Sábado, 21.09.2019 - 11:57 h
Telediaria

La lección que deja los 'Oscar 2019': el potencial televisivo que no han aprovechado

Más breve, pero más olvidable. La última ceremonia de 'los Oscar', la edición número 91 de los premios de Hollywood, ha sido una gala más corta que ha dejado una lección televisiva: la importancia de contar con un cabeza de cartel para impulsar el interés del show.

Porque estos Oscar no han tenido presentador. Y se ha notado. Mucho. La gala ha sido un aburrido y deslavazado ir y venir de premiados sin una trama transversal que dotara de unidad al evento y que fuera incorporando golpes de efecto para impulsar el interés del espectáculo cuando la noche avanza.

En esta edición, al final, esa función de golpe de efecto central la ha realizado la aplaudida actuación de Lady Gaga y Bradley Cooper, vista a través de un plano secuencia sin cortes que ha sido muy valorado por crítica o público. Aunque, en realidad, esta interpretación hubiera lucido bastante sin este plano secuencia, mal planificado, que era sucio y carente de una buena coreografía de sensibilidad en primeros planos.

Gaga y Cooper cantando 'Shallow' hubiera protagonizado un clímax de la gala mucho más rotundo mayor con una buena realización de más planos cortos de las miradas de los intérpretes pero, también, complementados con la emoción de planos de reacción de la sensibilidad del patio de butacas. Que no se pudo ver, porque el realizador optó por este experimento, mal ensayado, en una canción que no lo necesitaba. En este caso,  no aportaba narrativamente nada interesante y relevante.

Así se ha decidido priorizar que el espectador sólo tuviera una vista con un solo plano en el instante álgido de una fría retransmisión televisiva que, en este instante, pedía a gritos una mayor dosis de planos de reacción de las celebridades de público para narrar por la tele con más claridad, más contexto y más energía energía la emoción de tal mágico instante. Lo necesitaba más aún una velada sin un maestro de ceremonias para entrar al escenario e  incidir con ironía en el acontecimiento irrepetible al que el espectador estaba asistiendo en dicho momento. 

Al final, ha salvado el show la sensibilidad de los agradecimientos. Pero, en lo referente al ámbito televisivo, los Oscar 2019 han suspendido. Una gala deficitaria y hasta sucia a nivel visual. A diferencia de su tradición y a pesar de contar con una escenografía de talante soñador, la realización de la ceremonia no ha potenciado ese pretendido glamour de la fantasía. De hecho, esta realización ha mermado la grandilocuencia del teatro. Que ya es difícil en un teatro tan grande. La realización ha sido tan deslavazada como la gala en sí, sin un presentador que dotara de carácter propio al evento, sumergiendo al espectador en el tono del show desde el arranque con un monólogo contudente y vuelcos de guion que fueran marcando sobresaltos en los audímetros hasta llegar al final apoteósico. 

Los Oscar 2019 no han tenido nada de eso. Han sido unos premios, pero no han sido un programa de televisión con entidad. Y eso es un problema. Como era de esperar, la gala ha mejorado tras el mínimo histórico de televidentes del año pasado. Pero así, ahorrándose un buen presentador, no se logra trascender en el recuerdo del espectador, así los Oscar han perdido la oportunidad de reinventarse y elevar su audiencia de verdad. Habrá que seguir, por tanto, acordándose de la escaleta perfecta de la última edición que capitaneó Ellen DeGeneres en 2014, los Oscar más vistos de los últimos tiempos con con 43 millones de espectadores. Con su selfie más retuiteado como clímax central y su llamada al pizzero de enfrente para frenar el hambre de Hollywood, pues.

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