Viernes, 24.11.2017 - 08:45 h

Las presiones y SMS del PP acaban con el aguirrismo: los últimos días de Esperanza

Las últimas horas de Esperanza Aguirre han estado marcadas por un cruce de presiones y SMS con el nuevo coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo.

El objetivo era desvincular al marianismo de la detención de Ignacio González. A Aguirre se la tenía ganas en el PP de Rajoy, como demuestra el comunicado de ocho líneas de Génova.

Las presiones y SMS del PP acaban con el aguirrismo: los últimos días de Esperanza

Semana de alto voltaje en Génova 13. La dirección nacional del Partido Popular ha mantenido una negociación permanente en los últimos días con Esperanza Aguirre con el objetivo de que la entrada en prisión de Ignacio González afectara lo menos posible a Mariano Rajoy y su Gobierno. Y ha sido el nuevo coordinador general quien ha ejercido de correa de transmisión con la ya exconcejal en el Ayuntamiento de Madrid. Este, a su vez, ha transmitido todo a su superior, María Dolores de Cospedal, y ella, por extensión, a Mariano Rajoy.

Las presiones a Esperanza Aguirre por parte de la cúpula del PP comenzaron las horas posteriores a la detención de González. Desde el primer momento en Génova se consideró que la portavoz popular y concejala en el Ayuntamiento de Madrid tenía que asumir la responsabilidad y abandonar sus cargos por esa responsabilidad "in vigilando" de la que habló cuando dejó la Presidencia del partido en la región en 2016 por la implicación de Francisco Granados en el caso Púnica. En Génova consideraban que en esta ocasión Aguirre debía repetir el esquema y marcharse, pues ella nombró a González y, además, fue ella quien debía haber descubierto las presuntas irregularidades.

La maniobra para forzar la dimisión de Esperanza Aguirre se ha realizado a través de dos métodos. Por un lado, con SMS que se han intercambiado Martínez-Maillo y la protagonista. Y, por otro lado, a través de comentarios de dirigentes del PP que, off the record, han transmitido a periodistas que la exlideresa debía dimitir. De hecho, desde el pasado miércoles circulaba el rumor de que la exlideresa se marchaba, comentario que obligó a un portavoz a desmentir que fuera "a dimitir hoy". En Génova destacaban la palabra "hoy", dejando la puerta abierta a una dimisión posterior, como así ha sido.

Génova ha aplicado con Aguirre la misma estrategia que puso en marcha con Rodrigo Rato, Jaume Matas, Rita Barberá y Pedro Antonio Sánchez. Con todos ellos se abrió una negociación en la sombra, sin luz ni taquígrafos, para que fueran ellos quienes renunciaran por su propia voluntad. El PP podía echarles, pero lo mejor para el partido que les arropaba, era que la dimisión fuera personal. Para ello había que exteriorizar la falta de apoyo, cuestión que se ha repetido con Esperanza Aguirre: nadie en el PP nacional le ha apoyado en los últimos días, demostrándole que se encontraba en una absoluta soledad.

En algunos casos de renuncia voluntaria Rajoy o Cospedal participaron en los contactos (como en el de la fallecida exalcaldesa de Valencia), pero en otros han sido los lugartenientes de Génova quienes han hecho el trabajo con los dirigentes relacionados con escándalos judiciales (ha ocurrido con Aguirre y con el expresidente murciano). Hay que recordar que durante la etapa de Rajoy en Moncloa el PP ha apartado a 65 cargos, siendo Ignacio González el último.El marianismo tenía ganas a Aguirre

A Esperanza Aguirre se le tenía ganas en Génova y Moncloa. "No se ha portado bien con Mariano", decía un colaborador de Rajoy tras conocer la dimisión. La rivalidad se remonta a 2008, al Congreso de Valencia, cuando el actual Presidente del Gobierno estuvo cerca de ser descabalgado por una maniobra de Aguirre y su entorno. Ahí le tomaron la matrícula.

Más tarde tampoco sentó nada bien que fuera contando en declaraciones públicas que todos los dirigentes del PP, menos ella y Gallardón, cobraron sobresueldos en B. "Dio credibilidad a un presunto delincuente", afirman sobre el tema Bárcenas, uno de los asuntos más delicados para el partido. Aguirre, en definitiva, era desde hace una semana la pieza a cobrar y ella siempre había defendido que era "a la británica: el acta no se deja nunca", había contado a Lainformacion.com en una entrevista.

Que Aguirre era una china en el zapato de Rajoy quedó evidenciado en el comunicado que emitió el PP nacional tras conocer la dimisión. En dos párrafos y ocho líneas despachó Génova la marcha de una dirigente que fue ministra, presidenta autonómica y que por menos de 10.000 votos no fue alcaldesa de Madrid. El texto que emitió el PP de Madrid, liderado por Cristina Cifuentes, fue más claro y contundente: "Nuestra organización comparte las razones expuestas por Aguirre para dejar el cargo, especialmente en lo que se refiere a que debía haber vigilado con mayor eficacia los posibles casos de corrupción, lo que ha causado daño a las instituciones y al propio partido".

La relación entre Rajoy y Aguirre no era ni buena ni mala, era inexistente. La exconcejala sí ha tenido la deferencia de enviar un mensaje de móvil al Presidente del Gobierno, que se encontraba en Brasil junto al Ibex 35, y éste le ha llamado por teléfono. Para los colaboradores monclovitas que se han quedado en Madrid la dimisión ha sido un alivio y la victoria definitiva del marianismo frente al aguirrismo.

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