Jueves, 18.10.2018 - 05:06 h
Desde 'La Gloriosa' a la Transición

La peseta, la moneda cuyo nombre se acuñó en Cataluña y hoy tendría 150 años

Curiosidades, errores y sorpresas del nacimiento de la moneda que se usaría en la economía nacional durante casi siglo y medio antes del euro. 

La peseta habría cumplido siglo y medio
La peseta habría cumplido siglo y medio. / La Información

Durante el reinado de Isabel II, desde 1833 a 1868, se acuñaron en España diferentes monedas como maravedís, reales, cuartos, pesos y escudos, impresos en cecas en Filipinas, Madrid, Barcelona, y Segovia. Estaban hechas de oro, plata y de bronce.

En el anverso se podía ver la imagen de la reina Isabel, desde que era menor de edad, hasta que alcanzó la mayoría en 1844 (hubo una medalla conmemorativa en Barcelona), y las posteriores donde aparecía el lema: Isabel por la Gracia de Dios y la Constitución.

Peseta de la reina Isabel de 1865.
Peseta de la reina Isabel de 1865.

Pero eran demasiadas monedas para un solo país.

Los franceses lo habían resuelto en la Revolución Francesa, acuñando francos de oro y plata. Un país, una moneda.

En 1868, las cosas cambiaron en España. La crisis económica de esa década, unida a la quiebra de las sociedades de ferrocarriles, y al colapso financiero de los bancos, crearon un enorme malestar que desembocó en la caída del gobierno, y en la huida a Francia de Isabel II, la reina de España, y la cara que estaba en todas las monedas. El 30 de septiembre de 1868 acabó su reinado.

Entre los cambios que trajo la Revolución Gloriosa estuvo el imitar a Francia para crear la propia moneda. Se le llamaría peseta (dicen porque en Cataluña se le llamaba peçeta a las monedas pequeñas del peso), y sería la moneda nacional.

Días después de crearse el gobierno provisional (3 de octubre de 1868), el ministro de Hacienda Laureano Figuerola, propuso crear un nuevo sistema monetario español al que se llamaría peseta. “El triunfo de la revolución iniciada en el glorioso alzamiento de Cádiz hace indispensable una medida de grandísima importancia: la reacuñación de la moneda”, decía el texto de la ley que se preparaba.

Dicho y hecho, el 19 de octubre de aquel año se aprobó a toda velocidad el decreto que daba nacimiento a la peseta: fue hace 150 años. Como se entraba en una nueva época política, era conveniente “olvidar lo pasado, rompiendo todos los lazos que a él nos unían, y haciendo desaparecer del comercio y del trato general de las gentes, aquellos objetos que pueden con frecuencia traerlo a la memoria”, añadía el decreto.Entre esos objetos estaban las viejas unidades monetarias con la efigie de la reina.

Puesto que la moneda de cada época “ha servido siempre para marcar los diferentes períodos de la civilización de un pueblo”, la nueva moneda española debía traer “en sus formas y lemas el principio fundamental de la Constitución y modo de ser de la soberanía”.

Para ello había que tener en cuenta que “no habiendo hoy en España más poder que la Nación, ni otro origen de Autoridad que la voluntad nacional, la moneda sólo debe ofrecer a la vista la figura de la patria, y el escudo de las armas de España, que simbolizan nuestra gloriosa historia”.En un artículo 1º de la ley, se detallaba que la nueva moneda se llamaría peseta. Y en el 6º se expresaba que “todas las monedas cuyo tamaño lo permita, ostentarán una figura que represente a España”.

Representar la idea de España

Sobre tal cometido, el gobierno solicitó urgentemente un informe a la Real Academia de la Historia, que en menos de un mes ya había emitido su documento. La nueva moneda debería buscar su inspiración nada menos que en el Imperio Romano, en concreto en las monedas del emperador Adriano, dijeron los académicos. Este emperador, de origen hispano, había nacido en el 78 después de Cristo, probablemente en Itálica (ahora a las afueras de Sevilla, donde se están descubriendo más restos romanos), y fue uno de los mejores emperadores que se conocen.

Moneda antigua de Adriano del siglo I DC. Hispania en el reverso con un conejo a sus pies.
Moneda antigua de Adriano del siglo I DC. Hispania en el reverso con un conejo a sus pies. / La Información

Para acentuar su “españolismo” los académicos recordaron que entre las viejas monedas romanas que circularon por el imperio con la efigie de Adriano en el anverso, algunas decían “Hispania” en su reverso, donde aparecía la imagen de una mujer descansando sobre unas rocas que algunos especialistas indicaban que podrían ser los Pirineos, y otros la roca de Calpe. En su mano llevaba unas hojas de olivo y a su lado aparecía un conejo, uno de los animales más populares de la península.

Pero antes de que se empezara a troquelar la nueva moneda, los gobernantes decidieron quitar al conejo, según explica José María de Francisco Olmos, profesor titular de Epigrafía y Numismática de la Universidad Complutense de Madrid.

