Domingo, 18.11.2018 - 20:29 h
Telediaria

El factor clave que sustenta el éxito de 'Boom' (y no son Los Lobos)

Los Lobos parecen concursantes indestructibles en Boom. Se ha interiorizado que los buenos resultados de audiencia del programa de Antena 3 se basan en la logenvidad de este equipo en el concurso. El público ha empatizado con ellos y sigue su evolución en el programa, como si se tratara de un culebrón de sobremesa. Cada día que pasa, hay más expectación por si se llevan el bote o quedan eliminados. Ya son como de la familia.

Pero hay otro factor definitivo para el buen rendimiento de Boom. Y no son las preguntas ni siquiera las efectistas bombas que implosionan, como golpe de efecto diferenciador del programa. Se trata de la figura del antagonista de los concursantes. Se trata del presentador. En este caso, Juanra Bonet. Su papel es fundamental, pues no sólo reparte juego: también tira de la cuerda de la ironía. Lo hace con la destreza de generar un clima de humor que desengrasa la tensión del concurso.

Sucede lo mismo con Arturo Valls, que conduce desde 2011 Ahora Caigo. Sus locuras han creado un clima con el público del plató que consigue que el programa no parezca repetitivo aunque su fórmula sea repetitiva.  Y lleve 7 años ininterrumpidos en emisión.

Juanra Bonet y Arturo Valls logran esa máxima del presentador que hace fácil lo complicado. A pesar de la rigidez de estructura de un concurso, no están encorsetados y parecen estar disfrutando de su trabajo. Lo más difícil de alcanzar en la televisión de hoy.

Perfilar el carácter del concursante con sólo una ironía

Son maestros de ceremonias que inyectan la luminosidad de la comedia a un concurso cultural y lo consiguen sin estorbar, pues no restan protagonismo a los concursantes. Al contrario, con sus punzadas de humor perfilan mejor la personalidad de los participantes para que el espectador congenie mejor o peor desde casa.

Qué nadie se engañe: en televisión hasta los concursantes son personajes. Y tienen que entrar por los ojos de la audiencia desde el minuto uno y, ahí, es crucial la figura de un buen comunicador que sepa generar confianza en el set y, a la vez, definir con sólo una frase o pullita las debilidades, fortalezas, peculiaridades o excentricidades de los participantes. Bonet es cum laude en este cometido. Lo logra y, encima, parece que no ha sido por su culpa, que ha surgido de manera espontánea. Todo un mérito.

Porque el éxito o fracaso de un programa también depende de su (buen) presentador. Aunque, en los últimos tiempos, la televisión se haya creído aquello de que nadie es imprescindible.

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