Miércoles, 25.04.2018 - 18:30 h

Por qué la audiencia no entiende al jurado de 'Operación Triunfo 2017'

El jurado de OT
Antagonistas.

En los concursos de televisión son importantes los antagonistas. Esos personajes que son el contrapunto a la parte positiva, que dicen verdades, que examinan y que incluso desquician al más fan del programa. En definitiva, no crean indiferencia y sirven para intensificar el tono del show.

Estos personajes antagonistas, que complican la trama argumental, pueden ir unidos al sarcasmo (Las Tacañonas, del Un, dos, tres, son buen ejemplo), o a la enseñanza como profesores en plan evaluación (el jurado de MasterChef cumple este requisito) o, directamente, ser un eje de tensión (Risto Mejide en Operación Triunfo, sin ir más lejos). Incluso, en ocasiones, pueden ir estos tres elementos juntos, equilibrando la corrosión del humor con la dureza más épica en un mismo personaje.

En Operación Triunfo, el jurado compuesto por Mónica Naranjo, Manuel Martos y Joe Pérez-Orive intenta cumplir su función de juez antagonista. En este sentido, Manuel Martos es el que más cordura aporta. Sin embargo, Naranjo y Pérez-Orive no terminan de cumplir ningún requisito útil de los anteriores: ni humor, ni argumentos (hasta se contradicen en sus valoraciones de una semana a otra) ni cordura... Bueno, sí, logran indignar a la audiencia, pero sin mostrar ni un ápice de empatía que avance hacia algún lugar con el paso de las galas.

Como dirían ellos mismos de los concursantes, el jurado de OT es plano. Es lo único que no ha evolucionado del programa y, lo que es peor, parece que están viendo otro programa, hasta de otra época. El pasado lunes, tras la actuación de Alfred, lo único y primero que alcanzó a decir Pérez-Orive fue un "¿estás malito?, tienes mala cara". Era evidente que el cantante no se encontraba bien, pero no era necesario verbalizarlo de esa manera. De nuevo, el jurado se equivocaba y evitaba cualquier grado de conexión con el público, con el devenir de la Academia y con el trabajo de los que se sientan cada lunes en un sofá a escasos metros de ellos.

Tras interpretar en escena un número al máximo nivel, el jurado hizo hincapié precisamente en los problemas de ansiedad que padece Alfred y que en ocasiones le generan vértigos y mareos, evidenciando un tema que el formato ha tratado con discreción y atacando, en cierto sentido, a la seguridad o inseguridad del concursante. Nada de argumentos constructivos, nada de entender el punto de cansancio y estrés que existe tras dos meses y medio el programa. Nada de aplicar, como jueces, un veredicto entendible y enriquecedor para un concurso musical. 

Risto Mejide era extremadamente duro en sus veredictos. Muy duro. Pero, a diferencia de este jurado, esgrimía en cada uno de sus dictámenes argumentos que definían con precisión la actuación y que el espectador reconocía desde su casa. Porque las críticas crueles y frías también hay que entenderlas y también tienen que convencer.

Los argumentos de Mejide eran los de un buen antagonista: derribaba el propio programa sabiendo de qué iba el programa. Había hecho los deberes y conquistaba al espectador con su maldad. Porque el buen malo de película, de serie o de talent show también tiene que ser brillante. Y si buscamos brillantez en el jurado de OT, poca encontraremos. Porque es un hecho que el jurado fijo de este OT no termina de encontrar su tono. A veces, hasta parece que están de guasa, como si fuera unos repetidores de instituto esperando a sus víctimas en el pasillo.

Así, Mónica Naranjo en este Operación Triunfo se ha terminado convirtiendo en parodia de sí misma, en carne de constantes memes. Brilló en Tu cara me suena, pero aquí no se entiende qué quiere decir. En OT mira a los concursantes con una superioridad con la que es complicado tener un mínimo de complicidad. Cuando se dirigió a Aitana, tras su actuación y después de una semana emocionalmente muy complicada, Naranjo no encontró más argumento que soltar una parafernalia de diva clásica: "Yo a tu edad, con 18 años, me fui a Méjico, sola, con una mano detrás y otra delante y no lloré nunca. Nunca".

De nuevo, el jurado se aleja de la esencia del éxito juvenil de este OT (rozando casi el 40 por ciento de audiencia en un target entre 13 y 24 años en la última gala), que justo se basa en la identificación con las fortalezas y las vulnerabilidades de los concursantes: a diferencia de los dogmas de Naranjo, las nuevas generaciones ya saben que pueden llorar, que pueden sentir como sienten e incluso, sin son artistas de verdad, pueden plasmar ese sentimiento de su momento vital en su propia actuación. Mónica Naranjo podía haber dicho esto y haber ejercido igualmente de antagonista. Pero no, porque este jurado no ha tomado el pulso a su tiempo al mismo ritmo que lo ha hecho la evolución natural de este OT: al mismo ritmo de la realidad que viven a diario los espectadores.

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