La otra América

El reverso del sueño americano: indios, negros y obreros en los condados pobres

La tribu de los lakota vive con un 53,9% de tasa de pobreza mientras que Detroit es la ciudad más desigual y en Kentucky la industria languidece.

Detroit declara la mayor bancarrota municipal de la historia de EE.UU.
Detroit declara la mayor bancarrota municipal de la historia de EE.UU.

En el condado más pobre de Estados Unidos, nueve de cada diez de sus habitantes son lo que las estadísticas oficiales llaman nativos americanos. La ciudad con peor tasa de pobreza en todo el país (de entre las 300 más grandes) es a la vez la localidad con mayor porcentaje de población negra. Y la concentración de condados con mayoría de raza blanca (por encima del 90%) y un índice más elevado de desigualdad coincide con un antiguo foco industrial y símbolo de la lucha obrera.

Son, por este orden, el Condado Oglala Lakota (Dakota del Sur), donde la tasa de pobreza se dispara al 53,9% (frente a la media nacional del 12,7% y que se mide siempre en función de los ingresos medios por hogar respecto al total); la ciudad de Detroit (Michigan), con un índice del 35,7%; y el Kentucky oriental, en el que en su esquina al sur ningún condado baja del 30% de desigualdad, según las cifras oficiales del US Census Bureau, perteneciente al Departamento de Comercio, en su último informe completo perteneciente al cierre de 2016.

Todos ellos arrastran en el presente cifras que multiplican por cuatro las medias nacionales de riesgo de exclusión, viven una sangría demográfica imparable y las oportunidades de empleo se reducen a los servicios públicos mínimos, tareas administrativas o migajas de un turismo residual... si es que hay. Todos ellos, en algún momento de su historia pasada, fueron protagonistas del sueño americano.

En España, y para adquirir perspectiva, en la reciente revisión de la Encuesta de Condiciones de Vida hecha pública hace un mes por el Instituto Nacional de Estadística se cifró en un 21,8% la tasa de riesgo de pobreza en nuestro país, con un máximo en su reparto por comunidades autónomas del 38,8% registrado en Extremadura y un mínimo del 8,3% en Navarra. Otros organismos, como la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social, elevan este indicador hasta cerca del 29% en el último año en todo el país de promedio.

Reserva de Pine Ridge
Imagen del lugar de la Masacre de Wounded Knee, en la Reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur. / La Información

El condado más pobre

Sin contar a Puerto Rico, donde la diferencia es abismal con respecto al resto de EEUU se mire el índice que se mire, el rincón más pobre del país más rico del mundo se encuentra, precisamente, en las tierras donde reinaron las tribus más poderosas antes de llegar el hombre blanco. “Yo no soy india ni nativa americana. Tampoco soy sioux. Yo soy lakota”. Con el orgullo en los ojos de pertenecer a su raza desde hace incontables generaciones, Jerilyn Elk explica a los escasos turistas que pasan por las inmediaciones de la Masacre de Wounded Knee la realidad de los indígenas que viven en la Reserva de Pine Ridge, en el suroeste de Dakota del Sur.

Pierde a menudo la mirada en la loma situada frente a su tenderete de pulseras y collares hechos por ella misma. Vive de eso y de la caridad, “porque no nos dan ninguna otra oportunidad”. “No hacen más que ponernos iglesias de religiones en las que nos creeremos nunca”, añade. Ella quiere creer, aunque sin mucha convicción, que los lakota resurgirán algún día si el Gobierno federal admite alguna de sus reclamaciones históricas, que pasan por un reconocimiento mínimo y por darles capacidad de acción y desarrollo reales; sin olvidar jamás el punto de partida, que fue recluirles en un valle semi desértico lejos de sus praderas ancestrales. Normal que solo vivan allí menos de mil lakotas puros.

A su tribu pertenecieron Toro Sentado o Caballo Loco, dos de los grandes nombres sagrados de la historia de los nativos americanos. Su tribu, asimismo, sufrió una de las páginas más negras de la Conquista del Oeste, cuando medio millar de soldados acribillaron en 1890 con ametralladoras y fusiles a 146 indios desarmados, incluyendo a decenas de mujeres y niños (y sin sumar a unos 40 soldados, muchos de ellos muertos por sus propios compañeros en el tiroteo indiscriminado como demostraron las balas encontradas en sus espaldas). Esa matanza es lo que recuerda un pequeño cementerio en una colina a la que mira Jerilyn y a la que se accede después de cruzar una carretera donde varias pintadas recuerdan al hombre blanco que no es bienvenido. 

