Sábado, 23.06.2018 - 13:51 h
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El adiós definitivo a las firmas: no garantizan la identidad de nadie

Una firma manuscrita es simplemente una evidencia débil de que alguien accedió a hacer algo: cualquiera puede falsificarla.

La firma sigue teniendo validez legal en los contratos pero sus días están contados / Pixabay
La firma sigue teniendo validez legal en los contratos pero sus días han acabado / Pixabay

¿Recuerda la última vez que firmó el recibo de una tarjeta de crédito? El uso del código PIN está dejando obsoleto uno de los métodos más antiguos para confirmar la identidad de una persona. Un método que todos sabemos que no es de fiar y que se utiliza constantemente de forma fraudulenta, como ha ocurrido en el reciente caso del máster de Cristina Cifuentes.

Este mes las cuatro grandes operadoras de tarjetas de crédito de Estados Unidos –American Express, Discover, Mastercard y Visa– dejarán de solicitar la firma para hacer las transacciones, una práctica que hasta la fecha seguía siendo obligatoria en este país. Ahora cada punto de venta decidirá si quiere o no seguir acumulando firmas y es de esperar que en solo unos años, como ya ocurre en gran parte de Europa, el hecho de firmar un recibo sea un recuerdo más de la era pretecnológica.

Como explica Stacy Cowley en The New York Times, la firma es ya un anacronismo y solo se utilizará de modo casi simbólico para cerrar ciertos tratos importantes, como puede ser la compra de una casa o un matrimonio. E, incluso en estos casos, la validez real viene dada porque el acto se realiza en presencia de un notario. Hoy, aunque se siguen utilizando, por ejemplo, para certificar la recepción de paquetes, su utilidad para verificar nada tiende a cero –máxime cuando estamos firmando en un teléfono con el dedo–.

Las compañías de tarjetas, que cubren los gastos realizados con estas de forma fraudulenta, comenzaron a agregar microchips hace más de una década para reducir sus pérdidas. Los chips crean códigos únicos para cada transacción, lo que hace que las tarjetas sean mucho más difíciles de copiar.

Desde su aparición, las tarjetas con chip han sido muy populares en Europa y Asia (donde hace ya más de un lustro que no se ven tarjetas sin estos), pero solo despegaron en Estados Unidos hace tres años, al desaparecer progresivamente la antigua tecnología de deslizamiento de tarjetas. Desde la existencia del chip las firmas se volvieron en gran medida irrelevantes para resolver las reclamaciones por fraude. Y es de esperar que su uso vaya despareciendo progresivamente en los escasos supuestos en los que aún se utiliza, no solo en lo que respecta a las tarjetas.

El código PIN es mucho más seguro que la firma / Pixabay
El código PIN es mucho más seguro que la firma / Pixabay

Un método de autenticación condenado a la extinción

Las firmas se utilizan casi desde el origen de la escritura para atribuir autoría a los textos, pero también para darles validez legal y asociarlos a una identidad concreta. En los documentos legales la firma garantiza el consentimiento del firmante y su falsificación es un delito en la mayoría de los códigos penales del mundo.

El problema es que, aunque existan peritos caligráficos que puedan certificar que una firma es o no real, es muy sencillo hacer pasar una firma como auténtica si no se conoce exactamente la rúbrica original, y ni siquiera la gente firma siempre de la misma forma. Las actuales firmas electrónicas, así como las autenticaciones biométricas, son mucho más seguras.

Como explicaba en BBC Mundo Jon Geater, director de tecnología de la compañía Thales de seguridad digital “una firma manuscrita es simplemente una evidencia débil de que alguien accedió a hacer algo. No es exactamente única o especial, ni prueba que una persona estaba realmente presente o dio consentimiento”.

El auge del comercio online ha hecho que las tecnologías de autenticación progresen enormemente en los últimos años y, además, toda nuestra correspondencia queda registrada. Por supuesto puede haber suplantaciones de identidad en internet –el famoso phishing–, pero la firma ya no juega ningún papel en este tipo de fraudes.

Además, dado que cada vez se le concede menos importancia, en los escaso casos en que se utiliza nadie comprueba siquiera que se corresponda con el nombre del firmante. Mark Malkoff, un cómico de Nueva York, y su amigo Greg Benson publicaron un video de YouTube en el que se paseaban por una docena de tiendas de Los Ángeles, comprando con sus tarjetas y firmando nombres obviamente falsos en todos sus recibos: Justin Bieber, Jessica Alba, Vin Diesel, Oprah…. En una factura, incluso, firmaron como “Mr. Fake Name” (“Mr. Nombre Falso). Nadie les rechazo sus compras. Pronto nos olvidaremos siquiera de que un día tuvimos una firma.

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