Viernes, 26.04.2019 - 18:24 h
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Emilia Clarke confiesa que sufrió dos aneurismas que casi le cuestan la vida

La actriz que da vida a 'Khaleesi' en la serie de HBO ha reconocido que el fuerte estrés del rodaje y la atención que iba a acaparar fueron causas.

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Emilia Clarke confiesa que sufrió dos aneurismas que casi le cuestan la vida / HBO

"Justo cuando todos mis sueños de la infancia parecía que se iban a cumplir, casi pierdo la cabeza y también la vida". Con estas palabras comienza el artículo que ha escrito Emilia Clarke para la revista estadounidense The New Yorker que se ha publicado este jueves. Según el artículo escrito por la actriz que interpreta a 'Khalessi', en el que reconoce que sufrió dos aneurismas al final de los rodajes de la temporadas 1 y 3 de Juego de Tronos.

El artículo de Clarke continúa diciendo que, a pesar de que los creadores de la serie, David Benioff y DB Weiss, "habían dicho que mi personaje era una mezcla de Napoleón, Juana de Arco y Lawrence de Arabia", y que a pesar de haber acabado ya el rodaje y estar a punto de comenzar la gira de promoción de la serie, Clarke confiesa que no se sentía "con espíritu conquistador".Todo lo contrario. "Estaba aterrada", reconoce la actriz.

Emilia Clarke desglosa los motivos de ese terror que le acuciada al final del rodaje de la primera temporada, en 2011. La actriz dice que "estaba aterrada de la atención, de un negocio que casi no conocía y de estar a la altura de las expectativas". Además, Clarke considera que en ese momento se sentía "expuesta en todos los sentidos posibles". La actriz que da vida a 'La Madre de Dragones' habla de los desnudos que tiene que hacer en la serie diciendo que "aparezco desnuda en el primer capítulo y de ahí en adelante", y añade que no paraba de hacerse la misma pregunta continuamente: "Si tengo que interpretar a una mujer fuerte, ¿por qué tengo que seguir apareciendo quitándome la ropa? ¿Cuántos hombres más debo matar para demostrar lo que valgo?". 

Clarke comenta que, para "aliviar el estrés" que padecía, comenzó a hacer ejercicio con un entrenador personal en Londres. Fue entonces, cuando en febrero de 2011 antes del entrenamiento, reconoce que comenzó a sufrir un "terrible dolor de cabeza" que apenas "me permitía ponerme las zapatillas". 

Clarke volvió al vestuario "casi arrastrándome" y fue entonces cuando empezó a sentirse "violentamente enferma". La actriz describe el dolor que sentía, y que a cada momento "iba a peor", como si le estuvieran "disparando, apuñalando y contrayendo en dolor". Clarke añade que "hubo un momento" en el que "me di verdadera cuenta de que mi cerebro estaba dañado".

Ya en el hospital y tras el caos inicial de su llegada a urgencias, en una resonancia magnética, Clarke confiesa que le encontraron una hemorragia subaracnoidea, básicamente un derrame de sangre al cerebro producido por un aneurisma cerebral. Clarke cuenta que, según le dijeron los médicos, existe "un riesgo muy alto" de sufrir un segundo aneurisma que es "a menudo mortal" y que, si quería vivir y "evitar déficits terribles", tendría que someterse a cirugía urgente y que, incluso ahí, "no había garantías".

La protagonista de Juego de Tronos recuerda que tuvo que firmar un formulario para acceder a hacerle cirugía cerebral y que tras firmarlo, los cirujanos "estuvieron tres horas ocupándose de reparar mi cerebro". La odisea de la joven actriz de 24 años en ese momento añade otro miedo anunciado, que esa no sería su última operación ni tampoco "la peor". Al despertar de la operación, Clarke cuenta que el dolor que sentía "era insoportable" y que había perdido cualquier sentido de orientación o de dónde estaba.

Segundo aneurisma

Clarke da un salto en el tiempo hasta 2013, el final del rodaje de la tercera temporada de la exitosa serie de televisión de HBO. Estando en Nueva York, Clarke cuenta que fue a "una prueba exploratoria", algo que debía hacer "con regularidad" para evitar otros fatídicos episodios. Los médicos le dijeron que tenía un aneurisma algo grande y que "había que cuidarlo". Para evitar un derrame le recomendaron una "simple operación", más "fácil" que la anterior. Pero, según Clarke, no lo fue.

"Me desperté gritando del dolor", dice Clarke alegando el dolor a que "el procedimiento había fallado". La actriz había sufrido un derrame masivo y era necesaria otra operación de urgencia o sus esperanzas de sobrevivir "eran escasas". Clarke confiesa que, en esta ocasión, la operación fue "más dolorosa" y que parecía "peor que cualquier guerra que hubiera pasado Daenerys". La actriz estuvo un mes en el hospital y reconoce que, en algunos momentos, "perdió toda esperanza" de recuperación. Había salido de la operación con un drenaje en la cabeza y tenía trozos de titanio en el cerebro, dejándola una cicatriz que va desde "mi cuero cabelludo a la oreja".

"No quería mirar a nadie a los ojos", dice la actriz, quien tampoco era capaz de calmar "los ataques de pánico" que le atacaban durante su estancia en el hospital. Clarke confiesa que "estaba convecida de que no iba a vivir" y que estaba segura de que "saldría a la luz mi enfermedad", algo que algún periodista le preguntó sobre ello y lo negó.

Por todo ello la actriz se dedica ahora a colaborar activamente con causad benéfica, sobre todo de ayuda a los que han sufrido casos similares al suyo.

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