Domingo, 22.09.2019 - 15:13 h
En mi molesta opinión
Analista político

Mucho marketing político para vender la nueva socialdemocracia de Sánchez

Pedro Sánchez tiene media legislatura, incluso algo menos, para darle la vuelta al marcador. Hace escasamente un mes, finales de abril, los sondeos que tanto bendecían a Ciudadanos daban la cuarta posición para el PSOE. Era el último de los grandes. Rivera sacaba pecho, Rajoy sacaba adelante los Presupuestos y Pablo Iglesias sacaba su indignación para ocultar su chalé en Galapagar. Por su parte, Sánchez se diluía detrás del 155 y de la sombra amargada de las encuestas. El Partido Socialista seguía cayendo.

Pero he aquí que la vida no es como te imaginas, ni tan siquiera como te temes. La vida siempre va por libre y, de vez en cuando, te ofrece en bandeja de plata la posibilidad de cambiar tu destino en tres días. Una oportunidad que Sánchez pilló al vuelo y aprovechó con habilidad sin pestañear. Movimiento audaz que Rajoy y su Ejecutivo no vieron venir, quizá por estar demasiado satisfechos con la aprobación de los Presupuestos. Pero al menos, debían haber presagiado la hecatombe que podía desatar la sentencia Gürtel. Ni lo uno ni lo otro.

Siete días después, Rajoy y su Gobierno forman parte de la historia y Sánchez es ahora el nuevo sultán de Kapurthala. Con la de bofetadas periodísticas que le han dado, le hemos dado, al hoy presidente del Gobierno por su temeraria carrera política. Y ahora aquí está, cosechando halagos por su tenacidad y con un Gobierno lustroso que satisface incluso a algunos del PP.

Me lo confesó el viernes pasado, tras la votación de la moción de censura, en el patio del Congreso de los Diputados, el ex presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, hoy diputado socialista: ”Había que poner freno a la debilidad del PSOE. Íbamos de mal en peor, y era imposible seguir así. Sánchez ha sabido aprovechar la oportunidad y ahora debe aprovechar la ocasión para conseguir que el PSOE remonte. Ese es el objetivo, recuperar espacio e influencia política, crecer como partido de cara a las elecciones. España necesita un partido socialista fuerte”.

Y en esas está Pedro Sánchez. Tras aglutinar para su provecho los votos que generaba el rechazo a Rajoy, ahora da un segundo golpe de efecto: nombra un Gobierno con mucho marketing político, y que, paradójicamente, fastidia a varios de los partidos que le apoyaron. Basta oír lo que dijo Quim Torra o Rufián cuando se enteraron de que Borrell, hombre duro con los independentistas, iba de ministro. Sin duda, su presencia en Exteriores servirá para explicar y dejar claro en Europa cómo funcionan los secesionistas y cómo se saltan las leyes de una democracia.

Sánchez también sigue el aroma imperante de estos tiempos posmodernos poniendo en su Ejecutivo a más mujeres que hombres. La mayoría con buen cartel y buen currículum. O sea, el nuevo presidente tiene muy en cuenta las formas y el talante, pero sin olvidar el talento. Además, ha formado un Gobierno transversal que bien podría haber suscrito el líder de Ciudadanos, y con algunos retoques, incluso el del PP. Un Gobierno de centro izquierda que a Pablo Iglesias le está causando un gran malestar: “Sánchez olvida quién le hizo presidente”.

Tanto efectismo busca el nuevo presidente del Gobierno, que incluso no le ha importado que el nuevo ministro de Interior, Grande Marlaska, fuera vocal del CGPJ a propuesta del PP y tenga fama de conservador. A Sánchez, sus asesores –entre ellos el veterano José Enrique Serrano- le han hecho ver que si quiere prosperar en las urnas debe ser más moderado y pescar en el caladero de centro izquierda, el mismo que en otras campañas ignoró. Quizá este nuevo estilo socialdemócrata sea más fácil de aplicarlo desde el poder.

Pedro Sánchez ha sabido mandar también un mensaje de ortodoxia y tranquilidad a Europa con el nombramiento del propio Borrell, ex presidente del parlamento europeo, y de la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, que viene del mismo corazón de la UE tras ser directora general en la elaboración de los presupuestos europeos. Muchos gestos y guiños oportunos de un Gobierno que sabe que se juega mucho y en poco tiempo. De ahí que no pudiera nombrar a ministros que tuvieran que madurar su imagen en el cargo, tenían que traer ya un buen perfil como Pedro Duque, Grande Marlaska, Carmen Calvo, Borrell...

El reverso de este aplaudido Ejecutivo está en su propia excelencia, las expectativas son tan altas que será imposible satisfacerlas, con sólo 84 diputados apoyándole, y la mayoría de partidos, incluido Podemos, apostando para que se desinfle lo antes posible. Sánchez también ha aumentando el número de carteras (17 frente las 13 de Rajoy) con el objetivo de que quede más patente el toque feminista y su estilo socialdemócrata.

Más gasto en carteras pero también más repercusión y más relaciones públicas, ya que todos los ministros se han convertido desde ayer en grandes vendedores de las excelencias y las maravillas socialistas, para ir recuperando la fe en la “nueva” socialdemocracia, esa que habrá que redescubrir después de mucho tiempo criticando que la izquierda se ha quedado sin discurso, sin argumentos, sin proyectos y sin grandes apoyos sociales.

Veremos, cuando las cosas se pongan serias de verdad, qué nos trae de nuevo y de bueno el “sanchismo”, más allá de los fuegos artificiales de los nombramientos. Por ejemplo, ¿qué hará el Gobierno con la firme petición de Bruselas de recortar 15.000 millones? Acostumbrados a criticar y gastar más que a solucionar y recortar… no será fácil. ¿Y qué dirán sus “socios” de Podemos aficionados a derrochar sin control? ¿Y en quién se apoyará el Gobierno para aprobar en breve el importante techo de gasto? El marketing político es eficaz para impresionar durante un rato pero la realidad suele ser tozuda y cruda, y ahora ya no estará Mariano Rajoy para echarle la culpa de todo lo que pasa en España.

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