Los Sioux ganan la batalla y frenan la construcción de un oleoducto en su territorio del Dakota del Norte
Los Sioux ganan la batalla y frenan la construcción de un oleoducto en su territorio del Dakota del Norte / AFP

Dakota del Sur, donde se encuentra el condado Oglala Lakota, no es un Estado pobre, en general; no está ni entre los 20 menos afortunados. Mississippi y Nuevo Mexico (junto a Puerto Rico como destacado primero) se suben a ese podio. Pero Dakota del Sur sí acumula media docena de los condados menos favorecidos de todo el territorio nacional. Sin excepción, la raza mayoritaria en ellos es la india cuando en el conjunto de la nación no alcanzan ni el 1% total, según las estimaciones del National Congress of American Indians.

Es bastante común que en las zonas donde se localizan las reservas, da igual en qué parte del país, la tasa de pobreza no baje del 50%, la escolarización no llegue ni a la mitad de la media nacional, la tasa de suicidios entre los jóvenes sea la más elevada de cualquier raza o la incidencia del alcoholismo como causa de muerte multiplique por seis el promedio americano. También hay tres veces más muertos por accidente de tráfico. Y no, matiza la asociación nacional, no hay apenas diferencias de desarrollo entre las reservas con privilegios para instalar casinos y las que no los tienen.

Detroit
Imagen de una casa abandonada en el centro de Detroit, con las grandes sedes de la industria del motor detrás. / Efe

La ciudad tapiada

En las (pocas) tiendas para turistas de Detroit se empeñan en vender camisetas y pegatinas con el lema “Di cosas agradables de Detroit”. Desde luego, si solo se miran las estadísticas oficiales, se antoja complicado, pese al empeño de la ciudad en revertir su mala imagen: su 'downtown' es moderno y limpio, los jóvenes trabajadores toman un café en sofás de diseño al pie de los rascacielos de oficinas como si estuvieran en Seattle o San Francisco y las sedes históricas de Ford o General Motors brillan bajo el sol de julio. Sin embargo, en cuanto se sobrepasan los solares de los grandes recintos deportivos al pie de interestatal, es la ciudad fantasma, repleta de edificios abandonados, tapiados y en ruinas, que tantos medios han elevado a emblema de la decadencia americana, de una industria moribunda y de una gloria perdida en el cambio de siglos. Cuando hace unos años fue noticia por ser la primera ciudad en declararse en bancarrota, nadie se sorprendió. Es Detroit.

Según los censos oficiales, en la ciudad viven algo más de 600.000 personas. De ellas, el 35,7% es pobre, con mucha diferencia la tasa más alta de entre las 300 ciudades más pobladas del país y tres veces la media nacional. Y de esos 600.000 habitantes, más del 80% son de raza negra. En el mejor momento de Detroit, en la década de los 50, vivían en la ciudad más del triple de personas, casi dos millones, y los que superaban el 80% de representación eran los blancos.

Monolito que recuerda a los obreros del carbón muertos en el Condado de Harlan (Kentucky)
Monolito que recuerda a los obreros del carbón muertos en el Condado de Harlan (Kentucky). / La Información

El estigma obrero

Sin embargo, ser blanco tampoco te da la riqueza en Estados Unidos. Sobre todo si vives en las áreas industriales que, como Detroit, disfrutaron de las mejores páginas económicas de la historia americana del siglo XX. Ohio y Pensilvania forjaron su expansión en torno al acero y en Kentucky se alcanzaron en los años previos a la Gran Depresión de los años 30 las mayores cotas de extracción de carbón. En su zona más oriental, se haría famoso el Condado de Harlan (tanto, que la música country la ha consagrado no pocas veces), tras una serie de huelgas salvajes que acabarían en tiroteos y muertes entre trabajadores y representantes de las empresas.

Hoy día, y pese a que todavía se calcula que queda por extraer el 90% del carbón que atesoran las montañas de la zona y Kentucky es el tercer productor de carbón de Estados Unidos, Harlan y sus condados vecinos no logran bajar del 30% en la tasa de pobreza porque la industria no es prioritaria, tal y como reflejan los mapas elaborados por Data USA a partir de las cifras oficiales. Las máquinas hacen un trabajo que, según rememora un monolito en el centro de la capital, ha matado a más de mil obreros entre 1912 y 2006, según la lista de nombres y apellidos tallados sobre mármol negro. “Aquí no vienen turistas”, se queja Leslie, de la oficina de información, ni siquiera a rebufo de una reciente serie televisiva ambientada en la zona de la que cuelga alguna imagen amarillenta tras el mostrador.

Las únicas opciones de trabajo en la comarca son lograr un turno de noche en una gasolinera o hacerte con un puesto público. No llegan ni a 800 (de casi 30.000 habitantes actuales) quienes viven del carbón cuando hace cien años eran casi diez veces más. El ingreso medio por hogar en el condado es de 25.350 dólares, frente a los más de 59.000 de media en Estados Unidos (y los algo más de 30.000 de España si se mide en dólares también). La media de blancos en todo el territorio supera ampliamente el 90%.

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