Martes, 19.11.2019 - 22:18 h
La división territorial

Los 23 enclaves 'indepes' en los que el mapa se equivoca y votan a la contra

La situación de estos pueblos provoca disfunciones administrativas, gastos extras para las arcas municipales y problemas para los vecinos.

Berzosilla es el único municipio dentro del territorio cántabro en el que el PRC de Miguel Ángel Revilla no ha logrado ni un solo voto en el pasado 'maratón' electoral que ha vivido España en las últimas semanas. Pero la formación de Revilla 'arrasa', sin embargo, en el Valle de Villaverde. Un pueblo en medio de Vizcaya donde no se ven ikurriñas y en el que el PRC consigue el 75% de los votos en las elecciones autonómicas y los siete concejales del ayuntamiento en las municipales. Llivia, es una aldea gala más allá de los Pirineos en la que el Frente Nacional de Marine Le Pen, primera fuerza francesa en esos comicios, no rascó ni un solo voto en las elecciones europeas del 26M. Este pequeño pueblo pirenaico es territorio… De Junqueras y Puigdemont y ERC y JuntsXCat ganan las elecciones.

No es que los habitantes de Berzosilla, Valle de Villaverde o Llivia se hayan vuelto locos y más 'indepes' que nadie es que ni Berzosilla es Cantabria, ni el valle de Villaverde es Vizcaya ni Llivia es Francia, aunque estén dentro de su territorio. Berzosilla es un pueblo palentino, el Valle de Villaverde es cántabro y Llivia gerundense. Tres de la veintena de enclaves que hay en España. Pueblos en los que el mapa se ‘equivocó’ y están físicamente dentro de un territorio al que no pertenecen. Una anacronía que, en muchas ocasiones provoca disfunciones administrativas, gastos económicos… Algo que se repite en municipios y pedanías como Petilla de Aragón, Treviño, Rincón de Ademuz, Pedanía de Lastrilla, Torrejón del Rey, Orduña, Pinós… Y en provincias como Teruel, Valencia, Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Burgos, Palencia, Cantabria, Vizcaya, la Rioja, Gerona, Barcelona…

Pero quizás sea Treviño, el enclave burgalés dentro de Álava (País Vasco), el caso más mediático y disputado y en el que, por ejemplo, se han celebrado en el último siglo varias consultas que, de cualquier manera, no han modificado la singularidad de este enclave burgalés rodeado de territorio vasco. Así, por ejemplo, los teléfonos fijos de Treviño tienen prefijo alavés, algo que, más allá de la anécdota, implica que cuando se llama al 112 desde un fijo el enfermo a Vitoria, a 20 kilómetros de distancia, y cuando se llama desde un móvil es probable que si el caso es grave, el paciente acabe en Burgos, a 100 kilómetros de casa. 'Líos' administrativos que, por ejemplo, quizás motivaron que en 2014 muriera una pequeña niña de 3 años sin llegar a ser atendida ni por las urgencias médicas del País Vasco ni por las de Burgos.

Treviño ha saltado en estos últimos días a los medios de comunicación porque en uno de sus pueblos, La Puebla de Arganzón, el alcalde será con toda probabilidad Pablo Ortíz de Latierro, cabeza de lista de la candidatura de EH Bildu, que ganó las elecciones con el 44,03 %, seguido del PNV, con 35,45 %. Del resto de partidos solo el PP sacó otro concejal, con el 15,3% de los votos. En el otro municipio que compone el enclave de Treviño, EH Bildu solo ha conseguido un concejal y los nueve ediles se distribuyen entre 6 candidaturas, ninguna con mayoría para gobernar.

Treviño

El candidato de EH Bildu asegura que su objetivo es que Treviño se integre en Álava, "pero no nos olvidamos de los servicios para los vecinos", que es el verdaderos caballo de batalla de un pueblo en el que están empadronados algo más de 500 personas, pero viven 1.000 porque hay muchos que están censados en la cercana Vitoria para poder beneficiarse de los servicios de esta ciudad y del País Vasco. Entre ellos la sanidad. Merced a un convenio firmado con el Gobierno vasco cuando Patxi López era lehendakari los habitantes de Treviño se benefician indistintamente de la atención sanitaria de Euskadi o de Castilla y León, sobre todo en lo referente a algunas especialidades médicas, "pero a veces es un lío", cuenta una vecina. Ahora, por ejemplo, en el consultorio de Treviño no hay pediatra y los niños deben de ir al médico a la vecina Miranda de Ebro (Burgos). 

Sin embargo, para poder estudiar en euskera los habitantes de Treviño deben de acudir a ikastolas alavesas en autobuses financiados por los ayuntamientos porque ni paga el Gobierno vasco ni la Diputación de Burgos. Por sus calles uno ve ikurriñas, carteles en euskera… Pero, de momento, este territorio sigue siendo de Burgos. En el Valle de Villaverde (antes Villaverde de Trucios), sin embargo, no hay ikurriñas. En su ayuntamiento ondean la bandera roja y blanca de Cantabria y la española. Estamos en territorio vizcaíno, en Las Encartaciones, pero sólo físicamente, porque el Valle de Villaverde es Cantabria. Territorio Revilla, cuyo partido, el PRC, ha 'arrasado' en las elecciones y el primer edil del pueblo seguirá siendo el regionalista Javier Pérez.

Cantabria y Vizcaya se han enfrentado en numerosas ocasiones en los tribunales por la soberanía de este pueblo de apenas 300 habitantes, pero todas las resoluciones judiciales han apoyado la pertenencia histórica del municipio a Cantabria. En la actualidad la polémica sobre la pertenencia territorial del valle de Villaverde, cuyos teléfonos tienen prefijo de Vizcaya, pero el código postal del pueblo es cántabro, se ha calmado y Cantabria y Vizcaya han llegado incluso a acuerdos para facilitar la vida a los vecinos, por ejemplo permitiendo que reciban atención sanitaria en el País Vasco o que los niños del municipio sean escolarizados en Vizcaya.

Una gran estelada, bandera independentista catalana, preside el pueblo de Llivia, 1.500 habitantes, un pueblo que pertenece a Girona, a ocho kilómetros de Puigcerdá, pero rodeado por territorio galo por todas partes. Así es desde 1659, cuando la España de Felipe IV y la Francia de Luis XIV firmaron el Tratado de los Pirineos para poner fin a la Guerra de los 30 años. "En realidad Llivia nunca se ha movido, siempre ha estado en el mismo sitio. La que se ha movido es la frontera”, sentencian los vecinos.

En Llivia, pueblo dominado electoralmente por los partidos de Junqueras y Puigdemont (en las últimas elecciones europeas entre ambas formaciones lograron el 76% de los votos y el primer partido no nacionalista fue el PSC con apenas un 10% de los votos) se habla, indistintamente, castellano, catalán y francés y según explica el alcalde, Elies Nova i Inglés, de ERC, el estar en medio de territorio francés, "no supone mayores problemas, más allá de situaciones puntuales como pudo ser la llamada hace unos años 'guerra de los stops' (un conflicto en torno al paso preferente por la carretera N-154, probablemente la más corta de la red de carreteras del Estado, que comienza y acaba en territorio francés) o algunos problemas con la red de abastecimiento de aguas, que se intensifican en periodos de sequía".

En Llivia, que vive principalmente del turismo y la hostelería por su cercanía a estaciones de esquí como la de La Molina, los franceses de los pueblos cercanos se benefician de los horarios ‘más relajados’ de los bares en España o de las peluquerías, mientras que los llivienses se aprovechan, por ejemplo, de los precios mucho más baratos en Francia de la salud bucodental o de la vivienda. Eso sí, algún lliviense proclama que son el primer municipio catalán en independizarse de España, al menos geográficamente. La realidad es que Llivia sigue siendo España, aunque esté rodeado de territorio francés.

En Berzosilla, 50 habitantes, pasan olímpicamente de eso de ser ‘indepes’. Esta localidad bañada por el Ebro, que nace a pocos kilómetros de aquí, pertenece administrativamente a Palencia, pero su término municipal se distribuye entre Cantabria y Burgos. En este pequeño pueblo de montaña, desde 2017 incluido en el geoparque Las Loras, el primer geoparque de la Unesco en Castilla y León, y las vecinas pedanías de Cezura y Lastrilla, también porciones palentinas en Cantabria, no hay problemas de secesionismo, pero sí hay reivindicaciones respecto sus comunicaciones porque desde la puesta en servicio de la Autovía de la Meseta se encuentran ‘aisladas’ y no hay desvíos directos hacia ellas. Quién sabe si el presidente cántabro. Miguel Ángel Revilla, plantea esta reivindicación para que el diputado del PRC apoye en el Congreso de los Diputados la investidura de Pedro Sánchez. Porque Berzosilla, Cezura y Lastrilla son de Palencia, pero están en Cantabria… Y en Burgos, qué lío.

Petilla de Aragón está en la provincia de Zaragoza, pero es una porción del territorio navarro. En este pequeño pueblo de 34 habitantes se repitieron miméticamente el pasado 26 de mayo los resultados del conjunto de Navarra en los comicios autonómicos. Triunfó Navarra Suma (UPN-PP-Cs) y detrás, a bastantes distancia, el Partido Socialista y los partidos independentistas vascos (Geroa Bai y Eh Bildu). Sin embargo este enclave navarro en medio del territorio aragonés no es conocido por ello, sino por ser la cuna del premio nobel Santiago Ramón y Cajal. Bien es cierto que el premio nobel de Medicina del año 1906, de padres aragoneses, dejó Petilla a los dos años y vivió con sus progenitores en Aragón, pero los habitantes de su ciudad natal no renuncian a la ‘navarridad’ del insigne médico.

Orduña es un enclave de Vizcaya situado entre Álava y Burgos. Cuenta con 4.100 habitantes. Es un feudo nacionalista y en las pasadas municipales EH Bildu (6) y PNV (5) se hicieron con el 100% de sus concejales. En Orduña, pese a todo, hay plaza de toros, pero el ayuntamiento independentista tiene guardado en un almacén sin colocarlo en el pueblo el busto que recuerda a uno de sus hijos más insignes: el torero Iván Fandiño, que murió en junio del 2017 corneado por un toro en la francesa plaza de Aire sur L’Adour. Cosas de los nacionalismos, los territorios, los enclaves… En esas estamos en España en pleno siglo XXI.

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