Sábado, 19.10.2019 - 21:53 h
Los personajes del procés

Perfil | Santi Vila, el conseller que abandonó el barco antes de hundirse

El 26 de octubre de 2017 dimitió por sus diferencias sobre convocar elecciones y anunciar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI).

Santi Vila paga la fianza de 50.000 euros impuesta para salir de prisión
Santi Vila, exconseller del Govern de Carles Puigdemont. / EFE

Posiblemente, a cualquiera del ala más radical del independentismo que se le preguntase por Santi Vila, le pondría el peyorativo de traidor. En el que fuera consejero del Govern de Puigdemont se vislumbra, desde las esferas catalanas más nacionalistas, la imagen del díscolo que abandonó el barco el primero, justo cuando estaba a punto de hundirse. 

Fue exactamente el 26 de octubre de 2017. Aquel día dimitió de su cargo como consejero de Empresa y Conocimiento de la Generalitat por sus diferencias con el Ejecutivo sobre no convocar elecciones y anunciar esa misma semana la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Así lo anunció a través de Twitter: "Dimito. Mis intentos de diálogo nuevamente han fracasado. Espero haber sido útil hasta el último minuto al presidente y a los catalanes". 

Catalán atípico

Para más inri, es un ferviente aficionado a los toros y defiende el diálogo con España. Dos puntos que, dichos así, bien podrían alejarse de la figura de catalán independentista que se tiene hoy en día. Pero a Vila, al menos antes, se le permitía todo. Va a hacer ya dos años desde que publicó un libro en el que cuenta cómo vivió la Diada del 11 de septiembre de 2013. Un tomo en el que propone un catalanismo más liberal y en el que, en algunos casos, se llegaba a desligar del ideario de su partido. 

Pese a todo, a la presentación de su libro acudió un buen puñado de sus compañeros de Gobierno. No sería la última vez que compartiría tiempo y espacio con ellos. Poco más tarde, se los encontraría en el banquillo del Tribunal Supremo en el juicio a los líderes del procés. A Vila le imputan por malversación de caudales públicos y desobediencia. La Fiscalía y la Abogacía del Estado solicitan para él una pena de 7 años.

Carrera política

Santi Vila nació en Granollers el 15 de marzo de 1973. La política le llegó de forma temprana: ya en 1991 militaba en ERC  y sus juventudes, actividad que compaginó con la carrera de Letras en la Universidad de Girona.

Su currículum político es extenso. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Figueras por CiU. Un año más tarde, ingresaría en CDC. Ya en 2007, salió elegido diputado en las elecciones del Parlamento de Cataluña. En 2007, fue investido alcalde de Figueras. En 2010, fue como cabeza de lista de CiU por Girona, puesto que repetiría en 2011 y 2012.

Justo antes de empezar 2013, abandonó la Alcaldía de Figueras para ser consejero de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat. Durante esta etapa, actuó de bisagra con el Ejecutivo central. Comentada era su relación con su homóloga Ana Pastor. Algo que le valió para llevar el AVE hasta la frontera francesa.

En 2016 fue nombrado consejero de Cultura durante la presidencia de Carles Puigdemont. Bajo ese cargo, se centró en las políticas de fomento del hábito de lectura e incrementó las aportaciones económicas a las instituciones culturales, entre otras cosas. 

Libertad bajo fianza

En julio de 2017 es nombrado consejero de Empresa y Conocimiento. Semanas más tarde, terminaría dimitiendo de su cargo. El 7 de septiembre de 2017 pasó a ser investigado por la Fiscalía por delitos de desobediencia al Tribunal Constitucional y malversación de caudales públicos al firmar el Decreto para la convocatoria del referéndum.

Santi Vila fue, durante un largo tiempo que coincidió con las etapas más convulsas en las relaciones entre el independentismo catalán y el Ejecutivo central, el político que continuamente aparecía en la televisión, radio o prensa. Su exposición mediática le erigió como uno de los estandartes del procés.

La fianza 'asequible' de 50.000 euros que le impuso la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela le permitió abandonar el Centro penitenciario de Madrid VII de Estremera. En 2018 terminó por cerrar las puertas de su carrera política. Le quedaría, quizás, una espinita clavada: la alcaldía de Barcelona, a la que siempre trató de aspirar.

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