Viernes, 19.07.2019 - 06:17 h
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Por qué a los españoles les cuesta tanto reconocer a sus empresarios

Hace unos días, el diario El Mundo publicó la lista de los más ricos de España: Amancio Ortega, Juan Roig, Rafael del Pino, Sol Daurella, Francisco Riberas… Empresarios. Es un especial que publican todos los años por estas fechas. No sé qué índice de lectura ha tenido el reportaje pero creo que menos de lo esperado.

En España los empresarios no son héroes. Pero no porque no lo merezcan o su trabajo no sea admirable, sino porque en este país los héroes más admirados de la historia no son los más ricos, sino los que más sufren. El héroe más conocido de nuestra literatura es pobre y sufridor: Don Quijote. Y el segundo más conocido es su compañero Sancho Panza.

El Lazarillo de Tormes no es el caballero Arturo: es un niño pícaro que recibe palos del ciego al que acompaña. Un sufridor.

Desde tiempos remotos, nuestros héroes principales han sido los santos: pobres y sufridores. Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Francisco Javier… O los santos extranjeros, como San Lorenzo, que murió abrasado sobre una parrilla. La pintura española, modelo en el mundo, es esencialmente pintura de santos que sufren, vírgenes que lloran y Cristos que sangran. No hay tantos retratos de nobles, o de guerreros como la pintura holandesa. Aquí lo que gustaba eran los santos sufridores como San Sebastián.

Fotografía de Amancio Ortega, Inditex
Fotografía de Amancio Ortega, Inditex / EFE

En nuestros días, los santos han sido sustituidos por la gente que se embarca en proyectos humanitarios: en ONGs. Si alguien hace una labor social en un hospital de niños con cáncer, o en tierras lejanas con los desfavorecidos, atrae más nuestra atención y admiración que los que sufren para ganar dinero.

La película española más vista y de mayor éxito en los últimos tiempos es 'Campeones', la historia de un grupo de personas con limitaciones mentales que forman un equipo e baloncesto. Son sufridores.

El sufridor es el que despierta la compasión de los españoles. La compasión, si nos fijamos bien, ha movido la mayor parte de las leyendas de la historia de este país.

Es difícil encontrar en España súperhéroes como en Estados Unidos, gente con súper-poderes que realizan hazañas como volar, lanzar rayos o convertirse en fuego. Hasta en Francia, los héroes de los cómics son un par de galos con poderes y fuerzas extraordinarias. Astérix y Obélix.

Los héroes de los comics de los 50 y 60 fueron El Capitán Trueno y El guerrero del Antifaz. Sí obedecían al arquetipo que todos tenemos de los super-héroes.. Pero los que perduraron fueron Mortadelo y Filemón, dos incompetentes y sufridores agentes secretos. Por no hablar de Carpanta, un sufridor de post-guerra que solo pensaba en comer. Según la Academia de la Lengua, carpanta significa "hambre violenta".

Un héroe español del siglo XVIII recuperado en nuestros días es Blas de Lezo. Este marino vasco defendió Cartagena de Indias de una aparentemente segura invasión británica. Y les venció a pesar de que le faltaba un ojo, un brazo y una pierna. Le llamaban medio-hombre. Un sufridor con todas las de la ley.

El almirante Blas de Lezo derrotó a la armada británica en Cartagena de Indias
El almirante Blas de Lezo derrotó a la armada británica en Cartagena de Indias. / L.I.

¿Y los empresarios? ¿No son sufridores? Lo son, pero como los españoles les asocian al dinero, se piensa que no son del gremio de los sufridores. Por más que contraten consultoras de relaciones públicas, los empresarios no despiertan tanto cariño como el filántropo Vicente Ferrer, el español que se fue a India a trabajar por los pobres. Un sufridor que cumplía con todos los requisitos. En cambio, a pesar de que Amancio Ortega done dinero para los hospitales, una buena parte del país le sigue criticando. Su problema: estar “forrado de pasta”. A los empresarios no les pasan ni una.

Quizá sea arriesgado lo que voy a decir, pero de todos los líderes catalanes apresados o perseguidos por organizar un referéndum ilegal, el más valorado según las encuestas es Oriol Junqueras. ¿Por qué? Porque se ajusta perfectamente al modelo de sufridor. Este catalán, creyente, con cara triste y cierto problema visual, confesó en un carta que se hizo pública el año pasado que se dedica a rezar y a reflexionar. Cree que va a pasar muchos años en la cárcel y tiene asumido su suplicio.

En cambio, Carles Puigdemont es un hombre que vive en Bélgica con cierta generosidad. No es un sufridor.

Para terminar, el héroe español de la literatura moderna es el Capitán Alatriste, creado por Arturo Pérez-Reverte. Dice así la primera línea de la novela: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas".

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