Miércoles, 18.09.2019 - 01:30 h
En mi molesta opinión
Analista político

La que se nos avecina con las elecciones del 28 de abril

Se acabó lo que se daba. Este viernes 15 de febrero llegamos al final del trayecto de esta extraña etapa de ocho meses conducida por Pedro sánchez desde La Moncloa. Este mismo viernes, el presidente del Gobierno puso en practica la teoría de Edmond Thiaudière, que anuncia que "la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular", y nos hizo saber que el 28 de abril, por el bien de los españoles, sobre todo por eso, habrá elecciones generales en España.

Tomamos nota. Eso sucederá apenas un mes antes de que se celebren otras elecciones, las autonómicas, municipales y europeas de mayo, cuya campaña electoral se llevará a cabo sin estar constituidas aún las Cámaras, ni tener claro quién será el nuevo presidente del Gobierno, ya que todo estará en el aire y habrá que recurrir, con toda seguridad, a múltiples negociaciones y pactos poselectorales. Mientras se discute quién vive en Moncloa, tendremos en paralelo otra triple campaña electoral, que nos amenizará de nuevo nuestra aburrida vida de mortales votantes. Vamos, que en breves semanas nos espera una auténtica ciclogénesis plebiscitaria.

Para los amantes de los datos, añadir simplemente que el hecho de que estas elecciones se celebren por separado, aunque sea con menos de 30 días de diferencia, nos costarán unos 130 millones de euros. ¿Pero qué es eso para un país rico como el nuestro? Si por el bien del presidente Sánchez hay que votar dos veces en menos de un mes, hágase. Una de las escasas potestades del presidente del Gobierno es elegir la fecha en la que convoca elecciones, y porqué no va a poner primero la suya en solitario, y luego la del resto. Ponerlas todas juntas el mismo día no es costumbre nuestra, no vaya a ser que nos dé un empacho de papeletas.

¿Pero por qué Sánchez decide ahora poner las urnas, con lo acostumbrado que ya estaba a vivir en Moncloa? Su capacidad de resistencia, no sólo adquirida por publicar un libro con ese mismo título, es reconocida dentro y fuera del PSOE, y no creo que se le haya agotado en este mes de febrero, sino que prefiere jugársela al todo o nada en las urnas, antes de que sea demasiado tarde. A Sánchez ya no le quedaban más argumentos para continuar en el poder, una vez tumbados sus Presupuestos. Y eso que legalmente podía haberlo hecho, pero se hubiera evidenciado demasiado su ambición de perpetuarse en la cúspide a cualquier precio y de cualquier forma, algo de lo que siempre le han acusado sus rivales.

Alargar la Legislatura hasta octubre o principios de 2020 era remar a favor de una agonía política, ya que el Ejecutivo, cargando con el no de los independentistas a los Presupuestos, se ha quedado sin apoyos y sin posibilidad de conseguir objetivos de Gobierno. Además, cada día que Sánchez pasa en Moncloa, la oposición le recuerda lo que dijo el día de su nombramiento: que accedía al poder para convocar pronto elecciones. No lo hizo, y ese ha sido uno de sus grandes errores. Si a los dos meses de entrar en el Gobierno, decide poner las urnas el PSOE hubiera rozado la mayoría. Pero como dice el bolero, ahora es tarde y no hay remedio.

Además, su osadía de pensar que él solo, sin apoyo de otros partidos nacionales, podía solucionar el problema secesionista de Cataluña, sin pagar el peaje de negociar un referéndum, es creerse demasiado excelso, y ello tiene sus riesgos y su precio, que los separatistas -en pleno juicio del Procés- te dejen colgado de la brocha, y sin posibilidades de continuar, como realmente ha sucedido.

Lo peor de todo este embrollo es que si Sánchez gana las elecciones, como las encuestas apuntan, y le dejan a menos de dos puntos por encima del PP -salvo en las encuestas irreales de Tezanos-, tendrá que recurrir a los apoyos de las 'amistades peligrosas', además de Podemos deberá volver a la carga con los 'amigos' catalanes de ERC PDeCAT, y volveremos a estar con el mismo cuento de qué me das tú, si yo te doy lo que me pides. Una de las cosas que podría dar Sánchez al mundo independentista para lograr su apoyo sería la promesa de un indulto para los políticos condenados en el juicio del Proces. Un gesto que puede agradar en algunas zonas de Cataluña, pero que le saldría muy caro en el resto del territorio español; aunque eso sí, le garantizaría la estancia de unos años en Moncloa.

Tiempo habrá para analizar qué ha hecho Sánchez en estos ocho meses de Gobierno. El viernes 15 se aprovechó del atril institucional para revender sin pudor alguno sus hazañas políticas, mientras criticaba a la oposición y a los ciudadanos que salieron a protestar los acuerdos chanchullo con los independentistas. Sánchez ha aprovechado bien su estancia en Moncloa para volar muy alto en el avión oficial, y en las estancias del Estado. Ha vivido sólo unos meses en el poder pero se ha movido como si llevara años, cambiando y nombrando en todos los puestos relevantes del Estado a sus amigos y adeptos.

Además de este largo y atronador periodo electoral que nos espera, en el sentido de que tendremos que aguantar día y noche a los políticos vendiéndonos lo maravillosos que ellos son, y lo torpes y malvados que llegan a ser los rivales, se nos avecina también un tiempo especial para el análisis y la reflexión. Y no lo digo sólo por la necesidad de descubrir las mentiras y medias verdades que nos intentarán colar a diario, como si fuéramos los tontos del bote o del voto, sino también para reflexionar de verdad sobre el modelo de sociedad que nos gustaría tener y por el que debemos luchar y apostar.

Pedro Sánchez sólo ha estado unos meses en el gobierno de la nación, pero tenemos suficiente información de cuál es su estilo y de lo qué es capaz de hacer para mantenerse en el poder. A partir de ahora nos toca a nosotros, a los ciudadanos, decidir quién es el mejor político para sacar a España del atolladero en el que estamos. Abran bien los ojos, y cúbranse los bolsillos, a partir de hoy vamos a oír cosas que pasado mañana todos negarán haber dicho. No se fíen de las apariencias, déjense llevar por su instinto. Y cuando voten, no lo hagan con miedo; háganlo con la convicción de que el elegido no es quizá el mejor, pero si es, al menos, el más honesto.

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