Lunes, 23.09.2019 - 05:21 h
Encuesta de Survey Monkey y LeanIn

Por qué el 60% de los jefes tienen miedo de reunirse a solas con sus empleadas

Un nuevo estudio revela que la mayoría de los hombres rechaza apoyar a las mujeres, que sufren menos acoso, pero más desprecio hacia sus méritos.

El movimiento #MeToo ha tenido un resultado inesperado
El movimiento #MeToo ha tenido un resultado inesperado. / Pixabay

A cada paso adelante que se da en la lucha feminista le siguen otros dos hacia atrás: para llegar a la ansiada igualdad salarial y la ruptura del llamado 'techo de cristal', las mujeres llevan muchos años peleando en el lugar de trabajo y tomando las calles para alzar la voz; sin embargo, hace poco descubrimos que ellas ganan un 16,1% menos que ellos (cinco puntos más que hace en 2008) y ocupan solo uno de cada seis puestos directivos en España (cuando hace una década la proporción era de uno de cada cinco). Ahora, un nuevo estudio señala que, a pesar de que el acoso sexual a mujeres se ha reducido desde el movimiento #MeToo, el 60% de los jefes tienen miedo de reunirse a solas con sus empleadas, más del doble que hace un año.

Son algunas de las conclusiones de la encuesta a 9.000 personas en EEUU elaborada por Survey Monkey y LeanIn.org (la organización cofundada por Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook) y recogidas en este artículo de 'Business Insider': el 60% de los gerentes que son hombres aseguran que se sienten incómodos al ejercer como mentores, tener reuniones a solas o, incluso, socializar con mujeres. El problema es que hace un año, en la misma encuesta solo un 28% de los hombres declaraba tener algún tipo de miedo al relacionarse con el otro sexo. Pero, ¿qué ha pasado en este tiempo?

Tenemos que remontarnos hasta octubre de 2017 para entender el origen: en ese momento surge el movimiento #MeToo para denunciar la agresión sexual y el acoso sexual, a raíz de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. La ola de reacciones y denuncias que se produjo entre personajes públicos y celebridades -especialmente en EEUU- terminó por popularizar la expresión, que se extendió a otros planos del feminismo, pero que desde entonces abandera la lucha contra los abusos machistas en el lugar de trabajo. Un ejemplo es la reciente aprobación de una ley para combatir el acoso sexual en el Congreso de EEUU. Hasta ese nivel llegan las denuncias.

No es de extrañar: EEUU está en el top 10 de países más peligrosos para la mujer, especialmente por las agresiones sexuales y violaciones que sufren: en 2018, cada 98 segundos una mujer sufría alguna. Pero a raíz de la fuerza que ha adquirido el movimiento #MeToo, el acoso sexual en el trabajo parece haber disminuido ligeramente en los últimos dos años. O, al menos, eso es lo que opinan el 27% de los hombres y el 15% de las mujeres. Un dato que sería positivo si no fuera porque dos de cada tres hombres han pasado a culpar a las mujeres: el miedo a reunirse a solas con ellas revela que, de algún modo, sienten que pueden ser acusados de algún tipo de comportamiento inapropiado.

Un nuevo techo de cristal

La conclusión que se extrae de esta nueva situación es que, aunque perciban que no sufren tanto acoso (en solo un 15%), las mujeres lo tienen más difícil que antes: el llamado 'techo de cristal' (edificado sobre ideas arcaicas sobre la falta de competencia o la condición potencial de madre de la mujer, como argumento para bloquear su acceso a puestos directivos) se ha revestido con otra capa de miedo a comportarse de manera inapropiada por parte de los hombres, tal y como sugiere Rachel Thomas, cofundadora y presidenta de LeanIn en el citado artículo de 'Business Insider'.

"Las mujeres ya no estaban recibiendo suficiente apoyo en el lugar de trabajo. Y, ahora, si los hombres son más reacios a hacer esas cosas [reunirse con ellas], esto significa que las mujeres están recibiendo aún menos, lo que significa que en realidad estamos yendo en la dirección equivocada", resume Thomas, quien también apunta que las mujeres no son responsables de equilibrar las dinámicas de poder en el lugar de trabajo. "Las personas en el poder son quienes deben hacerlo, y eso es un campo predominantemente de hombres", se queja.

Los hallazgos de este nueva encuesta se hacen eco de los resultados de otras investigaciones recientes. En un estudio del Pew Research Center de 2018, el 51% de los encuestados aseguraban que el movimiento #MeToo ha dificultado que los hombres sepan cómo interactuar con las mujeres en el lugar de trabajo. Pero desde el poder se está optando por una vía radical que pasa por eliminar el problema, en lugar de solucionarlo: ya hay muchas empresas en EEUU que han empezado a limitar el contacto entre hombres y mujeres para reducir el riesgo de acoso sexual. Incluso hay compañías en todo el mundo que han cortado de raíz cualquier tipo de reunión a solas entre un jefe (hombre) y sus empleadas.

Puede que suene exagerado, pero esta encuesta demuestra que la mayoría de los hombres con poder -al menos en EEUU- piensa que la solución pasa por evitar a las mujeres, en lugar de modificar su conducta. Esto, por un lado, traslada la culpa del acoso sexual al género femenino y, por otro, pone más barreras a la igualdad en el trabajo. Solo hay que ver la ola reaccionaria que ha empezado a surgir bajo el nombre de 'Efecto Pence', en honor al vicepresidente de EEUU, quien asegura que para evitar problemas no quiere reunirse con mujeres en el trabajo, ni asistir a cenas sin su mujer; ni siquiera ir a eventos en los que se sirva alcohol sin ella.

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