Miércoles, 08.04.2020 - 00:43 h
La última visita fue en 1972

Esto es lo que costará volver a la luna 52 años después del último viaje espacial

La NASA exige un presupuesto astronómico para llevar a cabo su próximo alunizaje, previsto para 2024 y con su primera mujer a bordo.

Buzz Aldrin en la llegada a la Luna, en 1969
Esto es lo que costará volver a la luna 52 años después del último viaje espacial. Buzz Aldrin en la llegada a la Luna, en 1969. / EFE

El próximo viaje a la luna no será nada usual: supondrá la primera vez que el hombre pisa el satélite natural de la Tierra en 52 años, a bordo del transbordador viajará la primera mujer que visitará la luna en la historia y, por si fuera poco, servirá para probar en un entorno extraterrestre el sistema de alunizaje a distancia (Human Landing System) que la NASA prevé utilizar en el futuro en otros planetas de la galaxia. Por eso, el coste de todo ello no será para nada barato, tal y como ha explicado la agencia espacial, que esta semana ha exigido al Gobierno de EEUU un presupuesto adicional para los próximos cuatro años de 35.000 millones de dólares (32.300 millones de euros).

Se trata de un aumento considerable respecto a las cuentas de la NASA hasta ahora: por ejemplo, para 2021 ha solicitado 25.200 millones de dólares (23.200 millones de euros), lo que supone un 12% más que el presupuesto asignado a la agencia espacial en 2020. En total, para los próximos cuatro años la NASA quiere disponer de 125.000 millones de dólares tanto para desarrollar la preparación de la misión Artemis como para otros programas en futuro, siempre con el objetivo último de crear una base permanente en la luna y utilizarla para expandir su rango de exploración hasta Marte.

De ese total de 125.000 millones de dólares (151.000 millones si tenemos en cuenta la previsión de gasto de 2025, de 26.000 millones), buena parte de los fondos adicionales se destinarán al sistema de alunizaje a distancia: 3.370 millones de dólares solo en 2021. El presupuesto, que aún necesita la aprobación por parte del Congreso de EEUU, haría que Estados Unidos destinase una partida concreta a un módulo de aterrizaje lunar, por primera vez desde el programa Apollo en la década de los 60. La importancia de este sistema de alunizaje (y de esta misión, en general) son capitales.

Los beneficios de volver a la luna

El comandante estadounidense Gene Cernan fue el último ser humano que pisó la superficie de la Luna, en concreto el 11 de diciembre de 1972. Desde aquella misión Apolo 17 se ha especulado enormemente con la posibilidad de volver a aterrizar en la Luna, pero la exploración espacial ha ido por otros derroteros. Los 12 miembros de las misiones Apolo han sido los primeros y últimos valientes en visitar la Luna y nadie ha vuelto a preocuparse por llevar a nuestro satélite a nuevos astronautas. Hasta hora: casi medio siglo después del último alunizaje tripulado, en 2024 volveremos.

Numerosos científicos avalan que una base permanente en la luna sería tremendamente útil, por muchos motivos: serviría para contar con un depósito de combustible donde repostar para abordar misiones más lejanas; para experimentar con la conformación de colonias en otros planetas –con la mirada puesta, claro está, en Marte–; para resolver numerosos enigmas científicos, que necesitan de un trabajo de larga duración fuera de la Tierra; e, incluso, para generar beneficios en torno al turismo espacial. Tener base en la Luna puede ser interesante, incluso, para realizar extracciones mineras de materiales como el helio-3, que serviría como combustible de futuros reactores de fusión nuclear.

El espacio, un nicho comercial para Trump

Pero el principal escollo al que se pueden enfrentar las futuras misiones de la NASA es que la aprobación del presupuesto por parte de la Casa Blanca está condicionada a la particular visión comercial del presidente de EEUU, Donald Trump, que si hace un par de años consideraba que el suelo de la Estación Espacial Internacional se puede poner a la venta, ahora propone el uso de módulos de aterrizaje lunar desarrollados a través de asociaciones público-privadas, con contratistas que invierten en sus propios módulos de aterrizaje, tal y como explica este artículo de 'Wired'. Esas unidades de aterrizaje también se lanzarían en cohetes de desarrollo privado, lo que en última instancia ayudaría a contener los costes del Programa Artemis.

Este sistema 'concertado' (público-privado) es el modelo que ansía Donald Trump para la NASA, si bien hay que tener en cuenta que las próximas elecciones generales (en noviembre) podrían designar a un nuevo presidente de EEUU que podría revertir esta política. Sea como fuere, los planes de Trump pasan por utilizar transbordadores y cohetes de empresas privadas como Virgin o Space X, o dejar de financiar la Estación Espacial Internacional a partir de 2025.

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