Miércoles, 19.06.2019 - 03:37 h

El rompecabezas de la batalla de Mosul desencadenará otro éxodo masivo

Las tensiones entre kurdos, chiitas y sunitas complican la puesta en marcha de una estrategia común para recuperar la ciudad, en manos de EI. 

Mosul, dos años bajo las atrocidades de Estado Islámico, espera su liberación

La batalla caótica en Mosul desencadenará otro éxodo masivo

Washington y Bagdad se preparan para lanzar una ofensiva sobre la ciudad iraquí de Mosul, en manos de los yihadistas de Estado Islámico desde julio de 2014. Se espera que sea una batalla sangrienta en la que la población civil será la principal víctima. “En la ciudad siguen atrapadas alrededor de 1,2 millones de personas. Los yihadistas han advertido a la población sobre las consecuencias de cruzar a la vecina siria. Los iraquíes que permanecen en la ciudad están enfermando porque el agua está contaminada, no hay comida, los precios son deshorbitados y ya no queda nada en el interior de la ciudad”, cuenta a www.lainformacion.com el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) que asiste humanitariamente a cerca de 37.800 personas en el campo de Debaga, donde viven numerosas familias provenientes de Mosul, y campamentos de refugiados sirios cercanos a Erbil a las que ahora se suman la decenas de miles que tratarán de huir de Mosul.

Hasta 80.000 combatientes de las fuerzas de seguridad iraquíes y de la región autónoma del Kurdistán, con apoyo de la Coalición Internacional liderada por EEUU, ultiman los preparativos para liberar Mosul, la segunda ciudad de Irak y el principal bastión del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en el país. Las unidades están lista y a la espera de las órdenes para iniciar la reconquista de la ciudad. Dicen que será una batalla relámpago, pero el largo tiempo que llevamos hablando de esta ofensiva da la sensación contraria.

Es difícil saber con exactitud que está pasando en esta ciudad iraquí, pero los testimonios de quienes han logrado escapar ofrecen un desolador panorama de la vida bajo el yugo yihadista. Hasan llegó al campamento de Dabaga en el mes de julio. “Tuvimos que atravesar varias carreteras plantadas con minas y explosivos. Hay puestos de control por todos lados, si te descubren mientras huyes, te matan. He arriesgado mi vida y la familia pero gracias a Dios estamos vivos. Caminamos por tierras desérticas toda la noche y, sin dormir, continuamos hasta el amanecer”, relata.

Desde hace más de dos años, los yihadistas controlan Mosul. Los yihadistas tomaron la ciudad con mucha facilidad porque muchos de sus habitantes, de mayoría suní, vieron en la llegada de los yihadistas una oportunidad de ver satisfechas sus necesidades tras varios años de maltratado por parte del gobierno iraquí, chiíta. Sin embargo, la situación ha empeorado con Estado Islámico. La vida es todavía más precaria y más estricta. “Mis familiares en Mosul dicen que ha aumentado la opresión y la injusticia, salir de casa es como condenarte a una muerte segura. Si cometes cualquier error, te detienen”, cuenta Hasan.

La caída de Mosul será un golpe definitivo a los yihadistas en Irak que en los últimos meses están perdiendo territorio de su califato. Por eso los combatientes del Estado Islámico han estado preparando trincheras, obstáculos, túneles, trampas y minas para evitar que entren las fuerzas iraquíes a la ciudad. Pero sobre todo, con estas práctica la población civil está expuesta a los combates. “Han pedido a la población de Mosul que exhiban banderas blancas en sus casas para informar de que son civiles. Sin embargo, los yihadistas utilizan esta viviendas para esconderse”, apuntan desde el Consejo Noruego para Refugiados (NRC).

Las fuerzas que combaten al EI y las organizaciones humanitarias se preparan para recibir miles de desplazados. Hay cientos de miles de personas en riesgo de morir y, aunque el gobierno iraquí espera que sea una batalla relámpago, la posibilidad de un largo baño de sangre es inevitable. EI no se dejará sacar tan fácilmente de Irak.Un mosaico de fuerzas coordinándose para la batalla 

En el interior de la ciudad, los yihadistas esperan entre 3.000 y 8.000 combatientes, dispuestos a dar la vida por el Califato. Sin embargo, el puzzle de fuerzas que participarán en la operación militar, preocupa mucho. Los planes están ahí, pero la falta de coordinación entre las distintos grupos esta retrasando la batalla final. El último invitado es Turquía, lo que ya ha generado tensión con Irak.

Hace una semana, el parlamento iraquí calificó a los militares turcos como una “fuerza de ocupación”. El primer ministro criticó a Turquía diciendo que temía que esta “aventura”, en referencia a la movilización de tropas hacia Irak, llevara a una “guerra regional”.

Otros grupos, como Multitud Popular, una milicia compuesta en su mayoría por chiitas, no van a participar en la batalla debido a que su presencia puede ser contraproducente y generar malestar entre la población de Mosul, de mayoría suní. Sin embargo, se espera que permanezcan en la retaguardia, a las afueras de Mosul, junto con algunos grupos kurdos.

A todo esto se suma el apoyo desde el aire de la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, que ya dio el primer golpe con miras a la inminente batalla, al bombardear la zona industrial de Mosul, donde el EI almacenaba armas y explosivos. Y por último está la cuestión sin resolver por el momento, ¿quién controlará Mosul cuando caiga?

Con el invierno acercándose y la gran batalla en marcha, la población, una vez más está desesperada. Tras el éxodo de Faluya, ahora empieza el de Mosul.

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