Martes, 24.04.2018 - 10:39 h
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Descontaminar el planeta: el plan de Bill Gates para usar CO2 como combustible

Gracias a las últimas técnicas de captura de dióxido de carbono, el magnate pretende invertir el proceso y revolucionar la industria.

Recreación de una de las futuras plantas de Carbon Engineering.
Recreación de una de las futuras plantas de Carbon Engineering.

Es de sobra conocido que en el Universo la materia ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. Una ley fundamental de la química (la de la conservación) que sigue vigente casi tres siglos después de que tanto Mijaíl Lamonosov como Antoine Lavoisier la postulasen de manera independiente allá por 1745 y que explica, entre otras cosas, la transformación del hidrógeno y el oxígeno en agua, la base de la vida en nuestro planeta, o que mezclando ciertos elementos inocuos para el ser humano se puedan crear los psicotrópicos más potentes.

Del mismo modo, la mayoría de los medios de producción y locomoción del planeta son conocidos por generar mediante combustión CO2, uno de los compuestos más nocivos para la salud y para el planeta. Coches y fabricas emitiendo las 24 horas un terrible veneno que amenaza el futuro de la Tierra y que, a pesar de las reticencias de líderes como Donald Trump, centra los esfuerzos de la comunidad internacional para evitar sus efectos, como la aceleración del cambio climático o la destrucción de la capa de ozono.

La última locura de Bill Gates

Sin embargo, basándose en esa misma Ley Lamonosov-Lavoisier, el magnate Bill Gates se ha propuesto invertir el proceso del carbono y generar combustible a raíz del CO2. Como lo leen: descontaminar el planeta a base de dióxido de carbono. En concreto, la idea es combinar técnicas ya existentes como la denominada DAC -captura de CO2 directamente del aire-, junto a la electrólisis -utilizada para separar compuestos químicos- y las últimas tecnologías en síntesis de combustibles para producir hidrocarburos líquidos, con un coste previsto escasamente superior al que hoy en día se utiliza para extraer y comercializar combustibles fósiles.

Bill Gates hizo estas predicciones en 1999 y hoy son una realidad
Bill Gates no para un segundo de trabajar.

A la cabeza del proyecto está Carbon Engineering (CE), una compañía fundada en 2009 por el reputado físico de Harvard David Keith, quien ha logrado involucrar a Bill Gates y a Norman Murray Edwars como mecenas de lujo.

Hasta ahora los capturadores de CO2 de CE se veían obligados a devolverlo al aire por falta de tecnología, pero desde hace un tiempo han empezado a darle un uso más productivo gracias a la participación de Greyrock, una empresa energética de California que ha comenzado a fabricar una revolucionaria mezcla de petróleo y diésel gracias a su programa llamado Air to Fuel -"De aire a combustible", en inglés-, tal y como recoge The Guardian.

Más ecológico que los biocombustibles

Según Geoff Holmes, ingeniero de CE, se trata de “una tecnología que potencialmente puede cambiar las reglas del juego, lo cual nos permitirá abaratar costes si conseguimos masificar su producción con energías renovables para adaptar la síntesis de combustibles líquidos compatibles con las infraestructuras y motores modernos. Esto ofrece una alternativa a los biocombustibles y supone un complemento a los vehículos eléctricos como parte del reto de eliminar los combustibles fósiles del transporte”.

Para lograr esa expansión de la que habla, Holmes centra sus esperanzas en el programa Air to Fuel de Greyrock, ya que en sus instalaciones “toda la maquinaria tiene un precedente a gran escala”, una experiencia que considera clave para la comercialización del revolucionario producto. “Es el futuro, porque necesita cien veces menos tierra y agua que los biocombustibles y puede ser generado en cualquier lugar”, ya que no requiere siquiera de condiciones climáticas, como sucede con la energía solar o la eólica. En cualquier caso, como subraya este ingeniero, “para que funcione, tendrán que reducirse los costes hasta que se sitúen poco por encima de lo que cuesta extraer petróleo hoy; e, incluso más complicado, habrá que persuadir a los países para que se fijen precios de globales”.

Europa, escéptica respecto a la captura de CO2

En este contexto, resulta algo desolador comprobar que la UE ha perdido la fe en las tecnologías que permiten capturar CO2. Tal vez, porque la posibilidad de transformarlo en algo productivo -y no simplemente retenerlo para evitar su presencia en el aire- se antoja aún algo quimérica. En el último informe del Comité Científico Asesor de las Academias Europeas -EASAC, por sus siglas en inglés-, se critica que se están creando “unas expectativas poco realistas” sobre la aplicación de estas tecnologías, al tiempo que se advierte de que “ofrecen solo una limitada posibilidad realista de retirar el dióxido de carbono de la atmósfera y no en la escala prevista en algunos escenarios climáticos”.

Escenarios apocalípticos incluso para el grupo de expertos de la ONU que analiza los efectos del cambio climático y que opera bajo el nombre de IPCC: en 344 de los 400 casos previstos por los países miembros del Acuerdo de París para contener el aumento de la temperatura global en 2100, no se podrá impedir que se superen los dos grados centígrados. Quizás por ello, a día de hoy sólo perviven 15 proyectos relacionados con la captura de CO2 en el mundo. En Europa, el Reino Unido alberga el último proyecto en este sentido, aunque la única planta que se dedicaba a ello está abandonada; mientras, las dos compañías que había en España dedicadas a esta labor -Ciuden y Elcogás- cerraron o se especializaron en otros campos como la biomasa poco después de su creación.

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