Escapada

Lefkada, la bella y desconocida isla griega que se esconde en el mar Jónico

Más allá de Mikonos y Santorini, hay islas griegas que esconden tesoros de la naturaleza y donde disfrutar de un viaje de relax.

Isla de Lefkada
Isla de Lefkada / Pixabay

Grecia continental presenta el atractivo de paisajes abruptos, monasterios aupados en cumbres inaccesibles y pueblos que mantienen su vida entorno a una pequeña plaza en la que se bebe ouzo y vino, se come queso, tomates y aceitunas y donde la gente de toda la vida viste de colores oscuros con los que se protege del sol, pero sobre todo de los prejuicios de una cultura que mantiene las tradiciones apegadas a su vida diaria. En las islas la vida luce de colores. Entre los azules del Mediterráneo los cobalto de las cúpulas y las maderas de las casas y los blancos inmaculados de sus fachadas. Lefkada una maravilla desconocida en el Jónico.

Lefkada adquiere su razón de ser de los escarpados acantilados de aspecto pálido, blancuzco que contratan con el intenso azul turquesa del mar que baña sus orillas. Se podría decir que Lefkada es una isla casi por casualidad, ya que sólo se separa del continente por una estrecha lengua de agua de 50 metros. Dominando la isla sobresale el castillo de Santa Mavra, que sirvió para proteger la isla de los turcos. Lefkada es pura vegetación que llega hasta la playa, muelles desvencijados que se adentran tímidamente en el mar y cascadas que acaban en los acantilados. Iglesias y monasterios que sirven de guía y faro.

Lefkada es la principal ciudad de la isla, cuyo viejo puerto mantiene el sabor que destilan un urbanismo ancestral de pequeñas plazas, calles estrechas, casas pintadas y acicaladas hasta el detalle, para mantener la uniformidad de colores que definen la personalidad de la isla. La Plaza de Spiridon es el corazón donde residen tabernas y terrazas bajo la advocación de la torre de la iglesia del siglo XVII. En Nautilus, sirven una cocina de recetas tradicionales griegas. Cocina sin mucha complicación, pero de producto natural aderezados con buen aceite de oliva.

En Grecia, como en todo el Mediterráneo, la vida transcurre en plazas como la de Karya, a la que unos grandes árboles le prestan sombra bajo la cual la taberna Karaboulias monta su agradable terraza en la que comer buenos pescados a la parrilla. A unos minutos de la ciudad el viento reina sobre la playa de Milos que se ha convertido en un paraíso para las cometas que arrastran las tablas que cruzan a gran velocidad el mar. 354 escalones descienden a la playa de Egremni, de aguas transparentes. En Nidry un baño bajo sus cascadas y una visita a la gran cueva de Papanikolis, de estalactitas.

Lo mejor es recorrer la isla en ciclomotor. Así desde Nidry, en The Pinewod, una taberna abierta sobre el mar, se puede comer buen pescado, mientras las olas, rompen constantes contra la orilla. T'agnantio es una apuesta segura y tiene unas vistas preciosas. Su especialidad son las sardinas y ensaladas. Parada obligada en el restaurante Panorama, vistas fabulosas sobre el acantilado. En el puerto de Vassiliki, el restaurante Stelios, sirve muy buenos y variados mezzes, rico queso feta, aceitunas, buen marisco y mejor pulpo. En Athani, buena miel y aceite y una de las mejores playas de la isla, la de Gialos.

Mientras recorre la isla, de restaurante en restaurante, playa a playa y pueblo a pueblo, llegará a Agios Nikitas, un punto en el mapa en el que bares y restaurantes apostados a los lados de la única calle van a morir al mar y una pequeña playa que le hacen un lugar encantador para comer. Fiscardo es un pueblo entrañable que se conserva tal y como era antes del gran terremoto de 1953. Para dormir, llegue hasta Katouna; a Pavezzo Country Retreat, un hotel con encanto, un conjunto de casas del siglo XIX, debidamente reformado y desde el que se disfruta de unas vistas fantásticas sobre el horizonte, el cielo, el mar y los campos de olivos.

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