Sábado, 21.07.2018 - 00:23 h
Telediaria

'La casa de papel' y la paradoja de la ficción 'made in Spain' que triunfa fuera

La Casa de Papel
La Casa de Papel.

La serie de lengua no inglesa más vista de la historia de Netflix es española y de Antena 3. Se llama La Casa de Papel y se ha convertido en un fenómeno internacional. Sin embargo, en su emisión por Antena 3 fue perdiendo fuelle semana a semana. Lo que comenzó con cuatro millones de espectadores (25,1 de share) terminó con menos de dos millones de fieles (14,5 por ciento de share). Y en ese olvido se habría quedado si no le hubiera llegado esta segunda vida tras la adquisición por parte del gigante del streaming.

Ahora, Netflix empapela las ciudades españolas con carteles de La Casa de Papel, incluso con tráilers en el cine. Como si fuera un flamante estreno. Como si ya no fuera de Antena 3: es de Netflix. Es más, Netflix ha anunciado en Roma que La Casa de Papel tendrá una tercera temporada. La producirán ellos en exclusiva. También han adelantado lo nuevo de Paquita Salas, otra ficción que nació dentro de Antena 3, en su portal bajo demanda Flooxer. Pero Paquita Salas tampoco está ya ahí, está en Netflix.

Pero aún hay más. El próximo lunes 23 de abril, el canal Fox estrena, previo pago de su importe, una nueva temporada de Vis a Vis. Una serie original de Antena 3, que fue un éxito en su primera temporada pero que pinchó en la segunda. Se desvaneció su rentabilidad en el prime time hasta ser no renovada. Se rescata la aclamada marca como reclamo, que vuelve para cierto fulgor de sus fans. Hasta se ha diseñado una gama de productos: jerseys, bolsas... Todo con el amarillo chillón. Ah, y una canción cantada por Miriam de OT.

Antena 3 se ha convertido en una gran factoría internacional de series que, sin embargo, no consigue asentar y consolidar en su programación tradicional. Una programación tradicional que empieza demasiado tarde para el público objetivo de este tipo de productos, que normalmente recibe el primer capítulo con interés pero acaba desesperando y desconectando con el paso de las semanas. Así sucedió con La casa de papel, que dividió su única temporada en dos, con un parón veraniego, algo que mermó su seguimiento. A esto se sumó su horario cada vez más tardío. Todo junto terminó por provocar que la serie pasara sin pena ni gloria por el prime time de Antena 3, sin impulsar en el ojo del espectador la marca propia de la cadena como factoría de productos de calidad. Ese mismo espectador que ahora se encuentra con la publicidad callejera de esta producción y piensa que es una ficción original de Netflix.

¿Por qué lo que ahora es un éxito internacional de tal calibre no se tradujo en su momento en las audiencias de Antena 3? Está claro que, a la hora de consolidar espectadores, afectan cada vez más los virajes de programación de las cadenas tradicionales, que no emiten a tono con los hábitos de vida reales de su espectador. Al contrario, para que el espectador sea fiel a un producto, se le obliga a adaptarse a los vaivenes de la televisión entendida a la antigua usanza y donde el público es lo que menos importa: a los horarios tardíos (el último capítulo de La casa de papel comenzó casi a las once de la noche en Antena 3), a los cambios de día por contraprogramaciones, a los parones de emisión, a las cancelaciones prematuras... Y esto es contradictorio en la era del asentamiento de la televisión bajo demanda, en la que el espectador exige ser dueño absoluto del tiempo que dedica a consumir contenidos.

Antena 3 ha creado el sello Atresmedia Studios para convertirse en una productora que ya es referencia, dentro y fuera de nuestras fronteras. El equipo capitaneado por Sonia Martínez ha demostrado su atino como productores, y los creadores españoles han demostrado su capacidad para realizar productos de primer nivel, a pesar de la (larga) duración que se impone a los capítulos para que llenen todo el prime time (y parte del late night) español. La pregunta ahora es... dónde está el público de estos productos de primer nivel y qué condiciones necesita para consumirlos.

Hay que definir, por tanto, un nuevo campo de acción de las cadenas, que producirán por un lado series concebidas para la audiencia masiva (Allí Abajo, Cuerpo de élite, Cuéntame, El Príncipe) y luego otras con cierto riesgo, que no buscan tanto congregar a todos frente al televisor como atrapar a un público objetivo interesante. Series que pueden gozar de un primer pase en los canales de siempre sin grandes audiencias pero que luego se rentabilizan en las plataformas de bajo demanda de pago, donde sí encuentran a su verdadero target. Aunque luego esas plataformas vendan tal o cual serie como suyas, como hace Netflix. Que parezca que sean de estreno, con una millonaria campaña de promoción y sin hacer mención alguna al hecho de que ese espectador español ya lo pudo ver  en su televisión en abierto (y gratis) hace meses.

Y ahí es donde también las cadenas generalistas deben hacer un ejercicio de autocrítica y meditación. España siempre ha sido un país que ha sabido dar en la diana de la producción de series que representan la diferencia y el talento autóctono, mediterráneo, que tanto atrae fuera y que nos muestra distintos y, a la vez, universales. En televisión no somos anglosajones, no somos latinos: somos un mix que propicia un producto muy competitivo internacionalmente. Lo tenemos, por eso las cadenas no pueden perder la oportunidad de amortizar más y mejor ese primer pase, ese primer escaparate de sus producciones, para que también impulsen la marca y la imagen de su canal tradicional. Muy bien que las series de Antena 3 se conviertan en un fenómeno posterior en plataformas, pero qué pena que alguna de ellas no hayan conseguido ser un fenómeno de principio a fin también en su primer pase en Antena 3.

Por ello, si los creadores españoles han sabido entender tan bien la idiosincrasia propia, que ahora no se olviden los programadores de entender que el espectador necesita que se cuide la experiencia del visionado del producto. Porque el espectador de hoy tiene menos paciencia que nunca a la hora de convertirse en cobaya de las cadenas. Si juegas con él, sabrá encontrar otras formas de ver lo que le interesa. Cuando quiera y donde quiera.

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