La debilidad política no es determinante

La otra cara del fiasco para traer firmas del Brexit: “España nunca tuvo opción”

A España no se le trata en la City como un país central desde el punto de vista de las decisiones europeas sino como un mercado donde invertir.

Fotografía de la City de Londres
La otra cara del fiasco para traer firmas del Brexit: “España nunca fue la opción”. / EFE

La ‘task force’ que hace apenas dos años se creó en torno a la figura del entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, con el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), para aprovechar el éxodo de empresas que iba a provocar el Brexit y atraerlas a España, se ha quedado en nada. Es más, analistas políticos, directivos españoles de alto nivel que trabajan en Londres, consultores internacionales y expertos en la negociación británica coinciden en el diagnóstico: "Aquella iniciativa nació muerta, España nunca fue una opción válida frente a otros destinos del centro de Europa".

El presidente de la CNMV, Sebastián Albella, que hasta lanzó a finales de 2016 una página en inglés con los parabienes que el sector financiero y las empresas cotizadas tendrían si apostasen por trasladar sus sedes a España, intentaba salvar los muebles esta semana con la opción de que algunas entidades traigan a España parte de sus negocios y eso aumente la plantilla que ya tienen en nuestro país. "Ha habido algunos resultados, como anuncios de Deutsche, JP y, sobre todo, Credit Suisse de que traerán a España distintos negocios (banca privada, gestora de fondos, etc.) y reforzarán sus plantillas en mayor o menor medida. Además, alguna empresa fintech o brokers medianos o pequeños tienen casi decidido abrir oficina en España", aseguran desde la institución, pero de ahí a traer un gran banco, fondo, gestora o cualquier otra corporación hay un abismo.

Un informa de Oliver Wyman estimó en 75.000 los empleos que debían moverse de la City ante un Brexit duro o con desacuerdo, como el que se está gestando ahora. Y será en ese último momento, tras conocer los detalles del pacto (o de la ruptura), cuando se cierren algunas de las opciones pendientes sobre el traslado de empresas y plantillas, sobre todo en el ámbito financiero, un último coletazo que se puede aprovechar para atraer a los últimos indecisos, pero nada más, aseguran los expertos consultados. La parte más importante de los traslados se la han llevado ya Amsterdam, Luxemburgo, París y, sobre todo, Francfort, un centro neurálgico para los mercados donde tiene la sede el BCE.

Para acercar Londres a Madrid se creó incluso 'Think Madrid', una iniciativa del Gobierno autonómico, con Cristina Cifuentes al frente y que contó con el fichaje del economista Daniel Lacalle. Tras atraer la atención de apenas una decena de entidades, dos años después, sus resultados no se ven por ningún sitio. "España se siente todavía lejos a la hora de hacer negocios", señalan desde Londres un par de asesores jurídicos de alto nivel que están cada día en contacto con empresas de ambas partes. A su entender, no se trata de cuestiones políticas ni siquiera de la inestabilidad que puede generar el problema catalán –"el procés es un tema agotado aquí", aseguran-, el problema es que a España no se le trata en la City como un país central desde el punto de vista de las decisiones europeas, "es más bien un gran mercado al que acudir en busca de negocio y como puerta de Latinoamérica, pero nada más; le pasa lo mismo que a Italia, que a pesar de ser economías grandes de la UE, no están cerca en términos europeos, al menos en el mundo de las altas finanzas", señalan.

Ni siquiera la reforma fiscal o los cambios de responsables políticos en puestos clave para la inversión parecen ser decisivos a la hora de decidir la implantación en Madrid de una empresa que deje Londres, algo que sí critican algunos analistas políticos desde España. Todas las fuentes consultadas reconocen que la iniciativa de la CNMV y Economía, con Luis de Guindos, fue rápida y estuvo bien dirigida, pero por una razón o por otra no ha tenido continuidad y "aquí nadie sabe que existe una página en inglés del organismo regulador ni nada de eso". "Al Gobierno a veces se le ve desde aquí como un Gobierno de red social, de grandes anuncios, pero eso no es decisivo, España nunca tuvo una posibilidad realmente significativa de llevarse a las grandes firmas financieras", aseguran.

El traslado de la Agencia Bancaria Europea (EBA) a París en lugar de a Madrid o Barcelona certificó el fracaso español a la hora de erigirse como polo de atracción de empresas de la City. Desde entonces, solo la aseguradora británica Almiral anunció su implantación en la capital de Espña para centralizar su negocio en la Europa Contintental, y desde entonces, poco más está en juego ya. No siquiera el menor precio de las oficinas y la vivienda ha sido un factor determinante a la hora de optar por España frente a París, o Francfort, sobre todo si se viene de un centro neurálgico londinense como Canary Wharf, donde se pagan casi 900.000 libras (algo más de un millón de euros) por un apartamento de nivel medio alto.

La paradoja de las inversiones

La gran contradicción (o no) del escaso éxito de España a la hora de atraer empresas del Brexit contrasta con la buena marcha que llevan las relaciones comerciales entre ambos países y los flujos de inversión. Según los últimos datos disponibles, la inversión directa del Reino Unido en España en los primeros seis meses del año estuvo cerca de los 1.900 millones de euros, según los datos del Barómetro sobre Clima y Perspectivas de la Inversión Británica en España, elaborado por AFI y publicado este mismo mes. Eso completa un stock de capital británico en España de más de 66.600 millones de euros y confirma a Reino Unido como el segundo mayor inversor en nuestro país, solo superado por Estados Unidos.

Del lado del comercio exterior, las exportaciones españolas a suelo británico han crecido en los últimos ocho años más de un 35%, hasta alcanzar los 35.000 millones de euros. Del lado contrario, España es el décimo mercado de las exportaciones británicas, con un ritmo de crecimiento del 10% en el último ejercicio.

Los datos del barómetro, encargados por la Cámara de Comercio Británica en España, corroboran otra de las percepciones de los abogados consultados: la relación económica postbrexit entre España y Londres se va a ver muy dinamizada por la fuerza de la inversión productiva entre ambos países. “Que España no haya recibido grades empresas financieras ahora, no obsta para que siga mejorando en el ámbito industrial”, asegura un consultor internacional que trabaja a caballo entre ambos mercados. La previsión no es solo que se pueda producir deslocalizaciones productivas en sectores en los que España es un país puntero, sino en la opción de que haya incluso "localizaciones dobles", de empresas con intereses en ambos países que quieran aprovechar la cadena de suministro con instalaciones propias en cada sitio y evitar posibles costes arancelarios.

Tal vez esa sea la razón por la que el estudio realizado por AFI asegure que el 62% de los inversores británicos tienen previsto aumentar sus inversiones en España frente a tan solo 4% que piensan reducirlas. Y de ese 62% que va a incrementar sus inversiones, el 80% piensa hacerlo en el plazo de doce meses.

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