Cada noche es pintada a mano por mujeres

Chefchaouen, la gran acuarela azul: una judería escondida entre montañas

Una Medina cuyas casas, paredes y mezquitas se encalan de azul para formar la acuarela más fascinante de Marruecos.

Un lugar fascinante entre el Tánger y Fez.
Un lugar fascinante entre el Tánger y Fez. / Robert Brands

En tanto en cuanto viajar sea descubrir paisajes diferentes, comprender culturas alternativas, conocer gentes diferentes, asombrarse con urbanismos y arquitecturas originales; entender, formas de vestir y de comer opuestas a las nuestras; en una palabra sorprenderse y aprender a admirar universos diferentes al nuestro; Marruecos es el gran destino por descubrir. Sus medinas y kasbahs, rompen el orden de los trazados occidentales. Su arquitectura deslumbra por su riqueza contenida. Los ropajes de sus habitantes se mantienen radicalmente en la tradición secular. Y Chaoufen es además, diferente a todo lo que pueda encontrar en este país.

Tras cruzar el Estrecho en barco, una travesía que deja atrás el primer mundo, para entrar en un universo fascinante, que conserva todo su encanto original porque ‘Inshala’, ni ha llegado la globalización que, borra el acervo cultural de cada pueblo, ni se la espera. Del bullicioso puerto de Tanger la moto va dejando atrás el tumulto de la Medina, para enfilar hacia el sureste y adentrarse en una zona montañosa, que esconde y protege la belleza fascinante de la medina de Chaouen, construida en el SXV y que refleja todas las tonalidades posibles de azul, según incidan el sol y sus sombras.

El azul llena la mirada a cuantos visitar este lugar.
El azul llena la mirada a cuantos visitan este lugar. / Denver Kid

Calles laberínticas trazadas por los judíos, que se han teñido de azules infinitos para pintar cada día de un color sorprendente. Los cobaltos, índigos y celestes; excitan, emocionan y estimulan la retina del que los contempla por primera vez. Un pueblo que se pintó de azul hace apenas algo más de veinte años y nadie sabe si es por que es el color de los beréberes, un reflejo del cielo o, simplemente una elección al azar. Como quiere que fuera, estos azules harían palidecer al mismo Mar Mediterráneo y las cúpulas de las iglesias de las islas griegas. Las mujeres transforman el pueblo encalando a mano y de azul sus paredes durante la noche.

Si el azul de la Medina domina la vista, el aroma que despiden los naranjos de la avenida de Hassan avivan el olfato. Son las naranjas más dulces que pueda probar y que sirven en zumos recién hechos en puestos a lo largo de su calle principal. Una zona en la que entre tiendas de artesanía, especias y casi cualquier cosa, se encuentran cafés y locales para beber té. Al atardecer nada como tomar una cerveza o un té en la azotea del Hotel Parador, uno de los pocos establecimientos en los que se puede disfrutar de una cerveza.

Aunque la oferta gastronómica no es la que se puede encontrar en ciudades más grandes, ni las instalaciones de los locales se asemejan a los establecimientos más lujosos de Marrakech o Casablanca; hay un par de locales en Chaoufen de buena comida local. En Beldi Babsour se puede comer un buen tajin de carne o de pescado y un más que aceptable kebab. Para dormir Casa Perleta, muy cerca de la Puerta Bab El Souk. Este hotel tiene una docena de habitaciones confortables y una agradable terraza en la azotea donde sirven un gran desayuno mientras se disfruta de unas inmejorables vistas sobre la Medina.

Ahora en Portada 

Comentarios