El peor momento de la historia

Lo que nadie quiere contar de los 40 años de la Constitución: el desastre económico

Quiebras de empresas, huelgas, inflación, destrucción industrial… La que sufrió España fue una crisis peor que la última de 2008.

40 años de la Constitución
Lo que nadie cuenta de los 40 años de la Constitución: el desastre económico. / EFE

Invitado por la organización Rafael del Pino para hablar de la Transición, en 2009 Miguel Boyer soltó datos que sobresaltaron a la audiencia. "La crisis económica de la Transición duró diez años y fue mucho peor que esta", dijo.

El ex ministro de economía socialista entre 1982 y 1985 se refería a que España entró en barrena en 1975, y que así siguió hasta 1985. El hito político más importante de esa década fue la aprobación de la Constitución. Pero a pesar de que desde el artículo 35 al 42 de la Carta Magna se consagran los derechos económicos de los españoles, la Transición no pudo garantizarlos.

Por ejemplo, el año en que murió Franco, el desempleo era de 3,5%, según datos del INE. Diez años después había subido al 21%. "¿Saben lo que es 11 años de caída continuada del empleo?", dijo Boyer en aquel encuentro. Algunas fábricas míticas como las de motocicletas Montesa, Bultaco y Torrot desaparecieron. Seat fue vendida a Volkswagen en 1985 porque iba por el mismo camino. Los camiones Pegaso duraron un poco más, pero en 1990 fueron vendidos a Iveco, la empresa italiana.

La siderurgia y las viejas industrias sufrieron despidos en masa, asediadas por la competencia coreana. Por ejemplo, en la primera mitad de los años 70 España consumía 12 millones de toneladas de acero al año. En 1984 no llegaba a 8 toneladas. Por primera vez en la historia, Ensidesa y Altos Hornos de Vizcaya empezaron a recibir subvenciones del Estado. Hasta entonces eran rentables. Lo mismo pasó con la industria del carbón.

La industria naval se fue a pique. A principios de los años 70, España fabricaba superpetroleros. Era la tercera potencia constructora naval del mundo, según el Instituto de la Ingeniería de España, pues España entregaba una media de un millón de TRB (toneladas de registro bruto). Aquello se redujo a 400.000 toneladas en 1984, y ahora a 300.000 toneladas.

La mayor inflación en la historia moderna de España se alcanzó en 1977, con casi un 30%. Los trabajadores emprendieron huelgas exigiendo aumentos salariales, lo cual a su vez, empujaba la inflación aún más. El vicepresidente y ministro de economía –Enrique Fuentes Quintana–, tuvo que salir en televisión a explicar a los españoles que el petróleo se había encarecido mucho y que había que contener los gastos para evitar el caos. Los partidos políticos, conscientes del desastre que se avecinaba y que podía cargarse la Transición, pactaron controlar sus exigencias de modo que, gracias a los Pactos de la Moncloa, los aumentos salariales no sobrepasarían el 25%, una cifra aún hoy increíble.

Presionados por la inflación, los tipos de interés de los bancos, que años antes de la Transición no habían superado el 5%, aumentaron hasta el 17% en 1980. Se mantuvieron subiendo y bajando hasta que a finales de los años 90, se redujeron a menos del 2%.

Desde el punto de vista histórico, la Transición detuvo el chorro de depósitos de los españoles en los bancos, que había estado creciendo en las últimas décadas, según el informe Estadísticas Históricas del BBVA. El producto interior bruto se estancó y en algunos años cayó. La Transición supuso un cambio político que puso a España a la misma altura de otros países europeos. Pero desde el punto de vista económico, como dijo Boyer, fue un caos.

Parte de eso se cocinó antes de la Transición, pues la inversión y las exportaciones habían caído como resultado de la primera crisis del petróleo en 1973. Esta crisis contenida estalló a partir de 1975. Al consagrar el derecho a la huelga, la Constitución de 1978 sin quererlo ayudó a la inestabilidad económica pues los sindicatos promovieron multitud de huelgas (ahora legales) para pedir aumentos del sueldo de los trabajadores. A eso se unió la segunda crisis del petróleo de 1979, que disparó los precios del crudo de 12 a 40 dólares por barril.

Muchos empresarios cerraron sus empresas. Los que tenían ahorros, los pusieron en bancos suizos. Otros quebraron, sencillamente.Varios bancos suspendieron pagos. Banca Catalana, gestionado por los Pujol, fue intervenida por el Estado y vendida a otros bancos. Muchas cooperativas de viviendas se quedaron sin fondos y dejaron a miles de cooperativistas sin sus pisos.

Rumasa, uno de los conglomerados industriales y financieros más grandes de España, fue intervenido, troceado y vendido. El ejecutor fue Miguel Boyer que detectó extrañas prácticas y un agujero patrimonial de dimensiones colosales.La formación bruta de capital (inversión empresarial) que equivalió al 30% del PIB antes de 1975, no cesó de caer durante diez años. El desequilibrio de la balanza de pagos y la crisis impidió a España financiarse, con lo que dependía de los capitales exteriores. No salió de esa situación hasta 1984.

Aparte de estos detalles, empresarios, ingenieros y ejecutivos de empresas fueron secuestrados por ETA y por el Grapo como Emiliano Revilla en 1988, o asesinados a sangre fría como el empresario catalán José María Bultó, asesinado por el Exercit Popular Catalá en 1977 con una bomba adosada al pecho. El ingeniero de la central nuclear de Lemóniz José María Ryan fue asesinado en 1978, así como dos trabajadores de la central nuclear de Lemóniz.

40 años de Constitución
Manifestación en Madrid del 1º de mayo de 1978. / nodo50.org 

Recuperarse de esa crisis llevaría muchos años. Esa recuperación comenzó cuando España entró en el Mercado Común, porque se vio favorecida por los fondos de cohesión y los fondos estructurales, de los que llovieron cantidades inimaginables de dinero. Pero los asesinatos siguieron sucediendo: según un informe del Diario de Navarra, 40 empresarios fueron asesinados por ETA y Grapo, y 50 fueron secuestrados.

El catedrático de Historia Económica de la Universidad Carlos III, Leandro Prados de la Escosura, califica esos años como un “impasse” desde el punto de vista económico. En realidad, cuando se miran las cifras, la palabra “impasse” se queda corta: fue un desastre.

Lo que sorprende un poco es que los informativos y los periódicos hayan dedicado estos días a mostrar a la sociedad una imagen rosa del 40 aniversario de la Constitución. La gente joven que no vivió aquellos años habrá visto una historia llena de consenso y libertad. Pero desde el punto de vista económico los años que precedieron y siguieron a la aprobación de la Constitución pueden considerarse de los peores de la historia reciente.

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