Martes, 17.07.2018 - 04:15 h

El misterioso robo en casa de Roures: no se llevaron ni las plumas de Florentino Pérez

Jaume Roures, el empresario que mejor se maneja en  las negociaciones de los derechos televisivos del fútbol, se ha llevado recientemente un gran susto al sufrir un robo en su casa de Barcelona. Mientras disfrutaba de un merecido descanso durante el puente de diciembre, los cacos se colaron en su domicilio con un objetivo que días después todavía es una gran incógnita.

Cuando regresó de sus jornadas libres se encontró con su casa literalmente ‘patas arriba'. Los supuestos ladrones habían rebuscado en todos los rincones. No habían dejado un cajón sin revisar. Infinidad de papeles estaban revueltos. Pero no se llevaron nada. ¿Qué buscaban? Objetos de valor no, porque el propietario y cabeza visible de Mediapro tiene y muchos.

Roures, que anda ‘mosca’ después de que toda España se haya enterado dónde vive tras la archiconocida cena con Pablo Iglesias y Oriol Junqueras, se adentró en su casa temiendo lo peor. En un rápido vistazo comprobó que sus mejores relojes continuaban en su sitio. El portátil también. La televisión. No faltaba ni un objeto tecnológico.

Y eso que Roures, un tipo que se recorre el mundo varias veces al año, tiene una manía. Siempre guarda un iPhone nuevo en el cajón por si se le rompe el que usa. Nunca puede quedarse incomunicado del resto de los grandes grupos televisivos del mundo. Un ‘smartphone’ sin estrenar sería un chollo para cualquier vándalo, pero estos prefirieron tirarlo por el pasillo antes que venderlos en el mercado secundario por un buen puñado de euros. Curioso cuanto menos.

El empresario continuó revisando su morada. Y ahí estaban las plumas estilográficas de gran valor que Florentino Pérez le regaló hace unos años. Los cacos las vieron, las manosearon, pero no se las llevaron.

Roures, que también es un reconocido productor, guarda alguno de los premios que le han encumbrado en el cine. El Goya continuaba intacto. Peor suerte corrió la Concha de Oro, ya que el empresario se la encontró doblada por la mitad. Pero no se llevaron los galardones. "Dónde los vamos a colocar en el mercado, si no sabemos vender un iPhone", debieron pensar los cacos. Un misterio aún sin resolver.

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