Miércoles, 20.02.2019 - 03:16 h
Carreteras solitarias por las que apenas pasa gente

La fascinante ruta secreta de las 17 millas

La Highway 1 es una de las rutas más bellas que se pueden realizar en coche.

Ruta

Cuando abandona San Francisco y deja atrás San José, la Highway 1, una de las rutas más bellas que se pueden realizar en coche, llega al océano. Es una ruta para gente a la que le gusta conducir. La carretera serpentea dejando un mar de acantilados a la derecha y una naturaleza exuberante de secoyas que rasgan la niebla y cipreses que cimbrean sus copas al otro. Una ruta sinuosa iluminada por los destellos plateados que devuelve el océano cuya fuerza ha esculpido una costa de farallones en los que rompe el océano Pacífico. Carreteras solitarias por las que apenas pasa gente. Espacios naturales que parecen vírgenes. Uno siente que es el primer ser humano que cruza tal paraje.

Caretera
 

La carretera nos adentra en uno de los paisajes hedonistas y más placenteros que cabe imaginar. Seventeen Miles Grove se interna en un recorrido que bordea durante diecisiete millas una pequeña península plagada de pequeñas calas de aguas turquesas abajo y probablemente algunos de los campos de golf más bonitos del mundo: Pebble Beach. Parte del recorrido se puede y merece la pena hacerlo también a pie, a través de las pasarelas de madera que recorren y alfombran la orilla de la playa.

Los árboles del paisaje llaman la atención. Unos por su tamaño inmenso y otros por lo singular de su figura. Cipreses que se alzan solitarios en medio de cualquier sitio. El viento ha esculpido sus figuras e inclinado caprichosamente sus copas que ahora parecen veletas señalando la dirección que acostumbra a tomar el viento que sopla regularmente. No puede dejar de visitar el promontorio sobre el que descansa, dicen que desde hace siglos, el ciprés solitario. Un árbol que lleva resistiendo los embates del viento que a lo largo de los años ha peinado sus ramas inclinándolos hacia el mar.

Acérquese hasta Seal Rock para observar y escuchar los ladridos de los leones marinos, que descansan perezosos y amontonados unos contra otros mientras emiten sonidos guturales que semejan ladridos apagados. Existen otros puntos de avistamiento de ballenas. Hay veces que los rocuarles se acercan tanto a la costa que puede ver como expulsan agua por su espiráculo (orificio superior). Para comer una opción que le permitirá disfrutar del paisaje con tranquilidad es hacer un picnic sobre la playa. La otra opción es comer en The Bench.

The Bench es un restaurante con una ubicación muy especial, junto al hoyo 18. Su terraza abierta sobre el campo de golf y el mar al fondo, ofrecen un escenario impactante y deslumbrante. Gastronómicamente no cabe esperar nada muy sofisticado, pero todo está muy rico. Adáptese y hágase a la idea de que está en el país de las hamburguesas y disfrútelas. Aquí las hacen muy bien. La carne se hace sobre el fuego de leña y quedan muy sabrosas. Tome un buen vino tinto del Valle de Napa para que la comida sea perfecta. Si puede pida una mesa fuera, una de esas que tiene una chimenea en el centro.

Las puestas de sol en esta parte del mundo, son asombrosas, el sol enciende el horizonte y lo mantiene incandescente durante un buen rato. En la llamada Bahía Española (Spanish Bay) porque allí recaló por primera vez un barco con nuestra bandera en 1706, cuando buscaba Monterrey. Allí un gaitero ameniza la puesta de sol soplando la pipa de su gaita que hace el momento más memorable aún.

Si sigue camino puede parar a dormir en Carmel, uno de los sitios con más encanto que uno puede visitar. Aproveche para cenar en Cultura, un pequeño restaurante en el que Sarah Kabat y John Cox, ofrecen una cocina de inspiración mejicana en el que se puede disfrutar desde unos tacos pastor muy ricos, hasta un estupendo corte de carne Wagyu. De nuevo, el secreto está en pedir un buen vino. La cena se transforma en algo mucho mejor.

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