Lunes, 10.12.2018 - 18:58 h
Reivindica el trato al accionista 

FG, en su casi adiós: BBVA "ha estado por encima de todo gran banco de este país"

El banquero dice que el grupo ha ofrecido la mayor rentabilidad para el inversor en sus 20 años en la presidencia y sin ampliar capital en la crisis

Francisco González, presidente del BBVA
Francisco González, presidente del BBVA / EFE

Francisco González abordó ayer la junta de BBVA como otra más, sin gestos o discurso que sonase a cierre de etapa pese a que debería ser la penúltima rendición de cuentas al inversor antes de jubilarse.Sin embargo, aprovechó el reproche de un accionista sobre el parco dividendo para hacer balance con el parámetro más crítico: reivindicó que BBVA ha sido el que mejor trato ha dispensado a sus propietarios en las dos décadas que dirige el timón -cogió las riendas en 2000 cuando la Argentaria que presidía desde 1996 se fusionó con BBV-. “Está por encima de cualquier gran banco de este país”, espetó con palabras que destilaban cierto enojo por una recriminación que tildó de irreal.

La queja del accionista, uno de la docena escasa que hizo uso del derecho a intervenir, fue directa a su gestión al reprobar el peor comportamiento en bolsa y rentabilidad en la entrega del cupón. Y la respuesta, que pareció saltar como un resorte cuando se hurga en herida, fue que no vale comparar sin mirar la foto completa porque, a veces, se prima la “rentabilidad poniendo el banco al borde del colapso” y cuando eso ocurre toca “llamar a los accionista” para que aporten recursos.

En su defensa explicó que la banca se las ha tenido que ingeniar para levantar 200.000 millones de euros en capital durante la crisis con operaciones como las ampliaciones, que diluyen al accionista. “Este banco la ha superado sin apelar a los accionistas para cubrir agujeros, con una rentabilidad ajustada al riesgo (...) Y el valor tangible más los dividendos en cash que se han repartido en esos 20 años que menciona, está por encima de los 'peer' primeros y por encima de cualquier gran banco de este país”.

Ningún nombre en su boca aunque sonó a rejón al Santander. Ana Botín se casi estrenó al frente de grupo cántabro con una mega ampliación de 7.500 millones de euros en 2015 para recomponer un capital que el mercado tachaba de insuficiente ante el empeño  -antes de su llegada a la presidencia- de mantener el dividendo pese a las dentelladas que la doble recesión propinaba en resultados.

El accionista se quejó de que el cupón cae de 37,1 a 37 céntimos por acción entre 2016 y 2017. El menor pago ocurre contra unas cuentas donde las minusvalías en Telefónica redujeron del 19,7 al 1,3% el aumento del beneficio -la caída a bolsa de la operadora le obligó a provisionar 1.123 millones de euros-. González excusó que además afecta el menor uso del ‘scrip dividend’, fórmula que se impuso en la banca con la crisis para seducir a un inversor ya reticente a meter su dinero en un sector con rentabilidades decrecientes, y que dejará de utilizar este mismo año pasando a pagar todo el dividendo en efectivo.

“En rentabilidad está a la cabeza. Hay rentabilidad y de todos los parámetros teniendo en cuenta esos 2000.000 millones de capital que muchos bancos han tenido que poner para evitar problemas mayores”, se despachó antes de abordar el segundo gran tema espinoso expuesto por otro accionista: la creciente inversión en Turquía en medio de la también viva inestabilidad geopolítica. Para controlar Garanti ha destinado alrededor de 6.000 millones teniendo que reconocer contra solvencia minusvalías por unos 2.000 millones al deprimirse el valor de la inversión a raíz de episodios como el fallido golpe de Estado y posteriores represalias.

La polémica apuesta turca

La apuesta turca siempre se interpreta en clave personal por la insistente reivindicación de González del potencial en un mercado en desarrollo y con prometedoras tasas de crecimiento y baja bancarización, y ayer exhibió las cuentas como aval del acierto. Con el 50% de participación en Garanti “nos ha dado 806 millones de euros en resultados. Dígame usted a mí cuántas inversiones de 5.000 millones dan 806 millones de beneficio atribuido. Está claro que hay un factor de riesgo, pero diga usted toda la verdad”, desafió.

Su interés expositor fue por derroteros muy distintos a los planteados por los accionistas. Fiel a sus siempre comprometidos mensajes políticos reprochó de forma indirecta la parálisis política y legislativa por la crisis en Cataluña. “Nuestro país lleva mucho tiempo ocupado en problemas de ámbito local. Estamos posponiendo las cuestiones claves para nuestro futuro. Necesitamos un consenso amplio para promover una ambiciosa agenda de reformas”, hilvanó, en un discurso muy parecido a la reprimenda ya vertida al Ejecutivo por este asunto en la presentación de resultados el pasado mes de enero.

En aquella oportunidad su discurso sí destiló cierto mensaje de retirada, al apuntar a su consejero delegado, Carlos Torres, como candidato potencial a sucederle, arremeter con una dureza superior a la acostumbrada contra la corrupción o recordar su momento más duro ante el intento de Sacyr por controlar el banco y desalojarle en el año 2005. Ayer el banquero habló de 2018 en clave optimista por la recuperación económica y, tras un somero repaso de las cuentas del pasado ejercicio, se zambulló por completo en lo que es su obsesión desde hace más de una década: el encaje y desafío de la banca con los imparables avances tecnológicos.

González urgió el desarrollo de una “nueva arquitectura legal 2.0” que llegue a “todos los ciudadanos” y fije normas claras para los nuevos jugadores que están irrumpiendo en los servicios financieros sin sujetarse a reglas, abriendo un “peligroso” campo donde podría ponerse en riesgo la protección de los consumidores, entrar a tropel nuevas formas de fraude o incluso noquear la estabilidad financiera. Instó que se coja el guante en el seno de organismos como el FMI o el G-20 porque el desafío no entiende de fronteras.

Está convencido de que se acelerará una concentración bancaria para encarar esta nueva competencia, donde descartó compras de bancos físicos con el argumento de que ya no crean valor. “Nosotros difícilmente compraremos bancos físicos, como hemos demostrado", indicó de forma improvisada al pronunciar su discurso justificando así no haber pujado por el Popular, dejando el camino libre al Santander; y con la que refuta la rumoreada fusión con Bankia.

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