de oficinas hacen simulaciones de desalojo para estar preparados para un incendio, esta pandemia deberá servir para prepararnos y ensayar una reacción nacional ante la próxima pandemia: empresas de calzado que fabriquen mascarillas; hospitales improvisados en hoteles; y la paralización de todas las actividades no necesarias. Asimismo, inyección de dinero en la economía y garantía de puestos de trabajo. Funcionar como una economía de guerra.

9. Esta pandemia traerá daños colaterales desconocidos. ¿Va a cambiar esto el orden mundial? ¿Surgirá China como una potencia modelo para el futuro? ¿Cambiará le geopolítica mundial, como sugería Diego Crescente en La Información? ¿Sufriremos la mayor oleada de desempleo de la historia? ¿Habrá levantamientos y desórdenes a lo largo de todo el globo? ¿Se unirá más la Unión Europea o empezará su desmoronamiento? ¿Pasará el ‘procés’ a segundo plano? ¿Vuelve el poder del Estado Español con mayúsculas? ¿Cambiaremos de modelo económico? ¿Surgirán nuevos líderes y partidos que aprovecharán esta ocasión pata atacar el orden anterior? ¿Nacerán nuevas filosofías llenas de desaliento debido a la conciencia de vulnerabilidad que nos ha dejado el virus? ¿Son las dictaduras más eficaces que las democracias para combatir las pandemias?

10. Una ciega confianza en la ciencia. La consecuencia positiva es que esta crisis ha reforzado la confianza en la investigación científica. Y lo hará más si encontramos una vacuna en un plazo corto, y si eso da lugar a descubrimiento de medicamentos nunca soñados. Desde hace tiempo, los científicos venían anunciando el estallido de una pandemia. Era cuestión de tiempo. Ahora, no solo habrá más presupuesto para ellos, sino que las autoridades se tomarán más en serio sus predicciones.

11. Una pandemia en la memoria. La próxima pandemia vendrá en los próximos años, pero todas las lecciones anteriores deben servir para atajarla a tiempo. La actual quedará en la memoria colectiva de esta generación, al igual que la Guerra Civil ha quedado en la memoria de nuestros abuelos.

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