Domingo, 17.02.2019 - 09:53 h
Están prohibidas en todo el mundo

Confirman el origen de las misteriosas emisiones que dañan la capa de ozono

A pesar de los buenos datos sobre el agujero de la capa de ozono, que empieza a desaparecer, hay un país que sigue contribuyendo a su destrucción.

Los sprays eran el principal origen de los CFC / Pixabay
Los sprays eran el principal origen de los CFC / Pixabay

A pesar de los preocupantes niveles de dióxido de carbono que se registran en las grandes ciudades del planeta, del tremendo retroceso de los casquetes polares y de que los Acuerdos de París de 2015 se hayan quedado sin el apoyo de EEUU, en los últimos años hay una tendencia especialmente positiva, especialmente para aquellos que llevan décadas luchando contra el cambio climático: el agujero de la capa de ozono está empezando a sanar y el año pasado alcanzaba mínimos en la serie histórica desde que se detectó.

Desde la firma del Protocolo de Montreal, en 1987, se ha restringido eficientemente el uso de agentes químicos que dañan la principal protección del planeta ante la radiación ultravioleta de alta frecuencia. De hecho, la prohibición de clorofluorocarburos (CFC) y agentes similares es una de las principales causas de que la capa de ozono esté sanando en general. Sin embargo, no todo son buenas noticias. A pesar de este retroceso, el agujero de la capa de ozono ha vuelto a crecer en los últimos meses por razones desconocidas hasta ahora.

La industria china y el incumplimiento de los niveles de emisiones

La revista Nature publicaba en mayo un dato preocupante: la reducción de niveles de emisiones de este tipo de agentes químicos no sólo no ha alcanzado lo pactado hace 30 años, sino que además empieza a incrementarse. Desde 2008 -cuando el Protocolo de Montreal establecía que las emisiones debían desaparecer por completo-, se ha pasado de unas 55.000 toneladas de CFC al año a unas 65.000 toneladas en 2016. Por eso, basándose en los datos, la Agencia de Investigación Mediambiental (EIA), se puso manos a la obra para determinar la fuente de este incremento.

EL presidente de China, Xi Jinping, en una reciente visita a Rusia / Kremlin
EL presidente de China, Xi Jinping, en una reciente visita a Rusia / Kremlin

El pasado lunes publicó los resultados de su investigación en un informe que señala directamente a un país: China. Al menos 18 industrias en 10 provincias del país han encontrado maneras de sortear las restricciones legales de usar CFC, lo que explica no sólo el incremento de sus niveles en los últimos ocho años, sino casi la totalidad de las emisiones de clorofluorocarburos del planeta.

Espumas aislantes para la construcción

Quizás, lo más sorprendente no sea la cantidad de CFC emitido por las industrias chinas, sino para qué lo utilizan: cuando fueron interrogadas por la EIA, las compañías explicaron que lo utilizan para crear espumas aislantes. De hecho, su argumento se basó en que los clorofluorocarburos son el químico más eficiente para crear este tipo de compuestos: es barato y fácil de producir en comparación con otras alternativas legales. Y, considerando el 'boom' de la construcción que vive China en los últimos años, este ahorro podría ser considerable.

El problema es que el CFC, así como su variante legal, el HFC -hidrofluorocarburos-, no sólo destruyen la capa de ozono, sino que también son gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global, incluso en mayor medida que el dióxido de carbono. Y, a pesar de que los países firmantes del Protocolo de Montreal acordaron en 2016 incluir el HFC en su lista de agentes prohibidos, el uso de ambos químicos sigue estando por encima de las previsiones, en su mayor medida por parte de las industrias chinas.

De continuar a este ritmo, sólo las emisiones de CFC de China recuperarían los niveles previos al Protocolo de Montreal, superiores a las 100.000 toneladas anuales, de aquí a 2022. Algo que, sin duda, pondría en serio peligro la recuperación de la capa de ozono y aumentaría los niveles de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Quizás, la única buena noticia es que las Naciones Unidas podrían sancionar y forzar a China a acabar con el uso de este tipo de químicos por incumplir un protocolo que ampara legalmente.

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