Sábado, 22.09.2018 - 19:30 h
Nec Otium

Jeff Bezos es ya más rico que el Tío Gilito (y podría ser el primer billonario)

El fundador de Amazon tiene una fortuna de 98.000 millones de dólares, más de lo que Forbes atribuía al Tío Gilito. La realidad supera a la ficción

Jeff Bezos y el Tío Gilito / DonkeyHotey, Disney
Jeff Bezos y el Tío Gilito / DonkeyHotey, Disney


Desde 2001, Forbes edita cada cierto tiempo una lista de los quince personajes más ricos en la ficción. El artículo, concebido a modo de complemento gracioso a su famosa lista de las mayores fortunas del planeta, calcula el patrimonio de personajes como Bruce Wayne, Tony Stark o Montgomery Burns.

En 2013, último año en que se publicó la lista, el Tío Gilito fue reconocido como el personaje de ficción más adinerado, con una fortuna estimada de 65.400 millones de dólares. Ese año, las personas más ricas del mundo real fueron Carlos Slim, con una fortuna estimada de 73.000 millones, y Bill Gates, con 67.000.

Pero este año, como apunta Tom Campbell en The Guardian, la realidad supera por mucho a la ficción. Según Forbes, Jeff Bezos, el fundador de Amazon, tiene ya una fortuna estimada de 98.000 millones de dólares, y se ha convertido en el hombre más rico del mundo, superando a Bill Gates. “Parece que hemos llegado al punto en el que hay personas en el mundo más ricas de lo que somos capaces de imaginar”, asegura Cambell.

Y no le falta razón. Bezos, que solo tiene 53 años y lidera un imperio en continua expansión, podría convertirse en el primer billonario de la historia, esto es, el primero en tener una fortuna valorada en más de un millón de millones de dólares, una cifra similar al PIB nominal de México.

Hace solo un siglo, John D. Rockefeller se convirtió en la primera persona en tener más de mil millones de dólares, pero no es descabellado pensar que, teniendo en cuenta la escala en que se está concentrando la riqueza, Bezos –o alguno de los otros magnates que configuran la lista Forbes– sea en unos años mil veces más rico. Una perspectiva que da que pensar.

John D. Rockefeller.
John D. Rockefeller.

El auge imparable de la desigualdad

En su informe sobre la desigualdad, la ONG Oxfam advirtió el pasado enero que solo ocho hombres tenían ya la misma riqueza que la mitad más pobre del planeta y especuló con la posibilidad de que el primer billonario de la historia surgiera en solo 25 años.

El trabajo de Oxfam fue muy criticado por algunos economistas, que lo acusaban de exagerado, pero en opinión de Campbell podría ser bastante certero en sus predicciones: “Solo en los últimos 12 meses, los mercados bursátiles de Alemania, EEUU y el Reino Unido han alcanzado niveles récord, junto con un sólido crecimiento económico y un resurgimiento de los valores del petróleo y las materias primas. Sobre la base de su capitalización bursátil, Apple está cerca de convertirse en la primera compañía del mundo valorada en un billón de dólares, y todo esto antes de que se implanten las reformas fiscales de Donald Trump, que recortaran las tasas impositivas para los más ricos”.

Hay quien sigue pensando que la brecha entre ricos y pobres es una consecuencia inherente a la condición humana y lleva ensanchándose desde tiempos inmemorables. Pero nada de esto es cierto. Aunque la desigualdad nos acompaña desde el Neolítico, no siempre ha sido tan pronunciada.

Como explicaron Thomas W. Volcho y Nathan J. Kelly en un revelador estudio publicado en 2012 en la revista American Sociological Review, en Estados Unidos la desigualdad disminuyó notablemente entre los años treinta y los ochenta. Fue a partir de esta fecha, coincidiendo con la llegada a la presidencia de Ronald Reagan, cuando los ricos supieron imponer sus criterios en el Congreso, los sindicatos perdieron fuerza, disminuyeron los impuestos a las rentas altas y, en definitiva, el las élites no dejaron de acumular riqueza, mientras el resto de la sociedad la perdía.

Esta tendencia a la acumulación de riqueza no ha disminuido desde entonces, aunque existen diferencias regionales. Como explica el nuevo Informe sobre la desigualdad global, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado moderadamente en Europa, pero se ha disparado en China y Rusia, coincidiendo con el abandono del comunismo. Y, como ya apuntaban Kelly y Volcho, el auge de la desigualdad ha sido particularmente pronunciado en los Estados Unidos, que ha vuelto a los mismos niveles que existían antes de la Segunda Guerra Mundial.

“De continuar las tendencias observadas en términos de distribución de la riqueza, la participación del 0,1% más rico del mundo (entendido como una combinación de China, Europa y Estados Unidos), será equivalente a la de la clase media para 2050”, aseguran los autores de este informe.

Bill Gates dedica toda su energía a labores humanitarias. / UK Department for International Development
Bill Gates durante una charla en el UK Department for International Development

¿Justicia social o filantropía?

Hay que apuntar que a medida que los ricos tienen más y más dinero se ven impelidos a hacer algo con él. Y aunque vivan a todo tren les sigue sobrando una fortuna, que suelen dedicar a causas más o menos sociales.

El fundador de Microsoft dedica ya toda su energía a la Fundación que preside junto a su mujer Melinda y su amigo Warren Buffet.  Es esta organización la que costea el mayor estudio epidemiológico de la historia –Global Burden of Disease–, un plan contra el sida en la India que ha costado 200 millones de dólares y es uno de los mayores donantes de la Organización Mundial de la Salud. 

Su sucesor en la cúspide de la pirámide de los más ricos, Jeff Bezos, está lejos de contar con una organización como la de Gates, pero ha donado 60 millones para la investigación del cáncer y financia numerosos programas de investigación aeroespacial.

¿Son estos esfuerzos altruistas? Quizás hay que juzgar cada caso por separado, pero lo cierto es que, al igual que la cooperación al desarrollo, la filantropía responde a intereses estratégicos, pero no los de un país, sino los de un individuo.

Aunque sus programas de salud han sido aplaudidos en todo el mundo por su rigor y transparencia, si Gates se convierte en el mayor donante de la OMS es lógico que influya en su programa. Y puede que el fundador de Microsoft tenga buenas intenciones, pero acabe desplazando el control político de este tipo de instituciones. Algo que puede extenderse a los gobiernos, a medida que sus políticas (o las campañas electorales de quienes las dirigen) dependan cada vez más de donaciones privadas.

“Puede que sea o no Jeff Bezos, pero cuando el mundo produzca su primer billonario hay muchas posibilidades de que muchos de nosotros no lo estemos simplemente admirando, envidiando o resistiendo; también estaremos regidos por él”, concluye Campbell.

Curiosamente, el artículo de The Guardian que ha impulsado este texto, forma parte un proyecto financiado por la Ford Foundation y se publica en una sección del periódico británico patrocinada por la Fundación Bill y Melinda Gates. Otra paradoja del mundo en el que vivimos.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios