La nómina de los empleados públicos 

Los 'extras' disparan más de un 35% la diferencia salarial entre los ministerios

Un funcionario de Empleo de igual categoría y grupo que otro de Hacienda cobra 15.000 euros menos por el complemento específico.

Los ministros de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, y Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro.
Los ministros de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, y Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro.

Funcionarios de un mismo nivel y escala y que desarrollan tareas comparables pueden cobrar entre un 35 y un 50% menos en concepto de complementos dependiendo de la Administración a la que pertenecen. Los sindicatos de funcionarios ya habían denunciado la enorme brecha salarial existente entre empleados públicos estatales y autonómicos que desarrollan una misma tarea. Sin embargo, estas diferencias se observan también al analizar las nóminas en unos ministerios y otros.

Fuentes consultadas aseguran que la mayor brecha se da entre Hacienda y sus organismos asociados, que son los que más perciben, y Empleo y Seguridad Social y los suyos, que recibirían los complementos más bajos. Sólo varios ejemplos pueden dar una idea de ello: un Inspector de Hacienda y otro de Trabajo y Seguridad Social, ambos de nivel 28 y pertenecientes al grupo A1 cobran un sueldo base de 26.860 euros brutos al año. Sin embargo, el primero percibe un complemento específico de 30.993 euros y el segundo de 15.881 euros, es decir, la mitad.

En el caso de dos jefes de Servicio, ambos de nivel 26 y adscritos a los grupos A1 y A2, el que trabaja para Hacienda percibiría un complemento de 11.167 euros anuales y el de Empleo, de 10.686. Si vamos a puestos como el de Consejero técnico (también de nivel 28, que es el más numeroso en la Administración), la brecha es de 2.000 euros; mientras que en el caso de un Director de Programa, la diferencia entre uno y otro supera los 4.000 euros, siempre en favor del que pertenece al Ministerio de Hacienda y Función Pública.

La nómina de los empleados públicos se compone de varios conceptos. El primero, que es el sueldo base, depende de su formación, es decir, de la titulación que se exige para desempeñar cada puesto, y lo fija el Estatuto Básico del Empleado Público. En concreto existen seis grupos que irían desde la titulación universitaria que se pide para el A1 y el A2 (que se diferencian entre sí porque el primero implica un mayor nivel de responsabilidad), al título de técnico superior que se exige en el B, o el Bachiller que es necesario para acceder al C1.  

A este sueldo base se suman varios tipos de complementos: tanto el de destino, que depende del nivel del puesto de trabajo que se desempeña (hay hasta 30 niveles), como el específico (que varía según la dificultad, turnos o incompatibilidades), los regulan también las comunidades autónomas. Ahí es donde funcionarios consultados por La Información aseguran que las diferencias son muy significativas. Un informe elaborado por el sindicato USO durante la crisis hablaba de que la brecha podía llegar incluso al 70%. A estos se suman un complemento por antigüedad y, por último, el más desconocido de todos, el de productividad

La productividad, un complemento 'fantasma'

De todos los complementos que se incluyen en la nómina de los funcionarios el más opaco es el de productividad. Es un suplemento discrecional, que asigna el titular del departamento y es distinto para cada Administración. Al mismo tiempo, se trata de un concepto al que sólo pueden acceder los secretarios de Estado, Directores Generales, los puestos equivalentes, y los funcionarios y cargos de libre designación.

Los sindicatos de funcionarios han venido reclamando que cada Administración haga públicos los criterios que emplea para repartir este complemento, puesto que en muchas ocasiones se trata de baremos que no son conocidos por el conjunto de empleados públicos que pertenecen a dicha Administración.

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