Domingo, 16.12.2018 - 03:07 h
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El año en que dos psicólogos dictaron que las mujeres no podían ser informáticas

Hoy la presencia de mujeres en el mundo de las nuevas tecnologías es abrumadoramente baja, pero no siempre fue así. Fueron expulsadas.

Betty Jennings y Frances Bilas unas de las pioneras de la informática, con el ordenador EVIAC / US Army Photo
Betty Jennings y Frances Bilas unas de las pioneras de la informática, con el ordenador EVIAC / US Army Photo

La típica imagen que tenemos hoy de un informático es la de un gafotas con chándal, un poco inadaptado, al que le gusta escuchar a Dream Theater. Es solo un prejuicio. En realidad, hay informáticos que disfrutan con Operación Triunfo y no visten de pena, pero ¿qué hay de las informáticas?

Aunque el machismo es generalizado en todas las industrias, la presencia de mujeres en el mundo de las nuevas tecnologías es abrumadoramente baja. Según un estudio reciente de la consultora Axios, incluso en el sector de las finanzas –que no es precisamente un matriarcado– hay un mayor porcentaje de mujeres que en el sector tecnológico. En ambas industrias solo un cuarto de los puestos directivos están ocupados por mujeres, pero en los grandes bancos la mitad de los trabajadores son mujeres, comparado con un tercio de las grandes compañías tecnológicas.

Las start ups lideradas por mujeres reciben solo el 2 % de los fondos de capital riesgo, lo que no es sorprendente dado que solo un 7 % de las personas que trabajan en estos fondos son mujeres. En EEUU, en un momento en el que casi cualquier persona con un grado en informática puede tener un sueldo de seis cifras si está dispuesto a pagar un dineral por vivir en la bahía de San Francisco, solo el 17,5% de los egresados en este tipo de disciplinas son mujeres. Y es un porcentaje que se ha mantenido estable durante la última década.

En España la situación es muy similar. Según el informe Datos y cifras del sistema universitario español, que elabora el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, más de la mitad de los estudiantes matriculados en un grado universitario en España durante el curso 2015-2016 eran mujeres (el 58,5% concretamente), pero en las ingenierías este porcentaje descendía hasta el 27,9%. Según otro informe de la Unesco, este porcentaje es aún menor en las carreras propiamente TIC (acrónimo de “tecnologías de la información y la comunicación”), donde tan solo el 18% de las egresadas son mujeres.

Dados estos datos podríamos pensar que, como en muchos otros ámbitos, la informática ha sido un terreno tradicionalmente dominado por los hombres, donde las mujeres solo se han ido incorporando poco a poco, a medida que crecía su presencia en la universidad y el mercado laboral. Pero en este caso el asunto es aún más preocupante, y es que la informática sí fue en sus inicios un territorio en el que dominaron las mujeres. Y, sorpresa, se les desplazó en cuanto la actividad empezó a ser rentable.

Breve historia de un trabajo que los hombres rechazaban

Emily Chang, redactora jefe de Bloomberg Technology, lleva casi una década cubriendo toda la información relacionada con Silicon Valley. “Durante ese tiempo, las disparidades de género siempre han quedado en segundo plano, presentes pero a menudo no reconocidas”, explica en su nuevo libro Brotopia. Breaking up the boy´s club of Silicon Valley (Portfolio). “Fuera de la cámara, las invitadas a veces se quejaban de un ‘techo de silicio’, una sensación de que las oportunidades de las mujeres en el mundo de la tecnología son muy limitadas, pero rara vez querían discutir el tema con una grabadora delante”.

La periodista Emily Chang, durante uno de sus programas en Bloomberg.
La periodista Emily Chang, durante uno de sus programas en Bloomberg.

Chang empezó a investigar sobre el asunto para descubrir que, en realidad, la exclusión de las mujeres en el sector es algo relativamente reciente. “La industria se saboteo a sí misma y a su propia fuente de talento femenino”, explica.

La película Figuras ocultas narra la historia real de tres matemáticas de la NASA que, en 1962, ayudaron a calcular las rutas de vuelo que pusieron a John Glenn en órbita –pese a vivir una doble discriminación, como mujeres negras–. Unos años más tarde, una mujer, Margaret Hamilton, encabezó el equipo que escribió el código que marcó el camino del Apolo 11 hacia la Luna.

