Miércoles, 21.11.2018 - 05:49 h
Cuarta jornada del campeonato de Liga

El Madrid se queda a medias, empata en Bilbao y deja al Barça como líder solitario

Iker Muniain adelantó a los rojiblancos en el primer tiempo e Isco, que salió en la segunda parte, igualó el partido con un tanto de cabeza.

Athletic-Real Madrid
El centrocampista del Athletic, Iker Muniain remata a gol para adelantar a su equipo.. / Efe

El Real Madrid se dejó el coliderato en San Mamés después de no pasar del empate contra el Athletic en un partido en el que ninguno de los dos equipos se rindió hasta el último momento pero tampoco fue capaz de romper la igualada. Uno a uno y el Barcelona ya domina en lo alto de la clasificación en solitario. 

En la doble visita al País Vasco de los dos equipos que compartían liderato, el Barcelona en San Sebastián y el Madrid en San Mamés, ambos comenzaron de la misma manera, con un gol en contra del equipo local. La diferencia estuvo en que los azulgrana lograron remontar en el segundo periodo y los blancos se tuvieron que conformar con llevarse un solitario punto.   

Ambiente de gala en el nuevo San Mamés para recibir al equipo de la capital. Y, como no podía ser de otra forma, intensidad del conjunto vasco en todas las esquinas del terreno de juego. Sin embargo, los rojiblancos no terminaban de ver de cerca a Thibaut Courtois, ya asentado en el once titular de Julen Lopetegui. De hecho, pese al aparente dominio de las emociones del Athletic sería el Madrid el primero en gozar de una ocasión de peligro de entidad.

Fue Asensio, todavía en racha desde el partido del pasado martes con la Selección Española, quien controló un balón en el vértice derecho del área rival, se acomodó hacia su pierna buena e hizo lucirse por primera vez en la noche al joven guardameta Unai Simón. Luego, en la segunda parte, y con el marcador otra vez en tablas, los dos volverían a protagonizar la ocasión más clara en el tramo final: mano a mano en el que Asensio encara a Simón y el portero que repele el disparo, esta vez con la derecha, del mallorquín. 

Pero antes de ese momento, el Athletic se había adelantado en una jugada algo confusa en la que Williams remató en semifallo al borde del área pequeña un balón desde la derecha de Susaeta y el balón suelto lo empujaría a la red Iker Munain, el más pequeño entre todas las torres del área. Desde ese momento al final de la primera parte, el conjunto local apretó en intenciones. No tanto en peligro real.

Con la segunda parte, los blancos parecieron despertar de su letargo, con un Toni Kroos algo más enchufado y Ceballos enlazando mejor entre la defensa y el ataque. La mala noticia para el Madrid es que ni Benzemá ni Bale ni Modric terminaban de aparecer. Lo de Marcelo ya es de vacaciones demasiado largas. Lopetegui se dio cuenta enseguida y, como no podía quitar a medio equipo, empezó por el croata, todavía en modo resaca tras el Mundial, para que entrase Isco. Y, en una de sus primeras intervenciones, lograría el empate con un remate de cabeza también desde cerca en una buena jugada que terminó con centro de Bale desde la derecha. 

Fueron entonces momentos en los que pareció que el Madrid lograría culminar la remontada. Varios lanzamientos de falta desde el borde del área fallidos, incluyendo uno en el que Simón la pifiaría y se la dejaría en bandeja para el rechazo a Ramos, que la estrelló en el portero vasco. El trío formado por Kroos, Ceballos e Isco dio aire hasta que, precisamente, el equipo se quedó sin aire. Berizzo también lo vio y fue metiendo cemento en el centro del campo hasta el punto de que el Athletic terminaría el partido metiendo al Madrid en su área con mucho corazón y poco acierto. 

Tan poco, que el partido se acabó con empate a uno. La sensación, como casi siempre sucede en uno de los clásicos más repetidos de la historia del fútbol español, es que hubo más pasión que juego, más intensidad que calidad. Más historia que presente.  

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios