Modificada genéticamente para 'succionar' CO2

La gran misión de la 'planta de la NASA': salvar la Tierra y dar atmósfera a Marte

La 'Arabidopsis thaliana' fue el primer vegetal cuyo genoma se secuenció por completo; ahora, la agencia espacial y una startup desarrollan sendos proyectos históricos. 

La supervivencia económica es posible en Marte... pero solo si se construye una alianza global
La gran misión de la planta más simple: salvar la Tierra y dar atmósfera a Marte.
L.I.

En la película 'The Martian' (2015), el astronauta y botánico Mark Watney (Matt Damon) se ve obligado a sobrevivir durante casi tres años completamente solo en el planeta rojo, después de que su tripulación le dé por muerto tras un accidente. Para lograrlo, recurre a su ingenio para cultivar patatas y poder autoabastecerse hasta que se inicie una misión de rescate. La realidad no dista mucho de la ficción: en 2021, la NASA planea cultivar sus primeras plantas en Marte utilizando invernaderos similares al creado por Watney. Se trata de la especie 'Arabidopsis thaliana' que, paralelamente, una startup quiere convertir en el principal arma de la humanidad contra el cambio climático. Ahí es nada.

Se podría decir que la Arabidopsis es una de las plantas más simples que existen: al ser básicamente hierba, fue el primer vegetal cuyo genoma se secuenció por completo hace 20 años y es utilizado en la mayoría de los experimentos con flora, al estilo de lo que sucede con las moscas de la fruta o los ratones en el mundo animal. De ahí que también se haya convertido en una de las plantas a las que más se ha modificado genéticamente en los últimos años. Por eso, la NASA lleva coqueteando casi dos décadas con la idea de que la Arabidopsis sea el primer colono terrestre en Marte. En 2009, finalmente la seleccionó como el primer vegetal que trataría de cultivar en el planeta rojo, una misión que este año ha empezado con vistas a llevar estas plantas a bordo del próximo Rover que llegue a Marte.

La misión consiste en crear un invernadero capaz de soportar las duras condiciones climáticas de Marte: con una temperatura media de -63 grados, las mínimas nocturnas pueden alcanzar fácilmente los -80 °C, mientras que las máximas diurnas, en el ecuador y en verano pueden superar los 20 grados. A partir de ahí, los planes a largo plazo pasan por terraformar el planeta, cambiando progresivamente la composición de su atmósfera (que en el 95% es CO2) por algo más parecido a la terrestre (20% de oxígeno y 80% de nitrógeno). De ahí la importancia de crear una flora capaz de transformar todo ese dióxido de carbono en oxígeno... Pero de momento esto entra dentro de la ciencia ficción.

Plantas aspiradoras de CO2

Arabidopsis thaliana.
Arabidopsis thaliana.
Wikimedia / Salicyna

En cambio, la misión de la Arabidopsis aquí en la Tierra es mucho más realista. Se basa precisamente en la capacidad para absorber el CO2 de la flora. Pero, en este caso, a través de una planta modificada genéticamente para ser una auténtica 'succionadora' de dióxido de carbono, tal y como recoge este reciente artículo de 'Bloomberg'. De hecho, el proyecto con la Arabidopsis constituye solo la primera piedra: la idea a largo plazo es convertir cada plantación de trigo, maíz, soja, arroz, algodón y colza -que ocupan aproximadamente la mitad del suelo fértil de la Tierra ahora mismo- en aspiradoras naturales de CO2.

Este proceso se basa en el ciclo del carbono, un mecanismo vital para las plantas y para todos los demás organismos que dependen de ellas para sobrevivir: toda flora del planeta, durante el día y gracias a la luz del sol y el proceso de fotosíntesis, capturan el CO2 atmosférico y lo transforman en los carbohidratos que precisan para crecer, liberando al mismo tiempo oxígeno. Sin embargo, el proceso se invierte durante la noche, capturando oxígeno y liberando CO2, por lo que varios estudios llevan alertando en la última década de los efectos adversos que puede tener sobre las plantas la sobresaturación de dióxido de carbono producida por el hombre. Teóricamente, aceleran la fotosíntesis. Pero podrían llegar a un punto en que colapsen.

Si bien la crisis del coronavirus ha supuesto un descenso crucial en las emisiones de CO2 derivadas de la acción humana, lo que se propone el Salk Institute for Biological Studies es crear un mecanismo biológico (biónico, en realidad) capaz de hacer que cualquier planta sea capaz de asumir esa mayor carga de trabajo aspirando CO2 en los próximos años, permitiendo compensar las crecientes emisiones derivadas de la acción humana. Por eso, el proyecto ha captado la atención de científicos y filántropos por todo el mundo. Uno de sus principales inversores en el Audacious Project, una macroorganización respaldada por ONG entre las que incluyen fundaciones como la de Bill Gates y su mujer, Melinda.

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