Pero no son las únicas mujeres que tuvieron una importancia capital en los albores de la informática. Grace Hopper, doctora en matemáticas y contraalmirante en la Marina de los Estados Unidos, fue una de las primeras personas que programó el Mark I, una computadora gigante de la Universidad de Harvard utilizada por los científicos para modelar los efectos de las bombas atómicas. Después de la guerra, Hopper inventó una herramienta de programación conocida como compilador, que crea un proceso para traducir el código fuente a un lenguaje que las máquinas pueden entender: un paso decisivo en la historia de la informática.

La informática Grace Hooper con el UNIVAC I / Smithsonian Institution
La informática Grace Hooper con el UNIVAC I / Smithsonian Institution

La realidad es que, como explica Chang, en aquellos años el trabajo de programador tenía connotaciones negativas entre los hombres. Los orgullosos ingenieros lo veían, sencillamente, como un empleo más parecido a la mecanografía o la operación de líneas telefónicas, un puesto para masillas, destinado, claro está, a las mujeres. No se interesaron lo más mínimo por la informática hasta que las mujeres empezaron a destacar en las empresas y a ganar más dinero.

En un artículo de Cosmopolitan de 1967, se habla de “las chicas de los ordenadores”, mujeres con puestos de senior systems analyst que ganaban 150.000 dólares al año y parecían nacidas para programar. “Pero justo cuando Cosmopolitan alentaba a las mujeres a buscar trabajo en este nuevo campo, los hombres, también en busca de trabajos bien remunerados, comenzaron a expulsarlas”, explica Chang.

De cómo la informática se convirtió en un trabajo antisocial 

Como cuenta Chang en su libro, a mediados de la década de 1960, System Development Corp., una empresa de software pionera que ahora forma parte de la consultora Unisys Corp., reclutó a dos psicólogos para que se encargaran de los procesos de selección.

Los psicólogos, William Cannon y Dallis Perry, hombres, analizaron los perfiles psicológicos de 1.378 programadores, de los cuales 186 eran mujeres y usaron sus hallazgos para construir una “escala de interés vocacional”, que, creían, podía predecir la “satisfacción” y, por lo tanto, el éxito en esta tarea.

Perry y Cannon llegaron a la conclusión de que los buenos programadores eran personas a las que les gustaba resolver acertijos de varios tipos, desde matemáticos hasta mecánicos. “Eso tiene sentido” reconoce Chang. “Pero su segunda conclusión fue mucho más especulativa”.

Con base a los datos recopilados de la misma muestra de programadores, en su mayoría hombres, Cannon y Perry decidieron que los ingenieros de software felices compartían una característica sorprendente: “No les gusta la gente”. En su informe final concluyeron que los programadores “no gustan de las actividades que involucran interacción personal; en general, están más interesados en las cosas que en las personas”.

Programadora escribiendo en código Java con JUnit / Joonspoon
Programadora escribiendo en código Java con JUnit / Joonspoon

“Hay poca evidencia que sugiera que las personas antisociales son más propensas a las matemáticas o los ordenadores”, explica Chang. “Desafortunadamente, existe una gran cantidad de evidencia que sugiere que si te propones contratar a empollones antisociales, terminarás contratando a muchos más hombres que a mujeres”. De hecho, las palabras “mujer” o “mujeres” no aparecen ni una vez en el artículo de 82 páginas que recopiló los hallazgos de Cannon y Perry; los investigadores se refieren a todo el grupo encuestado como “hombres”.

La investigación de estos psicólogos fue crucial en el momento más crítico de la informática, justo cuando empezó a ser una actividad decisiva en la mayoría de grandes empresas. Su estudio –además de otros test de personalidad que, vistos con perspectiva, favorecen claramente a los hombres sobre las mujeres–, fue usado durante décadas en los procesos de selección, procesos en los que las mujeres no tenían nada que hacer.

El resto de la historia es de sobra conocida, y es la misma que se repite en muchos campos. La informática se empezó a ver cómo algo de hombres, y fue a los niños, y no las niñas, a los que se les animó a trastear con los primeros PC y los videojuegos, por lo que se interesaron más por las carreras de informática, a las que accedieron con más facilidad.

“En 1984 el porcentaje de mujeres trabajando en la informática alcanzó su nivel más alto, un 37%”, concluye Chang. “A medida que el número total de egresados en informática volvió a subir durante el auge de las puntocom, muchos más hombres que mujeres ocuparon los puestos más relevantes. El porcentaje de mujeres en el campo disminuiría drásticamente durante las próximas dos décadas y media”.

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