Viernes, 20.09.2019 - 16:44 h
El Gobierno de Urkullu da su visto bueno

Indra reactiva la compra de ITP y ultima due dilligences para la fijación de precio

La empresa vasca está valorada en torno a 1.500 millones pero el importe final dependerá de las garantías de pedidos de Rolls-Royce y Prat & Whitney.

Fernando Abril-Martorell
Fernando Abril-Martorell quiere reforzar los negocios de Defensa de Indra / EP

Fernando Abril-Martorell no desiste en su proyecto estratégico de reestructurar el perímetro de actividad de Indra para convertir al grupo en una entidad volcada a la industria de Defensa dejando en segundo término los negocios civiles agrupados en la marca filial Minsait. La operación que puede marcar el punto de inflexión en el nuevo desarrollo corporativo de Indra es la compra de ITP Aero que ha entrado en su recta final, según distintas fuentes cercanas a las negociaciones. Las empresas están ahora en la fase de due dilligences con el fin de acordar un precio definitivo sobre la referencia de los 1.360 millones de euros en que fue valorada la compañía vasca en 2016 cuando fue vendida por Sener a Rolls-Royce. La empresa confirmaba este viernes por la tarde a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que mantiene "conversaciones tendentes a explorar la posible adquisición por Indra de una participación de control en Industria de Tubo Propulsores, S.A.U."

El fabricante de motores británico puso el cartel de ‘se vende’ en ITP al poco tiempo de hacerse con el 100% del capital, lo que motivó cierto estupor en el mercado y no menos preocupación en el Ministerio de Defensa dado el carácter estratégico de los proyectos en los que trabaja la compañía vasca. El departamento que dirige ahora en funciones Margarita Robles se puso rápidamente manos a la obra para buscar un inversor español que garantizase el pasaporte nacional de ITP, pero después de distintos escarceos con empresas como Gestamp, Aciturri o la propia Aernnova, heredera de la antigua Gamesa Aeronáutica, la única que mostró un verdadero interés por abordar una negociación de compra fue Indra.

El problema se suscitó a partir de entonces en el seno del Gobierno vasco, que veía con enorme recelo la integración de una compañía teóricamente nacida al amparo de su ADN dentro de una entidad más grande y controlada por el Estado español. No hay que olvidar que la SEPI tiene  casi un 19% de Indra y cuenta con dos representantes en el consejo de administración de la empresa, como son Antonio Cuevas y Miguel Sebastián, ambos nombrados a instancias del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Finalmente, los promotores del proyecto han manejado argumentos de peso a la contra, poniendo de relieve la diversidad accionarial de Indra y su condición de sociedad cotizada y han conseguido alejar el fantasma de nacionalización que pudiera alterar la eventual fusión de Indra e ITP.

La operación en ciernes está ahora despejada de condicionantes políticos y depende exclusivamente de la capacidad negociadora de ambas partes, entendiendo por tales a Indra y, sobre todo, a Rolls-Royce y el resto de grandes clientes de los que depende el futuro de ITP. Las cartas están sobre la mesa de negociación y las due dilligences preliminares se encuentran prácticamente concluidas. La estrategia compradora de Indra ha sido descontada en el mercado, máxime después del protagonismo que ha adquirido dentro de la empresa Ignacio Mataix, el ‘fichaje estrella’ de Abril-Martorell, actual consejero de Indra y responsable ejecutivo del negocio de Defensa y que antes fue precisamente director general de ITP.

Por parte de Rolls-Royce la posición vendedera no admite tampoco dudas después de que la multinacional británica haya contratado a Goldman Sachs como banco de inversión encargado de pilotar la colocación de la empresa. Más allá de su papel como accionista dispuesto a desinvertir, el principal papel de Rolls-Royce para culminar con éxito la operación reside en su posición de primer cliente de ITP. Para Indra es fundamental que la adquisición esté respaldada por un plan de negocio que consolide a la empresa vasca como proveedor de primer nivel (Tier 1) de los principales fabricantes de motores aeronáuticos del mundo. El equipo negociador que encabeza Mataix quiere asegurar una cartera de pedidos a largo plazo con clientes tan jugosos como son Pratt&Whitney, Honeywell y General Electric, aparte, por supuesto, de Rolls-Royce.

A vueltas con Minsait

Indra necesita que la futura ITP mantenga su naturaleza como licenciataria de Rolls-Royce sea cual sea el proceso de integración con el que la empresa vasca se incorpore al perímetro de consolidación del grupo presidido por Abril-Martorell. La multinacional británica es consciente, por otra parte, que Indra es un buen pagador como se demostró con la última compra de Tecnocom, donde Indra cedió prácticamente la totalidad de las sinergias que suponía la compra en favor de un mejor precio con el que seducir a los vendedores.

La empresa participada por la SEPI dispone además de una posición de balance desahogada para abordar la inversión en ITP. Los analistas financieros consideran que Indra podría recurrir a una nueva emisión de bonos convertibles que han sido uno de los instrumentos habituales de la empresa en sus programas de financiación. En última instancia, existe siempre la opción de tentar al mercado en busca de algún postor o socio ocasional para Minsait, aunque esta alternativa dependerá de la capacidad de la filial para alcanzar unos niveles de rentabilidad acordes con la media del grupo.

La división de transporte y defensa de Indra obtuvo al cierre del primer trimestre de este año un margen de ebitda del 11,8% que se vió lastrado en el conjunto de la empresa hasta un 9,5%. El mismo ratio en Minsait fue del 1,6%,  lo que quizá explique también el interés del equipo presidido por Fernando Abril-Martorell de concentrar todos los esfuerzos en el core business de un mercado prácticamente cautivo como es todo lo que tiene que ver con el negocio base de carácter militar. Las actividades civiles casi duplican a día de hoy los ingresos de las de defensa, pero eso no hace sino incrementar el desafío que supone su administración dentro del grupo, ya sea por la necesidad de impulsar los niveles de rentabilidad o, en su defecto, por la conveniencia de encontrar un comprador que reconozca el valor intrínseco que pudiera llegar a alcanzar Minsait.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios