Miércoles, 24.04.2019 - 04:56 h
La Cumbre Europea de mañana, clave

Si no quería Brexit... dos tazas: la salida de Reino Unido no será antes de 3 meses

Los inversores deberán lidiar con otro trimestre de incertidumbres antes de que se produzca la desconexión definitiva entre Reino Unido y la UE.

Brexit, torre de Londres, Reino Unido
Brexit, torre de Londres, Reino Unido / MICHAEL KAPPELER/DPA

Entre tres meses y dos años puede prolongarse el proceso de salida de Reino Unido de la Unión Europea. Esto, en el caso de que la temida desconexión se produzca con acuerdo y no sea forzosa, como las partes y muy especialmente los Veintisiete tratan de evitar a toda costa. Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reúnen mañana con el objetivo de decidir si dan una prórroga a Londres más allá del 29 de marzo en que estaba previsto que se ejecutase el divorcio y con qué objetivo, algo sobre lo que el Gobierno de Theresa May también debe despejar cualquier duda.

Mientras se decide sobre este aplazamiento, van publicándose informes sobre los efectos de una salida desordenada de la UE. El último en dar a conocer sus estimaciones ha sido el Banco de España, que calcula que un Brexit duro podría recortar ocho décimas a nuestro crecimiento en cinco años. Si la prórroga del Brexit es larga, es previsible que Reino Unido participe en las elecciones europeas de mayo, y que se busque algún plan alternativo al actual acuerdo que sí consiga recabar el apoyo de los parlamentarios británicos, explican desde Renta 4.

Ahora bien, Reino Unido deberá aclarar a la UE para qué quiere ese tiempo extra, es decir, si lo solicita para llegar a un nuevo acuerdo de divorcio con Europa, para cancelar el Brexit o para celebrar un segundo referéndum... "Recordamos que nuestra postura se alinea con la consecución de una salida negociada, evitando una salida abrupta que sería perjudicial para ambas partes y provocaría importantes daños a nivel macroeconómico y fuerte volatilidad en los mercados", añaden.

La incertidumbre es máxima y se está cebando con los mercados europeos. Según Igor de Maack, gestor en DNCA, firma afiliada de Natixis IM, las bolsas europeas registraron salidas de capital por más de 4.600 millones de dólares (4.052 millones de euros) la semana pasada, coincidiendo con el segundo rechazo al plan de May en el Parlamento y el 'no' a un segundo referéndum en Reino Unido. En ese mismo periodo, la renta variable estadounidense ha logrado sus mayores entradas semanales en un año, con un total de 25.5000 millones de dólares (22.021 millones de euros).

"Los anuncios del BCE no han hecho nada para cambiar la opinión de los inversores sobre la zona euro, que sigue siendo un área de crecimiento e inflación, aunque débil, pero con cuentas públicas saludables", añade de Maack, y recuerda cómo la eurozona ha demostrado su resistencia después de las crisis de Grecia, Portugal e Irlanda. 

De momento la libra sigue cotizando sobre el supuesto de que habrá una ampliación del Artículo 50 del Tratado de Lisboa y, por tanto de una prórroga, inciden desde Monex Europe. Apuntan además a la reunión del Banco de Inglaterra de mañana, como otra de las claves que moverá la divisa británica. Ésta fija su cruce frente al euro en 1,1682 unidades, sin apenas movimiento al igual que sucede en su cambio frente al billete verde (1,3268 dólares). 

¿Y qué harán los Veintisiete?

La pelota estará ahora en el tejado de los Veintisiete, en lo que decidan en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que arranca mañana. David Page, Economista Senior para Reino Unido de la gestora AXA IM descarta que los líderes europeos vayan a adoptar cualquier decisión que pueda penalizar aún más a la economía. Así, ve probable que la UE dé a Londres una prórroga corta para evitar los efectos negativos de un Brexit sin acuerdo. Nadie en Bruselas quiere que se les pueda acusar de no haber hecho todo lo posible para evitar una debacle. 

El problema es que por corta que sea esa prórroga plantea dudas y la primera de ellas tiene que ver con las elecciones europeas de mayo. Si para entonces Reino Unido siguiera dentro de la Unión debería concurrir a ellas. En Europa también hay voces que han defendido que cualquier extensión de la prórroga a Londres lo debe ser a largo plazo, llegando incluso a los 21 meses si fuera necesario. Esto evitaría cualquier cambio en el liderazgo tras las elecciones europeas y proporcionaría un cierto período de seguridad para las empresas de la Unión.

También existen dudas sobre si la UE requerirá una “razón” para permitir esa extensión. El motivo para el Reino Unido en el corto plazo es evidente: que May tenga algo más de tiempo para convencer al Parlamento de que el acuerdo negociado es el mejor posible para la secesión del Reino Unido. Los expertos consultados creen que los Veintisiete aceptarán "a regañadientes" esa explicación y advierten de que el mayor problema está en que la aprobación de esa prórroga necesitará contar con la unanimidad de los socios europeos.

Si la UE se niega a extender el Artículo 50, el Reino Unido aún podría evitar una salida sin acuerdo revocando dicho texto, algo que el Tribunal de Justicia Europeo (TJCE) ha sugerido que podría hacer de manera unilateral. Sería una huida hacia delante muy polémica, pero el único camino que le quedaría al gobierno de May para, en ausencia de un nuevo pacto, cumplir con el mandato que su Parlamento le dio la pasada semana para que evitase bajo cualquier circunstancia una desconexión forzosa.

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