Domingo, 19.01.2020 - 15:00 h
El gran órdago de Consumo

Garzón apunta contra los menores en los salones de juego: "Apuesto lo que robo"

Los adolescentes burlan sin demasiado esfuerzo los controles de estos locales, que colonizan barrios como el de Usera, Bravo Murillo o Gran Vía.

Sportium Usera
Garzón apunta contra los menores en los salones de juego: "Apuesto lo que robo" / La Información

La avenida Marcelo Usera es una de las más comerciales de todo el distrito. En ella, todos los carteles se subtitulan en chino, los escaparates ofrecen vestidos de novia por poco más de 50 euros y los menores entran y salen a su antojo de los más de 16 locales de apuestas que colonizan la calle. Así lo corroboran tres jóvenes imberbes apostados en la entrada de uno de los salones de juego de una vía que evoca a una especie de Chinatown madrileño. Ninguno de los tres reconoce su edad, pero todos se ríen ante una pregunta que los delata: "¿Trabajar?", repite uno de ellos mientras mira con complicidad al resto, "Aún no podemos trabajar, pero hay otras opciones... por ahora apostamos lo que robamos"

En total, el mapeo más reciente del barrio de Usera recoge una treintena de estos locales que se han introducido en el día a día de sus vecinos, incluyendo a los adolescentes. El más joven del grupo acaricia los 16 años y muestra orgulloso el contenido de su cartera: "Traía diez euros y me llevo cuarenta". Admiten que, con frecuencia, pierden más de lo que ganan pero aseguran que la euforia de ganar compensa los días que vuelven a casa con las manos vacías. "Yo prefiero venir solo", explica el más alto, "no me gusta jugar con alguien conocido al lado porque si pierdo y se ríe la rabia que me entra es mayor". De nuevo, el más pequeño toma la palabra y responde divertido cuando sale a colación la cuestión de los controles de acceso: "Tú no vienes mucho a estos sitios, ¿verdad?". Los tres explican sin 'cortarse' la facilidad con la que burlan las restricciones con el DNI de amigos mayores de edad: "Lo único que 'canta' es si tratas de entrar con un carnet de un blanco si eres negro", coinciden.  

Desde el entorno del recién nombrado ministro de Consumo, Alberto Garzón, han anunciado a bombo y platillo la que será una de las mayores apuestas de la cartera, estrechar el cerco sobre los salones de juego. La estrategia tiene previsto restringir la publicidad, recortar los horarios de apertura y, con especial ahínco, alejar las salas de los institutos: "Si quieres apostar, que no te vean y que se haga cuando los menores estén en la cama", argumentan desde el grupo confederal a este diario. Y es que una de las mayores irregularidades del sector es la facilidad con que los menores acceden a sus servicios. Manuel ahora tiene 23 años pero contaba con solo 16 cuando entró por primera vez a un salón de juego: "Nosotros salíamos de clase y, en primero de bachillerato, ya íbamos a echar una apuestilla... con mochila y todo". Afirma que con frecuencia coincidía con adolescentes con el uniforme del instituto "de cuarto de la ESO para atrás".

El sistema, recuerda Manuel, era sencillo: "Te pedían el DNI para obtener la clave con que se activaban las máquinas, pero era tan fácil como acercarse a alguien que estuviera jugando y pedírsela". A priori, un control de entrada -sistema que resulta muy efectivo para otros negocios como las discotecas- parece una opción sencilla para recortar notablemente la entrada de menores en los centros. "La semana que ganaba algo era un dios", asegura este joven, que recuerda sacar "veinte o treinta euros para unas copas" como una de las victorias de una época en la que también fue testigo de los riesgos del juego: "He visto a gente de mi círculo perder 500 euros en una hora". De la misma manera habla Dani, quien también empezó a apostar siendo menor de edad y ahora, pasada la veintena, asegura que algunos de sus amigos perdieron el control: " Chavales con 19 años se dieron cuenta del nivel de su adicción y llegaron a denunciarse a sí mismos en las salas para provocar que les vetasen la entrada".

