Miércoles, 19.09.2018 - 17:22 h
Telediaria

La sigilosa lección televisiva de Mercedes Milá en 'Late Motiv' de Buenafuente

Mercedes Milá, Late Motiv
Mereces Milá diciendo lo buenísimos que son los músicos de 'Late Motiv'

"La música excesiva no me gusta. Ya sabes que ahora se pone música ruido en todas las partes". Lo ha dicho Mercedes Milá en su visita, esta semana, a Late Motiv de Buenafuente.

Con estas palabras, la periodista ponía en valor a la banda de músicos del programa ("sois buenísimos, apoteósicos", dijo) pero, también, acertaba en su reflexión que se puede extrapolar a la mala utilización de la música en la televisión en España, donde se confunde intensidad con armonía.

La música, ya sea como sintonía de arranque de las series y programas o como omnipresente música de fondo, es crucial en televisión, tanto en ficción como en programas.

Las sintonías sirven como carta de presentación que, al mismo tiempo, aclimatan al espectador en el tono de la ficción o show de entretenimiento. Mientras que las banda sonoras de fondo sirven para perfilar la sensibilidad de cada momento del show: más épica, más ñoña, más tensa, más romántica, más García Ferreras.

Como en el cine clásico, la historia de la televisión ha utilizado bandas sonoras para pintar el tono de cada sección de los programas. Chicho Ibáñez Serrador fue precursor también en este sentido:  sus programas, como en sus ficciones, contaban con músicas que daban unidad al montaje global del show y, a la vez, sugestionaban el oído del espectador, diferenciándole sutilmente el momento de comedia, con el momento tétrico o con el apoteosis del adiós. Desde entonces, todos los programas cuentan con una banda sonora que marca y, a veces, remarca. Crónicas Marcianas, Gran Hermano, El Hormiguero, Supervivientes... son espacios que tienen muchos sonidos para impedir que el espectador se duerma. Incluso cuando aparece un zoom en un reality se remarca con un efecto sonoro.

Los sonidos son importantes para impulsar el ritmo televisivo. Pero, cuidado, como apunta Milá, el abuso de músicas puede transformarse en ruido. Y el ruido puede ser un enemigo del programa, pues no organiza la emoción del espectador. Al contrario, lo aturullan y crea barreras que no enriquecen tanto como se cree. OT 2017 no ha abusado de músicas en los vídeos de la academia y no ha pasado nada: no era necesario. 

Un programa con una buena coreografía de silencios es magnético. El silencio también es una buena banda sonora. Y, en los últimos años, el equilibrio inteligente de la música bien medida en televisión se ha maltratado. La música se ha utilizado como alboroto para impactar en el oído del espectador -como si el público fuera un robot que funciona con estímulos básicos-. No se ha apostando, salvo interesantes excepciones (Cuéntame, Dónde estabas entonces, Quién quiere casarse con mi hijo),  por músicas que están justificadas y que engrandecen con su referencias el contenido del producto. Vamos, que no hay que quedarse en 'chimpunes' y temas de librería de efectos. 

Día a día de María Teresa Campos contaba con una sutil música de fondo para que las secciones de tertulia del programa fueran más acogedoras en emisión. Karlos Arguiñano siempre va aderezado con la versión instrumental de su sintonía para que sus guisos no queden nada sosos en el oído del televidente. El Telediario marca sus titulares y transiciones temáticas con una buena ráfaga que organiza el caudal de noticias. La televisión sería imposible sin las músicas que arropan e impulsan los contenidos.

Pero, cuidado, no hay que confundir una buena banda sonora, compuesta, pensada o diseñada para un formato de televisión en sí mismo, con un batiburrillo de ruidos y politonos que entran sin ton ni son, de forma gratuita, porque así parece que todo fluye mejor. Así todo no fluye mejor. Eso no es ambientación musical. Eso es caos. Y la buena televisión es la que hasta el caos está muy bien ordenado.

Y, por eso mismo, probablemente, Mercedes Milá tiró ese piropo, espontáneo e impulsivo, a la banda de Late Motiv: el papel de los músicos en el programa de Cero (#0) no es gratuito. Su función está justificada por guion y por formato. No es algarabía para despertar al personal, no es lugares comunes para sugestionar, es talento que hace más grande la experiencia en conjunto -de equipo técnico, de equipo artístico y del propio público- de Late Motiv.

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