Jueves, 15.11.2018 - 04:05 h
En mi molesta opinión
Analista político

¿Por qué la izquierda se pelea cuando llega la hora de “asaltar los cielos”?

De la dicha a la ducha. Con los mellizos de Irene Montero llegó la dicha para Pablo Iglesias. Qué mayor regalo para el amor, qué mayor subidón para la alegría familiar que traer doble ración de vida a este misterioso mundo. Pero he aquí que de la dicha a la ducha sólo hay un paso. Con los otros “mellizos”, Errejón y Bescansa, llegó la ducha, la ducha escocesa, la del agua fría, para el líder de Podemos.

Miércoles por la tarde. Todos hablando del calor y de que Cifuentes no se va ni con agua caliente, al menos de momento, cuando saltan las alarmas en Podemos: un pretendido descuido –pero muy programado- difunde en el canal Telegram de Carolina Bescansa una propuesta-borrador con la que se pretende “asaltar los cielos” de Podemos, y tumbar, en una alianza suscrita con Íñigo Errejón, al secretario general del partido, Pablo Iglesias.

El núcleo fundador de Podemos
De izquierda a derecha: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Tania González. / Podemos

Una rebelión a bordo en toda regla. La jugada maestra consistía en que ella, Carolina, apoyaba la candidatura de él, Íñigo, para imponerse en las primarias de Podemos a la Comunidad de Madrid, yendo de número dos en la lista. A cambio, él, Errejón, le devolvía el favor a ella, Bescansa, apoyándola en la disputa futura por el liderazgo estatal del partido, el no va más de la conquista del poder dentro de Podemos.

Que las relaciones de Iglesias con Errejón y Bescansa no son buenas, es dato conocido desde Vistalegre II, cuando el futuro padre de los mellizos se hizo con el control absoluto del partido y defenestró a posiciones de retaguardia a sus antiguos camaradas. Hace justo una semana, el líder de Podemos, le mandaba un recado a través de los periodistas a su ex número dos: “En esto ni media tontería, deja de marear la perdiz”. Se refería a la indecisión de Errejón que amenazaba con no postularse a la candidatura de Madrid por miedo a no ganar y quedar desterrado de la política nacional. El último “telegrama” de Bescansa, por muy borrador que sea, no tiene nada de inocente, y agranda las heridas por el control de Podemos, que tanto hacen sufrir a Iglesias, y no sólo en el feudo de Madrid.

¿Qué le pasa a la izquierda que siempre que se acercan las elecciones empieza a despedazarse entre ella misma con verdadera fruición? Con compañeros así, no hacen falta enemigos. Ahora que las encuestas muestran a un PP tocado y debilitado –no sólo por el caso Cifuentes-, y que el único que levanta cabeza demoscópica es el partido de Albert Rivera, Ciudadanos, la izquierda se mete en los viejos charcos de las luchas de poder internas, caso Podemos, o en su desorientación estratégica o ideológica, caso PSOE, que se escora más a la izquierda, desatendiendo un centro político necesario para ganar elecciones y olvidándose de sus votantes más moderados.

Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid
Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid / EFE

El último patinazo socialista también lo vimos el miércoles, coincidiendo con el de Podemos. Saltaba la noticia por la tarde de que el PSOE de Madrid le había hecho una oferta a la alcaldesa Manuela Carmena para liderar su lista municipal. ¿El PSM no tiene candidatos? ¿Los tiene que “robar” a otras formaciones que tampoco están como para tirar cohetes? ¿Es tan buena la gestión de Manuela Carmena para ficharla? Sencillas preguntas que no han recibido sinceras respuestas por parte de los socialistas.

El problema es más de fondo. Los partidos de la izquierda española no acaban de encontrar su gancho programático o reformista, como demuestran las encuestas, y lo reducen todo a combatir ferozmente pero sin mucha inteligencia a Rajoy; estrategia que si bien es necesaria y tiene su lógica, es insuficiente para ganar unas elecciones. Quizá el estancamiento de la izquierda también se deba (más allá de sus luchas cainitas) a que los valores ideológicos de su futuro político no están muy claros, ni muy renovados; la izquierda navega en un presente incierto que no entusiasma, y que casi siempre se limita a enmendar la plana al Gobierno –sin ofrecer alternativas mejores- y a resucitar a Franco, que paradójicamente es su gran baluarte emocional y electoral.

Falta poco más de un año para las elecciones municipales, autonómicas y europeas, y el crujir y rechinar de dientes ya ha empezado de manera escandalosa. En estos doce meses, veremos y oiremos a los políticos haciendo declaraciones que nos desconcertarán y nos alucinarán, si es que aún nos queda capacidad para el asombro. Y asistiremos al arte de birlibirloque para ver cómo consigue el PP “aprobar” su master en Cifuentes; o cómo logra la izquierda, antes de matarse entre ellos, mostrarse como una buena alternativa para gobernar. De momento, el único que se frota las manos es Rivera. ¿Será Ciudadanos flor de encuestas de un día o será una realidad a prueba de urnas? Permanezcan atentos a la pantalla, la política española nunca defrauda.

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