Se la conoce como el 'Alcatraz de Irlanda'

Una cárcel supera a la torre Eiffel como mayor atracción turística de Europa

La prisión de Spike Island se ha convertido en un fenómeno turístico gracias a un histórico motín que tuvo lugar en 1985.

La prisión de Spike Island en Irlanda.
La prisión de Spike Island en Irlanda. / @SpikeIslandCork.

Cuando se piensa en las mayores atracciones turísticas de Europa hay cuatro que no pueden faltar: la torre Eiffel, el Palacio de Buckingham, la Acrópolis de Grecia y la Sagrada Familia. Como era de esperar, todas estaban nominadas a los premios 'Europe Travel Awards', pero ninguna consiguió imponerse a una cárcel irlandesa.

Conocida como el 'Alcatraz de Irlanda', la prisión de Spike Island situada enfrente de la ciudad de Cork, ha sido denominada mayor atracción turística europea en 2017.

La cárcel cesó su actividad como lugar de retención de convictos en 2004, pero una inversión de 5,5 millones de euros por parte del gobierno irlandés permitió su reapertura en 2016 como emplazamiento turístico. 

Las visitas a los módulos de aislamiento y la recreación de una revuelta de presos son los principales atractivos que han encandilado al público, y que han sido claves a la hora de recibir el galardón.

Un motín que dio la vuelta al mundo

La historia de la isla se remonta al siglo VII cuando en ella se erigió un asentamiento monástico. Las leyes británicas impulsaron la creación de una fortificación militar en el siglo XVIII y no fue hasta 1840 cuando los primeros convictos ocuparon sus estancias.

Con la famina que sufrió Irlanda, los presos fueron enviados a Spike Island antes de ser trasladados a Australia, donde continuarían con una vida de trabajos forzosos. En 1850, cerca de 2.000 presos habían sido aislados en la fortificación.

Sin embargo, tendría que esperar hasta siglo después para ganarse su actual popularidad. Tras cerrar en 1883 reabrió en 1985 con el fin de servir de prisión para ladrones y autores de delitos menores. 

Quizás por ello se destinaron pocos guardias, los mismos que la noche del 31 de agosto de 1985 se vieron desbordados por un motín que dio la vuelta al mundo.

"Me sorprendió la ferocidad de los ataques. No había criminales en la cárcel, principalmente solo ladrones de coches. Fue muy rápido. La multitud tomó el control de la prisión", afirmaba al diario 'Irish Examiner' el detective Gard Jack Hartnett, al mando aquella noche.

Un centenar de presos quemó uno de los bloques de la fortificación, atacaron a los guardias con cuchillos y ganchos y sembraron el pánico durante cuatro horas, las que tardaron los refuerzos de seguridad en desembarcar en la isla tras varios intentos fallidos.

A partir de entonces, el Gobierno decidió crear módulos de seguridad y la cárcel siguió funcionando hasta 2004, aunque con al violenta revuelta en el recuerdo para siempre.

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