Sábado, 23.03.2019 - 00:14 h
Su versión paralela de la crisis de Bankia y su caída en desgracia

Rato pone en la picota al Gobierno Rajoy en pleno desgaste por la crisis catalana

El exvicepresidente económico culpa a Guindos de la caída de Bankia e involucra a varios de los actuales ministros en su investigación fiscal.

Rodrigo Rato, momentos antes de su comparecencia en la Comisión de investigación
El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, momentos antes de comparecer en la Comisión que investiga la crisis en el Coingreso. /  EFE

¿Ha sido un ajuste de cuentas con el Gobierno del Rajoy? Esta pregunta quedó ayer en el aire después de una punzante intervención de Rodrigo Rato en el Congreso donde puso en la picota al Ejecutivo del PP, apuntando a varios ministros en su caída en desgracia a raíz de la investigación fiscal abierta por la Agencia Tributaria y la nacionalización de Bankia que presidía. Venganza o no, sembró las dudas en un momento de particular debilidad para el gabinete por el desgaste de la crisis en Cataluña, arremetiendo con especial dureza contra un Luis de Guindos que aspira a un puesto de responsabilidad en la Unión Europea.

Actor y gestor en primera línea de la evolución económica y financiera desde 1996, en atalayas como la vicepresidencia económica del Ejecutivo de José María Aznar en la época donde algunos dicen que se incubó la burbuja, la máxima dirección del FMI y finalmente el timón de una Caja Madrid obligada a fusionarse casi de emergencia y salir a Bolsa, estaba citado a la Comisión parlamentaria que investiga la crisis. Una oportunidad que, curtido en lides políticas, minuciosamente aprovechó para dar su versión de la caída de Bankia y la suya propia, con el descrédito que tal episodio ha sembrado sobre la imagen de prohombre que supo sacar al país de la crisis de los noventa y subirlo en marcha al tren de la Unión Europea.

El político al que se atribuyó “el milagro económico” de la época Aznar se encuentra en la diana judicial por la salida a bolsa de Bankia y las tarjetas ‘black’, y pendiente de una investigación de la Agencia Tributaria que se remonta a su época de ministro, y que buscó desmontar en la intervención más bronca vivida hasta ahora por dicha Comisión, con cruce de acusaciones entre invitado y diputados, subidas a descalificaciones en múltiples ocasiones. “Presunto delincuente compulsivo”, miembro de un “cartel” o de un “complot de amiguetes” son algunos de los calificativos que recibió de diputados del PSOE, ERC o Ciudadanos, junto a otros reproches hasta de las filas del PP.

“¿No se da cuenta de que debe hacer un esfuerzo especial por cumplir la ley y del daño que ha hecho al partido?”, le espetó el diputado popular, Miguel Ángel Paniagua, en alusión al uso de las ‘black’. Sin amilanarse, Rato dio la vuelta al partido al que perteneció durante tres décadas y que le ha dado la espalda: “A usted le da mucha pena. A mí me da más. A mi me detienen en mi casa, delante de mis hijos y mis vecinos, el 16 de abril de 2015 a las cuatro de la tarde en base a una acusación por alzamiento de bienes, que a los quince días se cae; y un delito fiscal que llevo tres años esperando que se concrete”.

Seguro en su réplica y hasta altivo, hizo suyo el lance más delicado de los que se depuran en sede judicial, para disparar: “Ese día, a las 9.00 de la mañana, el ministro de Justicia cuenta mis datos fiscales” en una televisión y “el 14 de abril, el ministro de Hacienda, con más habilidad, habla de ello”. Según su relato, el Ministerio de Economía filtró el proceso a 'Vozpopuli' y la ministra de Trabajo -cuarto ministro involucrado- aconseja a su secretaria que se separe de él; mientras recibe un aviso de tres personas diferentes de que el Gobierno quiere encarcelarle.

La insinuación sobre confabulación quedó así servida... en el púlpito que buscaba esclarecer unas responsabilidades, sobre todo por el colapso de Bankia que, lejos de asumir, repartió visiblemente herido. Corría enero de 2010 cuando se impone de sucesor de Miguel Blesa al frente de Caja Madrid, con el favor de Rajoy, y el 7 de mayo de 2012 dimite de forma precipitada en una Bankia donde buscaba terminar su carrera y la deja al filo de la intervención, entre sospechas de no haber saneado bien unos balances atestados de riesgos tras la fusión.

Rato se amparó en el Banco de España para justificar la fusión -culpó a Fernández Ordóñez de imponerle absorber Bancaja-, la salida a bolsa y una hucha de provisiones adecuada a entender del supervisor y “del auditor”, pero que con el nuevo Gobierno del PP se juzgó insuficiente surtiendo la razón para la nacionalización.

En este punto, Rato cargó con particular animadversión contra Luis de Guindos, su antiguo colaborador, secretario de Estado en el ministerio de Economía que dirigía y hasta amigo. Pero también la persona que le segó la retribución en Caja Madrid y fijó las reglas que obligaron a toda la banca a limpiar los balances de manera abrupta -los bautizados como ‘Decretos Guindos’-. Con evidente contrariedad apuntó al cambio de guión regulatorio cuando el PP accede al Gobierno al final de 2011 como el detonante del colapso de Bankia.

“Dijo que se necesitaban 60.000 millones y empezó a caer toda la banca”, subrayó para añadir a renglón seguido que en escasos meses volaron 250.000 millones en depósitos del sector financiero o el equivalente al 25% del PIB, difíciles de explicar a su juicio exclusivamente en la extrema dificultad que pasaba el euro con Grecia, Portugal e Irlanda intervenida.

En su relato, los reproches a Guindos cobraron total intensidad atribuyéndole la decisión de cifrar el déficit de Bankia tras reunirse en tres ocasiones con él, junto a los presidentes del Santander, Emilio Botín; BBVA, Francisco González, y Caixabank, Isidro Fainé. Todo “a espaldas” del Banco de España. Resultado: provisionó 19.000 millones cuando el supervisor -defendió- había avalado, por suficiente, su propuesta de inyectar 7.000 millones sin nacionalización. “Fueron -los grandes bancos- los grandes receptores de los depósitos que salieron de Bankia”. Es “la única vez en la historia” que se actúa en una entidad financiera sin que lo decida ni sepa el Banco de España, resumió.

La llegada a Rato a Caja Madrid fue una solución casi salomónica en la disputa entre las propias filas del PP para colocar un sucesor tras apartar a Blesa -Esperanza Aguirre buscaba imponer a su mano derecha, Ignacio González, en pelea con Alberto Ruiz Gallardón-. Según Guindos, que ayer toreó las denuncias de su antiguo mentor diciendo que ahora Bankia está gestionada “por profesionales”, fue el mismo Rato quien pidió a Rajoy el puesto. Que fuese una figura respetada en el partido ayudó a allanar la solución y facilitar la integración de una Bancaja presida por el también político José Luis Olivas sin cortapisas de Gobiernos autonómicos. 

Su nombre, pero ya de exgerente del FMI, surtiría después de reclamo cuando, el nuevo grupo, carente de trayectoria y suma de siete cajas de ahorros con su propia mácula como modelo de negocio, tuvo que volcarse en roadshows internacionales a la búsqueda de inversores. Los fondos internacionales no entraron a pesar del descuento del 75% ofrecido y logró debutar en el parqué gracias al apoyo de las grandes empresas españolas que después perderían la inversión con la nacionalización. Algunas buscan su resarcimiento judicial con denuncias contra sus exgestores... Rato apunta las responsabilidades al Gobierno.

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