Aunque el nuevo titular de Consumo parece decidido a poner en jaque al negocio del juego, no lo va a tener fácil. Las competencias en este ámbito están derivadas a las comunidades autónomas, a las que miran unas asociaciones vecinales que, a pesar de ello, celebran con entusiasmo los propósitos del nuevo Ejecutivo. "La Administración de Díaz Ayuso ya se ha mostrado proactiva en esta lucha", reconoce Fidel Olivan, miembro del colectivo Juventud Antirracista de Usera y Arganzuela (JAUA), uno de los más activos en la lucha contra el juego en el distrito. No obstante, Olivan apunta a la gran facturación y a la composición de los consejos de administración de las compañías de juego como los principales escollos para el desarrollo de una legislación más restrictiva.

Codere mapa
Locales de Codere en Madrid / Google

Aunque los salones de juego han proliferado por todo el territorio regional, la concentración de los mismos no es igual en todos los barrios. Así, el presidente de la Asociación de Vecinos Barrio de Goya, Paco Gago, asegura que en esta zona no sufren este problema, aunque esto no impidió que la alarma saltase cuando se pusieron a la venta varios locales en el barrio: "Los vecinos tienen miedo de que los locales de apuestas lleguen a Goya". En esta dirección apunta Olivan, quien afirma que estas firmas han logrado "imponer un modelo de ocio que arruina a los jóvenes de los barrios obreros". Si se consulta la renta media de cada distrito, algo de verdad trasluce de las palabras de Olivan. Mientras que los vecinos del céntrico Goya (distrito de Salamanca) presentan una retribución media de 24.433 euros, los de Usera no llegan a los 10.000. 

"Los clientes de menos de 26 años son peseteros"

La Información ha tratado de contactar con tres firmas internacionales de juego, Sportium, Codere y Ozium, sin conseguirlo. No obstante, desde la patronal CEJUEGO  han remitido a este diario sus valoraciones respecto a las medidas en materia de juegos de azar en el acuerdo PSOE y Unidas Podemos. Así, en CEJUEGO insisten en la necesidad de conocer "la disposición a dialogar que tenga el nuevo Ministerio". Además, la patronal dispone: "Estamos abiertos a buscar con los reguladores las distintas normas que afectan al sector y generen la seguridad jurídica que necesitamos para desarrollar nuestra actividad". 

No obstante, apuntan a que la regulación en el ámbito de la publicidad debe recaer "sobre todo el juego sin distinciones, es decir, también en el juego público (SELAE y ONCE)". Así como en cuanto a la "cantidad, mensajes y horarios", algo que ha compartido con este diario el responsable de una de las salas Sportium de la capital: "El sector está de acuerdo en elevar la edad de acceso a los 26 años, de hecho, los clientes que están por debajo son peseteros y reportan más problemas que beneficios", aseveraba este empleado.

"Me tatué la fecha de mi última apuesta"

"El juego me llevó a una situación desesperada", recuerda un joven de Málaga de 23 años que prefiere no identificarse. Empezó a apostar  a los 16 y, poco a poco, el juego se fue convirtiendo en el eje de su vida: "Estaba con mi pareja o con mis amigos y pensaba en irme, todo se centraba en eso", evoca. El malagueño asegura que llegó a un punto de inflexión cuando se dio cuenta de cómo la adicción había mermado sus relaciones afectivas: "Me tatué en la muñeca el último día en que aposté, lo veo cada mañana y llevo más de un año limpio... fue mi punto de inflexión". El joven apunta que cada persona tiene que encontrar su motivación porque "a cada uno le afecta de una manera". 

Este malagueño afirma que, en Andalucía, no era común el concepto de 'casas de apuestas' hasta pasado 2016, mientras que antes lo más común era encontrar "salones de ruleta" donde el control de edad no era muy riguroso. En Madrid este modelo de negocio llegó antes. La web de Sportium, una de las principales firmas del sector, recoge que fue en 2008 cuando se inauguró la primera tienda de apuestas, así como que, actualmente, la compañía cuenta con "más de 2.000 puntos de venta distribuidos en casinos, bingos, salones, locales de apuestas y bares". A pesar de que estos locales ya forman parte de la fotografía madrileña, los menores, que presumen ante sus amigos los días en los que vuelven a casa con las manos llenas, siguen mirando a ambos lados de la calle antes de cruzar sus umbrales... quizá porque en el fondo saben que la banca siempre gana.

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