Jueves, 17.01.2019 - 18:55 h
Una industria millonaria

Belleza, estilo y una enorme inversión: el asalto definitivo del K-pop a Occidente

Aunque el fenómeno del pop coreano arrasa en Asia desde los 90 no había logrado tener un éxito masivo en Occidente. La banda BTS va a lograrlo

Imagen promocional de BTS.
Imagen promocional de BTS.

En su edición internacional la revista Time ha llevado a portada, en un especial sobre los “líderes de la próxima generación”, a la banda coreana BTS. Bajo este acrónimo –correspondiente a “Beyond the Scene”– encontramos a Jimin, Jin, Suga, J-Hope, RM, V y Jung Kook. Son siete jóvenes coreanos de entre 21 y 25 años que forman la boy band más exitosa del momento, y la primera del conocido como K-pop que ha logrado agotar todas las entradas en un estadio de EEUU.

La fórmula musical y estética de BTS, como la de las decenas de bandas y solistas que produce la multimillonaria industria del pop coreano, aunque actualizada, no es esencia muy distinta a la de las pioneras boy bands occidentales como New Kids on the Block, *NSYNC o los Backstreet Boys. Pero BTS es un ejemplo de globalización cultural que habría sido impensable hace solo una década.

Como apunta Raisa Bruner en Time, el K-pop está arrasando en todo el mundo y cuenta con miles de fans devotos en Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, cantando en un idioma que casi ninguno de ellos entiende. Cierto es que la mayoría de los adolescentes que entonaban las canciones de las Spice Girls en España en mediados de los 90 tampoco tenían ni idea de lo que decían las letras, pero al menos podían hacer un amago de pronunciarlas. BTS, como la gran mayoría de los grupos de K-Pop, cantan en coreano. Solo uno de ellos, RM, habla inglés.

Aunque, como atestigua la portada de la revista Time, el K-pop está empezando a despertar el interés de los medios tradicionales, su popularidad se ha labrado casi exclusivamente en las redes sociales. Durante este año ha habido giras en España de populares bandas del género como Dreamcatcher, Vav, South Club o Victon, todas ellos organizados por la productora Young Bros. Yo tampoco los conozco de nada, pero han actuado en salas grandes de Madrid, como La Rivera o But. En noviembre llegarán BAP, otra exitosa boy band que actuará en la antigua plaza de toros de Vistalegre.

Una industria millonaria

El K-pop surgió en los años 90, a imagen y semejanza del fenómeno fan de las boy y girl bands occidentales. El objetivo era fabricar ídolos: estrellas del pop jóvenes, cuya estética y comportamiento está controlada al milímetro.

En Corea del Sur la productora líder del K-pop, SM Entertaiment, ficha a los adolescentes desde una edad muy temprana, y les entrena en un ambiente regulado en el que aprenden a cantar y a bailar antes de su debut, que está perfectamente controlado. Según un reportaje de The Wall Street Journal, el coste de la formación de un ídolo de pop coreano es de un promedio de tres millones de dólares.

El sistema ha funcionado durante décadas en Asia oriental. Los primeros grupos del género como Seo Taijy y Boys fueron un bombazo en Corea y a principios del siglo XXI el K-pop se convirtió en una subcultura importante en Japón.

A nivel mainstream, el primer gran contacto de Occidente con la música popular coreana realizó a través del rapero Psy y su mega éxito Gangnam Style, cuyo videoclip fue el vídeo más visto en YouTube desde finales de 2012 hasta mediados de 2017.

Psy era un bicho raro. Si bien el rap está presente en el K-pop desde sus inicios, siempre entremezclado con la música electrónica, el R&B y el rock más blandengue, su extravagancia no es habitual en los artistas, que siempre han promocionado la imagen de no haber roto un plato –no como en las boy bands occidentales–. Esto sin embargo también está cambiando.

Aunque el K-pop es una industria que mueve en torno a 5.000 millones de dólares, con fans en todo el mundo, sus grandes estrellas del momento –como Rain, Girl´s Generation o Big Bang– no han conseguido tener un verdadero éxito en el mercado occidental. Dejando a Psy a parte, han sido BTS los primeros en petarlo a lo grande, al menos en América. Y lo han hecho con una fórmula particular.

Aunque estéticamente BTS son más de lo mismo, la temática de sus letras –aunque en occidente nadie las entienda– son muy distintas. Su primer gran sencillo, No More Dream, habla de como los niños coreanos se sienten bloqueados por las expectativas que la sociedad deposita en ellos. Otras canciones hablan de activismo o depresión, temáticas que el K-pop nunca había abordado. Su música también ha dado en el clavo, con una mezcla de hip-hop, EDM y pop que, a la vista está, ha funcionado. Pero nada de esto habría aupado a la fama a BTS de no ser por su extensa base de fans.

Los fans de BTS se hacen llamar a sí mismos ARMY –acrónimo de “Adorable Representative M.C. for Youth–y lograron que, el pasado año, BTS llegara a lo más alto de la lista de redes sociales de Billboard, que valora el impacto de las bandas en los servicios de streaming y las redes sociales, superando a gigantes de la talla de Justin Bieber o Selena Gomez. Desde entonces los discos del grupo han llegado a lo más alto de las listas de EEUU, Japón y Cora del Sur.

Puede que esta es la primera vez que oyes hablar de ellos, pero no será la última.

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