Sábado, 07.12.2019 - 03:29 h
Pulso con EEUU por la supremacía mundial

Radiografía de la economía china en el 70 aniversario de un comunismo capitalista

Este 1 de octubre, China celebra los 70 años del triunfo de Mao en medio de una guerra comercial con EEUU y con el menor crecimiento en tres décadas.

Acto de celebración del 70 aniversario de la constitución de la República Popular de China
Radiografía de la economía china en el 70 aniversario de un comunismo capitalista. / EFE

Hace tiempo que China dejó de ser el "gigante dormido". El país más poblado del planeta abandonó hace mucho el socialismo más cerrado y, desde 1978 hasta 2010, ha logrado un crecimiento económico sin precedentes, con un 9,5% anual de media hasta situarse (en este 70 aniversario de la creación de la República Popular) como la segunda potencia económica del mundo, solo por detrás de EEUU. Por eso, el siguiente paso es evidente: superar al país norteamericano en las próximas décadas con un modelo de Estado de tinte comunista en lo político y capitalista en lo económico.

Para empezar, el primer reto de China en los próximos años es traspasar el modelo de producción que ha conquistado el mundo en las últimas tres décadas de la fabricación a la innovación: ya no interesa tanto elaborar productos de consumo para el resto del planeta como estar a la vanguardia de la nueva era digital. De ahí que la guerra comercial que mantiene con EEUU desde hace más de un año tenga mucho que ver con la tecnología, un campo en el que las empresas norteamericanas siempre han llevado la delantera, pero que ahora China pretende contrarrestar con dispositivos punteros en telefonía, informática o inteligencia con su tradicional política de precios bajos.

De hecho, la tecnología es uno de los puntos clave del plan 'Made in China 2025', concebido como "el primer paso dentro de un programa global de 30 años de duración", tal y como señala el ICEX, que también apunta que "la estrategia se desarrollará en tres fases: reducir las diferencia con otros países (2025), fortalecer la posición (2035) y liderar en innovación (2045)". Sin embargo, aunque el plan sigue su curso desde que se iniciara en 2015, lo cierto es que el crecimiento de China ha ido decreciendo en los últimos años y, ahora mismo, se sitúa en el nivel más bajo en tres décadas, con un crecimiento del PIB en el primer semestre de 2019 del 6,3%. En cualquier caso, los datos macroeconómicos de China son abrumadoramente positivos en comparación con 1949, cuando el país adoptó el comunismo con Mao Tse Tung.

Datos macroeconómicos de China
Datos macroeconómicos de China. / Nerea de Bilbao

En la actualidad, China ha abandonado el crecimiento anual por encima del 9% del PIB y en los último años ha pasado del 6,7% en 2016 al 6,2% en el acumulado de 2019, coincidiendo con el frenazo mundial a partir de la crisis económica de 2008. A nivel global, es el segundo país con mayor PIB (11,22 billones de euros, por los 17,77 billones de euros de EEUU en 2017), si bien el PIB per cápita sigue siendo bajo (de 8.279 euros en 2018, mientras que el de España es de 25.805 euros en el mismo año, por ejemplo). En todo caso, la apuesta en los últimos años por potenciar su economía local (atrayendo inversión privada extranjera) hace que China no dependa tanto de las comparaciones con valores per cápita de otros países. Pero para llegar hasta aquí han pasado 70 plagados de fracasos y éxitos.

De la economía planificada a la inversión extranjera

Hace 70 años nació la República Popular de China, tal y como hoy en día la conocemos. Bajo el liderazgo de Mao, el Partido Comunista se hizo con el poder en la China continental y el 1 de octubre de 1949 se proclamó la nueva nación tras la victoria en la Revolución china contra las fuerzas de la República de China. La victoria comunista provocó la huida del militar Chiang Kai-shek que llevaba en el poder desde 1927 y sus seguidores del 'Kuomintang' a Taiwán, convirtiendo a Mao en el líder máximo de China hasta su muerte en 1976.

En el plano ideológico, Mao asumió los planteamientos del marxismo-leninismo de la URSS, pero con matices propios basados en las características de la sociedad china, muy diferente de la europea. Eso sí, mantuvo una estrecha relación de cooperación con el Gobierno de Josef Stalin y no se empezó a separar de la doctrina soviética hasta mediados de los 50. Bajo el mando de Mao, China convirtió a la clase campesina en el motor de su revolución, planteamiento que difiere de la visión tradicional marxista-leninista de la Unión Soviética, que veía a los campesinos como una clase con escasa capacidad de movilización y adjudicaba a los trabajadores urbanos el papel central en la lucha de clases.

En 1958 Mao impulsó un plan económico y social a gran escala, conocido como el Gran Salto Adelante, el cual pretendía precisamente mejorar las condiciones de vida agrícola, pero que terminó conduciendo a China a un período de hambruna que se cobró la vida de 45 millones de personas. ​En la misma época, entre uno y dos millones de líderes campesinos fueron ejecutados, acusados de estar "en contra de la revolución". Una criba de la que Mao quiso resarcirse en 1966 cuando, junto con sus aliados, impulsó la llamada Revolución Cultural del Proletariado, que en cambio terminó de depurar a sus opositores internos, pero que no mejoró en absoluto la situación económica.

Desde su muerte en 1976 y hasta la actualidad, la República Popular de China ha mantenido un sistema de partido único (el Partido Comunista sigue eligiendo a sus líderes hoy en día), aunque entre los 80 y la pasada década ha vivido una época de enorme aperturismo que le ha permitido crecer a un ritmo envidiable y que a día de hoy sigue vigente. "Este espectacular progreso económico se explica, indudablemente, por la integración de las economías nacionales en una escala de producción global, en un proceso comúnmente conocido como globalización", tal y como recoge Cesce (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación) en su último informe llamado 'Panorama Internacional 2019'.

"La formación de estas cadenas de valor trajo consigo un notable incremento de los intercambios entre países, convirtiendo, de esta forma, al comercio en el principal motor del crecimiento económico de China. Estados Unidos, uno de los principales impulsores del libre comercio y la cooperación entre países, también ha sido el principal beneficiado. Desde la caída del muro de Berlín, su hegemonía económica, política y militar ha sido incontestable", apunta el informe de Cesce.

"Sin embargo, no ha sido el único. China ha experimentado una transformación económica sin precedentes. En 1990, cerca del 70% de su población vivía en condiciones de pobreza extrema, mientras que en 2015, este porcentaje se situaba por debajo del 1%. El valor de sus exportaciones se ha multiplicado por cuarenta y ha escalado nueve puestos hasta situarse como la segunda economía del mundo por tamaño del PIB. Todo ello en apenas treinta años", concluye.

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