Viernes, 28.02.2020 - 19:45 h
Telediaria

¿Un Netflix más barato sólo para móviles?

El futuro de la TV de pago se sustenta en tres pilares. Primero: la marca de la plataforma, que otorga un sello de reputación a todos los productos que cobija. Segundo: el catálogo exclusivo de producción propia. Tercero: la flexibilidad para conseguir ser sostenible en un mercado complicado

Netflix cumple los tres requisitos, pues es un gran videoclub online que llega sin la mochila de rígidas estructuras empresariales de las veteranas plataformas de pago. No obstante, Netflix necesita asociarse a otros grandes operadores, como sucede en España con su acuerdo con Movistar de Telefónica, para crecer exponencialmente en suscriptores y, así, mantener su vigor en el mercado. Un vigor que ha cimentado con ayuda de una gran inversión publicitaria, fundamental a la hora de proyectar la popularidad de su producción en la sociedad.

Objetivo cumplido. Netflix ha definido una marca con un elevado grado de aceptación social. El público de Netflix farda de estar suscrito a Netflix porque la compañía ha dibujado con rotundidad unos valores que conectan con el consumidor de series y demás contenidos de la tele bajo demanda.

Pero para seguir creciendo también es importante esa flexibilidad que sirva de anzuelo para nuevas suscripciones. En Malasia, Netflix prueba una tarifa lowcost, de 4 Dólares, que permite visualizar su catálogo solo a través del teléfono móvil y tablet. En Asia tiene sentido esta apuesta porque existe mayor competencia de plataformas in steaming.

Pero, ¿y en Europa?

En España, Netflix ya cuenta con un precio competitivo respecto a sus rivales. Pero, de nuevo, surge la importancia de ser aparentemente flexible para crecer en un panorama en el que el pago ya no se coarta a ninguna permanencia por un aparatoso descodificador. Sólo basta una conexión a Internet. Y todos estamos conectados a Internet. Tarifas más reducidas pueden ser el atajo para seducir a otros públicos a largo plazo. Así Netflix puede enganchar a espectadores potenciales que no terminan de suscribirse y acabarán convirtiéndose en suscriptores premium.

Suscriptores premium sin que exista un paquete premium, pero que lo son porque no son una simple audiencia: este tipo de público termina sintiendo que invierte en lo que ven. Y esa vinculación será clave para la sostenibilidad de los videoclubs más grandes del mundo, las plataformas bajo demanda, donde ha cogido delantera Netflix con su habilidad para cimentar una atractiva marca cómplice con el espectador. Lo ha hecho adelantándose a los gigantes del sector, que ahora están al acecho. De hecho, Disney ya está a punto de tomar posiciones en Estados Unidos con su mastodóntico catálogo que se podrá ver con sólo un clic en su Disney+. La batalla promete ser intensa, pero en la contienda la todopoderosa Disney tendrá que aprender a ser tan flexible como esa gacela llamada Netflix que viene ligera de equipaje y sin demasiados complejos a la hora de conquistar a una sociedad con tanta oferta audiovisual que se pierde entre el caos.

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