Lunes, 20.11.2017 - 14:55 h

La manipulación del lenguaje en TV3: el poder de la prosa

Fotograma de un controvertido vídeo emitido por TV3 en 2014.
Fotograma de un controvertido vídeo emitido por TV3 en 2014.

El lenguaje construye la realidad y el procés de independencia, en busca de la República Catalana, también ha ido creciendo a través de sutiles símbolos del lenguaje cotidiano.

Una estrategia que los líderes de este proceso han tenido clara desde hace años. O eso da la sensación. De hecho, tanto la televisión autonómica TV3 como otros medios, públicos y privados de Cataluña, han incorporado una ingeniería de terminología sutil, que afianza en la sociedad un sentimiento de diferencia respecto al resto de España.

El primer paso visible a nivel terminológico ha sido pasar de hablar de Gobierno Central a Gobierno Español. Un cambio de denominación que ya ejerce TV3 desde hace años. Así los medios fomentan la percepción de Cataluña versus España, como si se trataran de dos estados distintos. Es más, la televisión pública catalana ya hace tiempo que dejó de llamarse "autonómica' para etiquetarse como "nacional".

Son significativas alegorías del lenguaje que han servido como útil herramienta para cuajar mejor los mensajes de una forma sencilla, como realiza cualquier atractiva campaña publicitaria de largo recorrido. De esta forma, se repiten consignas que son un efectivo titular al que, a primera vista, es complicado no rendirse. Por ejemplo, se promueven proclamas como "Democracia por encima de la Ley" o "derecho a decidir" cuando, en realidad, en este caso, la expresión más rigurosa sería decir "derecho de autodeterminación".

Detalles que se han ido tatuando, sin demasiadas fisuras, en un lenguaje cotidiano que funciona a la perfección y que se abre camino en unos medios que han interiorizado un fervor popular como propio. Sin embargo, como consecuencia, se han olvidado también de la esencia del periodismo de dar un contexto a los mensajes, de encontrar respuestas que otorguen al receptor una perspectiva lo más equilibrada posible. Un hecho que se repite en nuestro entorno más próximo, también ha sucedido en el Reino Unido con el apoyo favorable al Brexit.

El show emocional ha ganado a la información de contexto

Como apunta Gianpietro Mazzoleni, catedrático de Comunicación Política de la Università degli Studi di Milano y uno de los mayores expertos a nivel internacional en este asunto: "los medios no han jugado un papel proactivo en la creación de una sociedad informada y el fomento de un debate público de calidad". En muchas ocasiones, en prensa, radio y televisión, el show ha ganado a la información.

Y en Cataluña, al igual que en el resto de comunidades autónomas de España, los medios más mainstreim -más masivos- también ha caído en la trampa del espectáculo del titular de la contienda política, ese titular que intenta esquivar la razón para ir a la diana de la emoción.

Ahora, es turno de regresar a la esencia periodística del análisis de contexto. Ya lo hacen muchos periodistas a diario, pero el reto está que también lo hagan a fondo las televisiones públicas. Las facultades de comunicación estudiarán el procés catalán como ejemplo de maestría terminológica para crear una patria diferenciada a través del leguaje mediático frecuente: España versus Cataluña, como dos todos. Incluso España vista con cierta equivalencia a corrupción y opresión, mientras que a Cataluña se otorga cierta correspondencia con la prosperidad más poética. No es nada nuevo, viene cultivándose desde hace años. 

Como el mejor spot, los responsables del independentismo han simplificado el marco de acción. Y lo han hecho con talento a la hora de definir una estrategia emocional de largo recorrido.

El problema surge cuando el anímico argumentario de la propaganda no es suficiente aval para dar viabilidad real a una independencia en 2017, lo que puede generar una incontrolable frustración social. Y ahí los medios, especialmente los públicos, deberán hacer autocrítica como responsables de la rigurosa gestión de la información, pero también los propios líderes políticos, de un lado y de otro. Su deber es llegar a puntos de encuentro y no de dividir a la sociedad. No es tiempo de pensar en estrategias electorales, es tiempo de abrazar el bien común.

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