En plena transformación masiva de la industria

Los herederos de Ford toman el mando del imperio para liderar su resurrección

Dos tataranietos del fundador de uno de los pilares industriales de EEUU entran en el consejo de la compañía. La familia amplía así su supervisión de la estrategia del fabricante en un momento clave.

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Los tataranietos de Henry Ford se abren paso
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La historia de los Estados Unidos está estrechamente vinculada a sus grandes empresarios. Son la nobleza en un país sin reyes ni príncipes ni duques. Sus nombres lucen como grandes mecenas en estadios, universidades, hospitales, bibliotecas e instituciones culturales como el Metropolitan o el Lincoln Center en Nueva York. En lo más alto de la cúspide están los herederos de Sam Walton, el fundador Walmart. Son los más ricos del planeta y el confinamiento económico por la pandemia no impidió que su fortuna creciera más.

Lo mismo pasó con Jeff Bezos, el patrón de Amazon, el hombre con la mayor fortuna del mundo. Hay otras familias acaudaladas que sufrieron más el golpe de la crisis, como los Koch. Pero hay un detalle común poderoso cuando se observa su evolución a lo largo de las generaciones. La clave de la prosperidad de estos clanes está en que tienen un horizonte a muy largo plazo de sus negocios y por eso están en una posición para aceptar que las cosas pueden ir bien pero también mal en un momento determinado, lo que representa una oportunidad.

Y siempre con esa perspectiva, las crisis son también un buen momento para reordenar los planes de sucesión e incluso empezar a transferir activos a las próximas generaciones, aprovechando que su valor está bajo. Es lo que está a punto de suceder en Ford Motor, uno de los pilares industriales de los EEUU. Dos tataranietos del fundador entrarán en menos de un mes en el consejo de administración del centenario fabricante de coches de Detroit aprovechando que Edsel Ford II se jubila y John Lechleiter no se presenta a la reelección.

Se trata de Alexandra Ford English, de 33 años de edad, hija de Bill Ford y actual presidente ejecutivo de la compañía, y de su primo Henry Ford III, hijo de Edsel Ford II. La nominación de ambos debe ser refrendada por la junta general de accionistas el 13 de mayo. En el momento en el que se produzca la elección, los descendientes de Henry Ford ocuparán así tres asientos de los 14 que integran el directorio. En la práctica, eso significa que la familia amplía su supervisión en la estrategia del fabricante en un momento clave.

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Henry Ford III (izquierda), hijo de Edsel Ford II.
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"La implicación de la familia en la compañía genera un resultado real y tangible", señala Bill Ford al presentar los méritos de la doble nominación en referencia a esa visión a largo plazo, "la familia está siempre dispuesta a sufrir para superar los momentos más difíciles". El clan familiar tiene el 40% del poder de voto y eso le da en la práctica el control de la compañía. El presidente, en concreto, tiene una quinta parte de los votos, que logró a base de comprar acciones en los últimos años aprovechando el desplome en su cotización.

Bill Ford insiste que continúa acumulando capital porque cree en las oportunidades de negocio que tiene el fabricante ante sí con la electrificación y la tecnología de conducción autónoma. Pero incluso con la estructura accionarial que tiene Ford Motor, es inusual en el universo corporativo estadounidense que una gran compañía del S&P 500 tenga tres miembros de la familia fundadora en el directorio. Eso significa que el clan podrá ejercer una mayor influencia y pude provocar una mayor concentración del poder entorno a la familia.

No son pocos los inversores que se quejan de que este tipo de superpoder de voto acaba lastrando el valor de las compañías cotizadas y dan a las familias fundadoras un control injustificado. "Este es el motivo por el que no tenemos monarcas dirigiendo las empresas", señalan desde ValueEdge Advirsos, "cada vez que nominas a alguien para el consejo de administración, estás diciendo a los accionistas y a los clientes que es la mejor persona que hay en el mundo para ocupar esa posición, no el mejor miembro de la familia".

El anuncio de Ford Motor, además, va contra la tendencia de los consejos de administración de contar con más directores independientes. El pasado octubre tomó las riendas de la compañía Jim Farley como consejero delegado, con el objetivo de rejuvenecerla tras cinco años con caídas en el beneficio operativo. Bill Ford insiste que tanto su hija como su sobrino "son jóvenes líderes apasionados y capaces" que aportarán una nueva perspectiva y conocimiento.

Alexandra forma parte del directorio del fabricante de camionetas eléctricas Rivian Automotives, en la que Ford Motor tiene una participación. Antes trabajó para las empresas de moda Tory Burch y Gap. Henry ejerce actualmente como director en la división de relaciones con los inversores de Ford e integró el equipo que negoció el último contrato laboral con el sindicato United Auto Workers. "Contamos con una nueva generación de líderes en la familia dispuesta a asegurarse de que la compañía sigue siendo una fuerza positiva".

El ascenso de los dos herederos se produce, de hecho, justo cuando la industria del automóvil experimenta un proceso de transformación masiva, con los viejos fabricantes tratando de mantener su dominio frente a compañías emergentes como Tesla o la propia Rivian. Hay expertos en gobernanza corporativo que opinan que fue el peso de la familia en las decisiones lo que le impidió anticipar el cambio. Otros, sin embargo, consideran que da estabilidad y eso permitió que evitara la bancarrota durante la Gran Recesión en 2008.

"La familia siempre supo actuar rápido", insiste Bill Ford, "incluso cuando daña a sus intereses". Lo dice en referencia a que renunciaron a recibir el dividendo. La compañía trata ahora de revertir sus fortunas, con la introducción de nuevos modelos, con el Mustang Mach-E y el nuevo Bronco. Las acciones de Ford Motor sufrieron un fuerte revés al declararse la pandemia, como el resto de Wall Street. Ahora están en máximos de los últimos cinco años tras apreciarse un 50% en 2021 y se triplicarse respecto al mínimo de marzo de 2020.

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