Viernes, 16.11.2018 - 23:45 h
¿Tiene lógica este sistema?

Era uno de los mayores filántropos, pero ha muerto con más dinero del que tenía

Paul Allen, cofundador de Microsoft, falleció el pasado lunes, tras dedicarse en los últimos años de lleno a causas benéficas

Paull Allen en su instituto de investigación en ciencias del cerebro. / Jordanatvulcan
Paull Allen en su instituto de investigación en ciencias del cerebro. / Jordanatvulcan

El pasado lunes falleció a los 65 años Paul Allen, fundador junto a Bill Gates de Microsoft y poseedor de la 44 mayor fortuna del mundo.

Al igual que su socio en la empresa que creó Windows, Allen era un convencido de la filantropía y, en 2010, se unió a la iniciativa Giving Pledge, por la que 40 de los más grandes millonarios se comprometieron a donar la mitad de su fortuna a causas filantrópicas.

En aquel entonces tenía una fortuna de 13.500 millones de dólares, pero, pese a que en la última década solo se ha dedicado a gestionar el conglomerado Vulcan Inc., un grupo que maneja tanto sus iniciativas filantrópicas como de inversión, ha muerto con una fortuna de 20.000 millones de dólares: un 48 % más de lo que tenía cuando se comprometió a donar la mitad de su fortuna.

No es que Allen haya hecho trampas. El cofundador de Microsoft ha donado en los últimos tiempos cientos de millones de dólares a todo tipo de causas. Al igual que muchos miembros de la élite tecnológica, se involucró personalmente en la resolución de diversos problemas. Solo en los últimos años ha donado 100 millones de dólares para fundar Frontiers Group, una asociación que financia investigaciones científicas poco convencionales, otros 100 millones para luchar contra el ébola, o 50 milones para fundar una escuela de informática.

Solo en 2016, según The Chronicle of Philantropy, donó 295 millones de dólares, el 1,6 % de su riqueza total, En total, ha donado en su vida unos 2.000 millones de dólares. Y para ello no ha tenido que hacer especiales esfuerzos.

Su dedicación a la filantropía no le impidió comprar un equipo de fútbol americano (Seattle Seahawks) otro de baloncesto (Portland Trail Blazers) y una parte minoritaria de otro de fútbol (Seattle Sounders). Compró además un 18,5 % de la productora Dreamworks, creó una productora de cine independiente y dos institudos de investigación, el Allen Institute for Brains Sciences y el Allen Institute for Artificial Intelligence. Este año donó 100.000 dólares a los republicanos, pero también había donado con anterioridad a los demócratas. También tenía un yate gigante con piscina, un cine personal y 41 suites.

Un sistema podrido en sí mismo

Como apunta Alana Semuels en The Atlantic, el hecho de que Allan haya muerto con una fortuna mayor de la que tenía antes de dedicarse de lleno a la filantropía –y comprometerse a donar la mitad de su dinero– es un signo claro de cuán roto está el sistema.

Allen no ha hecho nada malo. Todo lo contrario. Ha trabajado duro para ganar dinero y ha devuelto a la sociedad buena parte de este. Ha seguido el modelo impulsado por el empresario millonario estadounidense Andrew Carnegie, que en su seminal ensayo de 1889 El Evangelio de la Riqueza sentó las bases del modelo filantrópico que sigue reinando hoy en día en la primera economía del mundo. En él argumentaba que los ciudadanos estarían dispuestos a aceptar algunos de los problemas causados por el capitalismo si los empresarios empleaban parte de sus ganancias para resolver algunos de esos problemas.

El proyecto filantrópico de Buffet y Gates logra el apoyo de 17 millonarios más
Buffet y Gates fueron los fundadores de Ginving Pledge.

La crítica a este sistema de redistribución de la renta es tan vieja como evidente: las personas adineradas donen parte de su fortuna para solucionar los problemas que crea el sistema que les ha dado tanto dinero, pero también usan su dinero para seguir reforzando las partes del sistema que les permiten perpetuar su riqueza.

La mayoría de los súper ricos están en contra de las subidas de impuestos, que permitirían tener unos servicios públicos más eficaces, y prefieren dar su dinero a fundaciones privadas, lo que les exonera de cualquier tipo de culpa y, además, desvía la atención de un problema que es sistémico. La desigualdad ha crecido al mismo ritmo que las acciones filantrópicas.

¿Qué hacer con un donativo de 10.000 millones?

Este sistema tiene además un problema añadido y es la dificultad misma que conlleva gestionar las donaciones. Como apunta Semuels, la mayoría de ONG no saben que hacer cuando reciben donaciones muy grandes, que requieren un aumento exponencial de personal y estructura, casi de la noche a la mañana.

Lo habitual, no obstante, es que los grandes millonarios gestionen sus donaciones a través de sus propias fundaciones. Algunos lo hacen bien –es innegable el trabajo que ha hecho la Bill and Melinda Gates Foundation–, pero otros no. Y no hay nadie que controle esto.

El sistema fiscal incentiva a las personas a realizar donaciones, pero no garantiza que ese dinero se emplee realmente para beneficiar a la sociedad. Esto ocurre también en España: desgrava lo mismo hacer una donación a Acción contra el Hambre que a la Fundación Francisco Franco.

Los filántropos pueden obtener una gran rebaja de impuestos por dar su dinero a sus fundaciones privadas o a fondos asesorados por los donantes (donor-advised fund), organizaciones benéficas que atesoran un dinero que debe usarse para fines filantrópicos, pero que no tienen ningún requisito de gastar ese dinero.

Mark Zuckerberg ha vivido un 'annus horribilis' al frente de Facebook
Zuckerberg ha creado también su propia fundación. / EFE

En EEUU, es obligatorio que las fundaciones privadas destinen a algún fin el 5 % de las donaciones que reciben al año, pero pueden poner este dinero en un fondo asesorado por los donantes. Cada año, la mayoría de este dinero se guarda en un cajón: no se otorga a organizaciones benéficas. Las contribuciones a este tipo de fondos designados por los donantes alcanzaron los 23.270 millones de dólares en 2016, un máximo histórico.

Cuando los millonarios dicen que van a dar el 50 % de su fortuna no cogen un cheque y se lo dan a una ONG. Gran parte de este dinero acaba en estos fondos, en los que se sigue generando un beneficio. Según The Chronicle of Philanthropy, las 10 organizaciones filantrópicas con más dinero de EEUU son fondos asesorados por los donantes.

No está claro qué pasará con el dinero que Allen se comprometió a entregar, pero no ha llegado a donar. Es muy posible que la mitad de él se emplee de alguna forma en causas benéficas y cumpla con lo prometido. Pero, pese a esto, la fortuna que recibirán sus herederos sigue siendo inmensa, y seguirá creciendo sin parar. Como explica Semuels, todas las personas que atesoran una gran cantidad de dinero tienen un equipo de administración de riqueza cuyo trabajo es poner el dinero en una combinación de inversiones que garantizan que la fortuna siga creciendo.

Como en la mayoría de los países, el sistema impositivo de EEUU grava más favorablemente a la riqueza financiera que a la generada por el trabajo, por lo que, como explicaba Thomas Piketty en su aclamado ensayo El capital en el siglo XXI, la riqueza crece más rápido que los ingresos.

En los países ricos, una pequeña élite seguirá aumentando su riqueza, mientras que todos los demás tendrán que dividir lo que queda. Poco importa lo generosos que sean los ricos sin el sistema les permite serlo tanto.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios