Domingo, 08.12.2019 - 14:04 h
Gestión del talento

El mejor secreto de los grandes líderes: el equilibrio 80-20 entre ejecutar y delegar

Un experto en liderazgo explica que hay equipos que no funcionan porque el jefe, en lugar de dirigir, está dedicado a otro tipo de tareas.

Liderazgo
El mejor secreto de los grandes líderes: el equilibrio 80-20 entre ejecutar y delegar. / Freepik / katemangostar

De la actitud y la forma de trabajar de un jefe o director depende en gran medida el éxito de un equipo de trabajo. Hay equipos que no funcionan porque quien tiene que dirigir, en lugar de hacerlo, está dedicado a otro tipo de tareas.

Según explica el director de Infova y experto en liderazgo, Gonzalo Martínez de Miguel, las funciones diarias de un jefe consisten en labores de dirección y labores de ejecución. Y advierte que "en condiciones normales, un buen líder debería dedicar aproximadamente el 80% de su tiempo a dirigir y el 20% a ejecutar". Pero, al contrario de lo que debería, la realidad suele ser que muchos directores dedican gran parte de su tiempo a sacar adelante el trabajo y solo un 20% a labores que son más propias de la dirección.

Martínez explica que el equilibrio tampoco es dedicarse al 100% a la dirección abandonando por completo las labores de ejecución, porque no conviene perder el contacto con la realidad del trabajo diario del equipo. Es decir, que "es interesante que conozca el detalle de lo que hace el equipo, pero siempre teniendo claro que su principal función, el motivo por el que le paga la empresa, es que cree las condiciones para que su equipo haga su trabajo y funcione".

El problema es que frecuentemente uno quiere hacer lo que mejor sabe hacer y estas no suelen ser las funciones propias de dirección. Esto sucede con más frecuencia cuando el ascenso a director es el premio a una muy buena labor de ejecución. El nuevo jefe, para demostrar su valía, querrá seguir siendo el mejor en sus anteriores funciones y no entenderá muy fácilmente el reproche cuando se le diga que no está realizando su trabajo de manera efectiva y que su función ya no es ejecutar, sino crear las condiciones para que su equipo si lo haga.

En empresas, independientemente de su tamaño, el directivo es un creador de condiciones para que los trabajadores puedan realizar sus funciones. Por este motivo es tan importante la delegación y la planificación. "Estas si son labores propias de dirección", comenta el director de Infova; al igual que lo son la toma de decisiones difíciles, la relación institucional con otros departamentos o la resolución de problemas que los empleados no pueden o no deben resolver.

"Esa es función de un líder: desarrollar el potencial de todo el equipo, garantizar los resultados, pero no dedicarse de lleno al trabajo de campo. El nivel óptimo de delegación de un directivo es el máximo que se pueda permitir. Si un directivo delega todo lo delegable se dedicará a lo que no puede encargar a otro, es decir a lo que es propio de su función", concluye.

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