Martes, 19.06.2018 - 17:59 h
Telediaria

Israel gana un Eurovisión que esconde otro país como gran triunfador

Israel gana Eurovisión 2018
Neta ha ganado Eurovisión

Israel se ha llevado el trofeo de un Eurovisión 2018 que no pasará a la historia como el mejor Eurovisión. Netta con su tema comprometido contra el bullying se ha llevado el micrófono de cristal. No ha habido sorpresa, era la gran favorita de una edición del eurofestival que no ha estado a la altura de otros años: han faltado propuestas artísticas contundentes, que definan las nuevas tendencias de la música y la televisión. Y Netta destacaba entre la multitud.

Como programa de televisión, ha sido un Eurovisión más conservador y, también, más monótono. En este cometido, tampoco ha ayudado que las presentaciones de la televisión portuguesa han sido más convencionales que en otras ediciones. Presentaciones de gala tradicional que, por suerte, han incorporado alguna que otra dosis de humor en el entreacto.

Ya en el arranque, se ha echado en falta una aparición más efectista de los artistas para impulsar la expectación televisiva en el comienzo de la emisión. El desfile de banderas, que presenta a cada candidato a la audiencia, ha sido arrítmico. Parecía ideado más para un congreso de provincias que para un show televisivo de altura. Existe una clara involución en este punto de partida desde 2014, año en el que se convirtió el desfile de banderas en un magnético espectáculo que creó un intenso clímax de expectación y emoción con los cantantes que entraban en escena como grandilocuentes estrellas.

Lo mismo ha sucedido en la actuación final de la ganadora Netta, en la que no se ha propiciado un chimpún de cierre de esos que dejan al espectador con un subidón en el sofá. Aquí, en Eurovisión 2018, han entrado los créditos después de la propia actuación como si fuera un programa cualquiera, con cierto desorden de planos, en vez de apostar por teatralizar mejor este momento único que vive el triunfador en al saborear el trofeo. Así sucedió también en 2014, el año en el que ganó Conchita Wurst.

Cuando Wurst dio las gracias, tras interpretar su Rise Like a Phoenix, sonó la enérgica sintonía del festival y el cierre de la emisión fue todo un colofón. Los créditos del programa entraron en pantalla mientras Conchita posaba ante los fotógrafos, como si fuera una actriz recogiendo el Oscar. Ella, enfrentada a una prensa que no paraba de hacer fotos, al estilo del glamour de los años dorados de Hollywood. Esa teatralización en los detalles protocolarios se ha perdido y se debe coger como ejemplo el Eurovisión de 2014 que supo graduar muy bien la emoción, tanto del principio como del final de su show. Así se creó un programa redondo.

Este año, no ha sido así. En Portugal se han descuidado más esos detalles del comienzo y desenlace que hacen Eurovisión más grande todavía. Si bien ha destacado el entreacto con la reaparición de la excelencia de Salvador Sobral. Emocionante verlo cantar con Caetano Veloso su Amar pelos dois. Lo mejor de la noche, dejando en evidencia el nivel regulero de esta edición muy igualada no precisamente por la magnífica calidad de sus propuestas.  

Salvador Sobral con  Caetano Veloso
Salvador Sobral con Caetano Veloso

Pero como formato televisivo Eurovisión sigue funcionando como un reloj. Primero por el trepidante desfile de actuaciones que buscan sorprender al espectador. Esta parte no da tregua. Es rápida, fácil de ver y comentar. No crea indiferencia: ni en la artillería escénica ni en el vestuario ni en las canciones ni cuando se cuela un intruso, como ha vuelto a pasar esta velada...

Y, después, el formato televisivo sigue funcionando a la perfección con los votos. La parte de las votaciones aupa la cuota de pantalla debido a la tensión que genera en la audiencia ver a quién va dando los 'points' cada país.

El ingrediente antitelevisivo con el que Eurovisión triunfa

Aunque ahora se guarde hasta el minuto final el suspense, esta manera escalonada de presentar los votos, esencia tradicional de Eurovisión, puede ser considerada antitelevisiva si se creara hoy. De hecho, se diría que ralentiza el programa. Pero, en realidad, es el espectáculo perfecto, ya que el propio público -en mayor o peor medida- juega con su país y va sufriendo el devenir gradual de los puntos. No hay escapatoria emocional, quieras ganar o desees quedar último.

Sin embargo, este Eurovisión, seamos realistas, no pasará a la historia como el más revolucionario. Ha sido una edición más olvidable que recordable en lo que a la televisión se refiere. No para Portugal que, tras la victoria de Sobral, ha sido inteligente a la hora de aprovechar la organización de un acontecimiento de estas características.

OJO AL DATO

El festival con menos presupuesto desde 2004

Unos 22 millones de euros ha costado este Eurovisión 2018, la edición con menos presupuesto desde 2004. Una inversión para Portugal, pues el 80 por ciento del coste se amortiza gracias a la venta de entradas (semifinales, ensayo, final) y los patrocinadores de un evento que, además, moviliza el turismo en la ciudad que acoge el evento gracias a los ' eurofans, delegaciones de los países y prensa que van a vivir el concurso in situ. Sin olvidar, la visibilidad internacionalmente que publicita al país que lo cobija cada año. Portugal ha exprimido este último detalle, crucial.

Portugal ha sido la otra gran ganadora de Eurovisión 2018. El país ha aprovechado la organización del festival como oportunidad para promocionar al mundo su belleza como destino turístico. Lo ha conseguido al rodar en localizaciones portuguesas las postales que preceden a la actuación de cada candidatura, ese vídeo donde se presenta en sesenta segundos a los protagonistas antes de aparecer en escena.

Portugal seduce a la audiencia eurovisiva con sus 'postales'

La denominada 'postal' es otra tradición del festival que, sin embargo, en los últimos tiempos no siempre se ha realizado en el país anfitrión. Pero Portugal ha aprovechado la ocasión. Un acierto que ha supuesto 26 píldoras de un minuto de publicidad propia que no parece publicidad en la final de esta noche, que se estipula que verán 200 millones de personas. De esta forma, hemos visto a cada país presentarse en un "marco incomparable" portugués, además nada más comenzar la gala se ha emitido un extenso video que ha mostrado un moderno y hermoso país.

Portugal ha superado la prueba de organizar Eurovisión, el talent show más visto del mundo. El talent show que, por una vez, nos une a los europeos (y australianos) frente al televisor. También a los españoles, donde el festival es una de las 10 emisiones más vistas del año, aunque un año más no hemos conseguido vender bien el talento de nuestros artistas por la tele (los terceros menos votados del televoto).  Ahora el reto del eurofestival es no relajarse. Porque tiene que seguir innovando para no ser nunca antiguo. Innovar como hasta ahora. Tal vez toca integrar mejor las presentaciones oficiales para que no frenen la armonía del show e integrar nuevas herramientas para hacer más dinámica una emisión que, este año, se ha hecho un poco larga a través de la TV. Y Eurovisión es un programa de TV. Que nadie se olvide.

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