La primera peseta tenía muchas curiosidades. El grabador de la Casa de la Moneda, Luis Marchionni, siguió las instrucciones del gobierno. La versión de oro mostraba en el anverso la imagen de la Hispania de los tiempos de los romanos (la matrona), con la palabra “España” en la parte superior, y la fecha “1868” en el inferior. Con una rama de olivo en su mano derecha, la matrona señalaba a la roca de Gibraltar, y a su espalda estaban los Pirineos. A sus pies, el Océano. Es decir: España, desde Gibraltar a los Pirineos, entre dos mares, por si cabían dudas.

En el reverso, las palabras eran “soberanía nacional” (para recalcar que el poder ahora estaba en el pueblo), y “gobierno provisional”.

Primera peseta de plata en 1969.
Primera peseta de plata en 1969. / La Información

Lo llamativo era la imagen: nada menos que el escudo de los Reyes Católicos. Las instrucciones eran estas: “Escudo en forma oval dividido en cuatro cuarteles. En el primero un castillo de oro en campo rojo; en el segundo, un león en campo de plata; en el tercero, las barras de Aragón en campo de oro, y en el cuarto las cadenas de oro en campo rojo, de Navarra, y en la parte inferior del escudo, cuartel de Granada”.

La versión de plata incluyó las columnas de Hércules, con la leyenda Plus Ultra (Más Allá), que fue la propia del emperador Carlos I, en el siglo XVI. La idea de añadir esas imágenes de la realeza de los Austrias se debía a que los revolucionarios consideraban que fue el nacimiento de la nación española, la primera de Europa.

Y aquí viene lo curioso: el mismo gobierno que había expulsado a la descendiente de otros reyes, los Borbones, apelaba a crear una moneda en cuya acuñación apareciera “la unidad política bajo los Reyes Católicos; borrando para siempre de ese escudo las lises borbónicas y cualquier otro signo o emblema de carácter patrimonial o de persona determinada”.

“La rapidez que el Gobierno quiso imprimir a todo este proceso de cambios iconográficos conllevó la aceptación, al menos en un primer momento, de algunas anomalías en las monedas, por ejemplo, la primera pieza de plata emitida con las nuevas características tipológicas, con valor de 1 peseta, salió sin el nombre del estado emisor: España, siendo sustituido por el de Gobierno Provisional, lo que conllevó muchas críticas”, dice el profesor De Francisco Olmos en su ensayo “La peseta: nueva unidad monetaria y medio de propaganda político”.

Una de las razones que sustentaba el nacimiento de una moneda nacional era que, pocos años antes, Francia había impulsado algo que se parecía al euro actual: la Unión Monetaria Latina. Se unieron inmediatamente Bélgica, Italia y Suiza. Dichos países se comprometían a acuñar monedas con el mismo valor: 4,5 gramos de plata o 0,290322 de oro.

Esas monedas podían ser intercambiables para facilitar el comercio entre naciones. España y Grecia se unieron después en 1870, (como lo hicieron con el euro en el 2002). Y posteriormente se unieron Rumanía, Austria, Bulgaria, Serbia, Montenegro, San Marino en 1889. ¡Ah!, y Venezuela en ese mismo año. Las Indias Occidentales Danesas se unieron en 1905 al mismo estándar, aunque no formalmente.

Debido a las fuertes fluctuaciones del oro y la plata, la Unión Monetaria Latina se disolvió en 1927. Pero la peseta continuó acuñándose hasta 2002, año en que apareció el euro. Tres lustros más tarde, ya hay toda una generación de españoles que jamás sostuvo en sus manos esta moneda y solo han conocido al compartido euro. 

A lo largo de las décadas, la peseta mostró efigies de Amadeo de Saboya, Alfonso XII, Alfonso XII, Franco, el rey Juan Carlos, su hijo Felipe. La excepción fue la peseta republicana de 1933, en cuyo anverso aparecía el perfil de una mujer (la República) con una rama de olivo, y en su reverso el escudo de la España de los Reyes Católicos.

Durante la Guerra Civil, el reverso fue sustituido por una vid, y por primera vez, ya no se acuñó en un metal precioso: fue en cuproníquel, de color intensamente dorado, razón por la cual se la llamó “La Rubia”.

Durante la guerra, el lado republicano, ante la falta de fondos, llegó a imprimir monedas de céntimos en cartón, adhiriendo sellos de correos en el anverso. Se las llamó “cartón moneda provisional” y podían llevar motivos como mariposas, dragones, castillos y hasta el escudo de los Austrias. Se imprimieron desde Terrassa hasta Azuqueca de Henares.

100 pesetas en oro de 1870. Se han llegado a pagar 240.000 euros. Hispania señala a Gibraltar y tiene a su espaldas a los Pirineos.
100 pesetas en oro de 1870. Se han llegado a pagar 240.000 euros. Hispania señala a Gibraltar y tiene a su espaldas a los Pirineos. / La Información

Hoy, todas estas monedas se compran y venden en los mercados numismáticos a diferentes precios. Pero la que parece tener más valor, es la de 100 pesetas en oro, acuñada en Madrid en 1870, con la efigie de la matrona en pie señalando Gibraltar, teniendo los Pirineos a su espalda. En el reverso, el escudo de los Reyes Católicos.

Según blognumismático.com se llegaron a pagar 240.000 euros en una subasta por los ejemplares perfectos, aquellos que no entraron en circulación. Se acuñaron 12 ejemplares: cinco de ellos permanecen en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

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